
«Demos gracias por haber llegado un año más a tomar las uvas de la suerte y digamos feliz año nuevo dos mil veinticinco»
Hoy es la noche de fin de año de dos mil veinticuatro. Se avecina un dos mil veinticinco que deseo y espero sea bueno y traiga felicidad a todos. Aunque por los derroteros por los que va el mundo, me surgen muchas dudas y temores. Desde luego puedo, ya mismo, estar seguro de que no será ni malo, ni bueno, no será ni lo uno, ni lo otro, y por supuesto dependerá de quienes sean los sujetos que estén en la nueva historia que comienza.
Los recorridos a lo largo del calendario, sea cual sea el año de que se trate, son siempre los mismos para los seres humanos, como seres vivos. Unos nacerán, otros vivirán y por desgracia otros morirán. Lo único que hace diferente cada uno de los años, son las variaciones particulares en las vidas y vivencias de cada cuál, y de cada grupo. La forma de vivir emocionalmente las alegrías y penas, que pueden variar a lo largo de la vida, serán los elementos que nos hagan desear seguir adelante o darnos por vencidos.
Cuando yo tenía unos diez años, deseaba poder llegar al siglo veintiuno. Afortunadamente aquí estoy en su segunda decena y solo faltan cinco más para llegar a la treintena. Pensaba que alrededor de esta época podría llegar a ver la primera nave espacial que se posara en el planeta Marte y con un poco de suerte, y gracias a Elon Musk, podría llegar a ver cumplido ese deseo. Pero, por esto mismo, por los deseos, por los anhelos que aún estaban lejos, permitía que mi vida me impulsara hacia delante. No desconfiaba, esperaba que todo aquello fuera una realidad, algo más que un sueño.
Hasta ahora nunca había sido consciente de la fragilidad de los seres humanos, todos parecían eternos. Por lo menos lo eran en mi pensamiento, los amigos, familiares y conocidos, incluso los seres humanos más alejados de nosotros. Imaginaba chinos, de china, comiendo su arroz con palillos, en restaurantes en que sonaban tonadillas chinas, para más retintín. Pero no, de repente llega un momento en la vida de cada cuál en el que empiezan a marcharse las tonadillas chinas, el calor de otros familiares y amigos con sus cantos, voces y villancicos, para no volver nunca más. Ya lo dice la propia canción Navideña “La noche buena se viene, la noche buena se va y nosotros nos iremos y no volveremos más”. Pero mientras tanto “resuenen con alegría los canticos de mi tierra y viva el niño de Dios que nació en la noche buena”.
La única manera de que los amigos y familiares sigan aquí con nosotros es recordarlos. Revivir con los villancicos y campanadas de las uvas los momentos felices que pasamos junto a ellos a lo largo de nuestra vida. Hoy es un día con el que terminará el año actual, y a veces se tiene el tiempo y las ganas de recordar a todos los ausentes. Es una forma egoísta, como otra cualquiera, de que su presencia imaginada nos traiga recuerdos de otras épocas felices que tuvimos la suerte de vivir.
Recuerdo comenzar los años nuevos de mi vida deseando intensamente hacer realidad algún propósito concreto, lograr alguna meta. Jamás entendí que, si estaban allí los otros amigos y familiares, ya se habían cumplido de sobra las metas y los deseos del año anterior. Hoy día quizás resulta más difícil dar abrazos y besos a los que despiden el año contigo, recuerdas cuantos de los que te los dieron, hace tiempo que ya no están.
Lo malo de ésta historia personal es que nunca, nos hace recobrar a aquellos que en su día abrazamos y solo están en nuestra mente ahora. Quizás hoy seamos nosotros los clavos al rojo vivo al que puedan agarrarse los otros para saltar de un año a otro, con ímpetu y deseo de vivir. Saben que nos perderán, pero para eso estamos, para pasarles el testigo de lo que un día intentamos llegar a ser. A veces hasta lo conseguimos, sí, y otras veces no. Perdonémonos, somos seres humanos. Demos gracias por haber llegado un año más a tomar las uvas de la suerte y digamos feliz año nuevo dos mil veinticinco. Es por todo esto por lo que me he dejado arrastrar para decirles que hoy es la noche del fin del año dos mil veinticuatro. Se avecina un dos mil veinticinco que deseo y espero sea bueno y traiga felicidad a todos los que corréis sin miedo hacia el futuro dos mil veinticinco con las doce uvas en la mano.

