
«Mis impresiones para el año que acaba de comenzar dos mil veinticinco, son tan halagüeñas como un día sin pan»
Mis impresiones para el año que acaba de comenzar dos mil veinticinco, son tan halagüeñas como un día sin pan. Y no voy del todo desencaminado, porque lo más seguro y dada la carestía de los alimentos podría llegar a ser el año sin casi pan, ni carne, ni pescado, ni fruta que mejor no comentar al precio que está. Por lo demás todo va bien, los españoles, bien perfumados todos ellos por las colonias y perfumes que les han dejado los Reyes Magos, olerán a gloria bendita.
Parece que en los días anteriores al seis de Enero se gastan las empresas de perfumería más dinero en publicidad que el resto del año. ¿Será que olemos mal? Si esto no es así, me temo que es que nos lanzan una indirecta, “perfúmate que apestas”. O por lo menos pueden llegar a creer que olemos porque estamos muertos… de asco, por el presidente que tenemos en el gobierno. Yo por mi parte juro y perjuro que me ducho todos los días y hasta me perfumo con colonias y esencias que me han ido regalando a lo largo de los últimos años, puesto que solo me las pongo para rematar un buen lavado. Menos mal que a mí, casi todos los años aparte todo esto, me suelen dejar un par de libros.
Este año he sido agraciado con dos, uno de Yuval Noah Harari, otro de Desmond Morris y también con una monografía sobre la luna del Muy Interesante. Este regalo me ha servido para recordar que con catorce años, me quedé hasta las seis de la mañana con mi padre, para ver la llegada a la luna la madrugada del diecinueve al veinte de julio de mil novecientos sesenta y nueve. Los astronautas Neil Armstrong, Buzz Aldrin, el pobre de Collins, tuvo que quedarse orbitando en la nave de regreso, porque alguien debía hacerlo, conquistaron la Luna por primera vez. Parece mentira pero aquel evento fue transmitido por mundo visión y todos los seres humanos, o casi todos los del mundo desarrollado, estuvieron atentos a aquel hecho. Menos mal que a ninguno de ellos se les ocurrió quedarse de ocupas lunares, hubiera sido un contratiempo inasumible, casi como lo es en la actualidad la cara dura de los muchos humanos, no tan inteligentes como ellos, que ocupan inmuebles y dicen estar a la Luna de Valencia. Dirán que es que son inmuebles de ricos asquerosos que han ganado el dinero sobre la sangre, el sudor y las lágrimas de los demás. Nada más lejos de la realidad, porque la mayoría de esos pisos los ha ido adquiriendo el personal con esfuerzo y a base de letras, precisamente para poder un día vivir de las pocas rentas que les de su pisito. Pero como este es el país de los envidiosos, sobre todo si son vagos redomados, que muchos lo son, pues eso.
Según veo noticias en el telediario u otros informativos, muy poco va a cambiar en el país este año. Seguirá habiendo en él, personas que odian casi de manera profesional, maledicentes de lengua suelta, macarras con o sin transistor, ladrones variados, asesinos de pocos lujos, muchos venidos de otros mundos en que la vida es diferente y, parece mentira, aquí les seguimos aceptando.
España no necesita conmemoraciones de la muerte de Franco no, lo que necesita es que se quite de en medio un personaje como Sánchez, que aparte las cualidades que todos sabemos que tiene, debería dejar de darnos la lata, por no poner lo de la Loles, e irse a recoger coles a Bruselas o a cualquier otro lugar en donde será bien recibido como Zapatero por personajes como Maduro.
Y es por todo esto, aparte un millón de asuntos más que no da el papel para enumerar, por lo que mis impresiones para el año que acaba de comenzar dos mil veinticinco, son tan halagüeñas como un día sin pan. Y no voy del todo desencaminado, porque lo más seguro y dada la carestía de los alimentos podría llegar a ser el año sin casi pan, ni carne, ni pescado, ni fruta que mejor no comentar al precio que está. Eso lo verán cuando paguemos tasas e impuestos, pero nada, arrieritos somos.

