
«La Libertad llegará, al cabo a Venezuela, quiera el tirano o no lo quiera, y de nuevo alcanzará a nuestro nobilísimo país hermano»
(a)
Pedro El Mendaz quiere darnos lecciones de democracia
cuando ni siquiera apoya al señor Edmundo González;
ni se le pudo oír, todavía, ni la más mínima alabanza
respecto de la tenaz María Corina, sublime heroína
que sólo hinca la rodilla ante los más nobles ideales.

(b)
El cobardón ‘Pajarito’ Maduro -más bien ‘Pajarraco’-,
-tiranuelo del que con razón se aseveraría el cerebro
del mismísimo Frankenstein habría heredado-,
a diestra y a siniestra sus zafios insultos va soltando
se diría que al estrepitoso compás de sus propios cuescos,

(c)
indicio inequívoco de que no es sino un puto cagado:
Nada que ver su talante cochambroso, pérfido y vil
con el de un pueblo cuyos derechos él a diario pisotea;
y antes prefiriera, el tiparraco, la más fiera guerra civil,
que ver su poder ominoso y tiránico echado por tierra:
(d)
por cada uno que de entre ‘los suyos’ acaso muera,
con inicua fruición enemigos ha de ver morir a mil.
Es lo que tienen las ratas d cloaca… que presumen de panteras.
Pero La Libertad, al cabo, quiera el tirano o no lo quiera,
de nuevo alcanzará a nuestro nobilísimo país hermano,

(e)
mal que la podredumbre del dictador todavía hieda.
Y no voy a dudar de que sean muchos lo que mueran,
pero quien sobrevive apenas, o malvive sin libertad,
sin esperanza siquiera de todos los días probar bocado,
siente, a cada rato, que lleva ya mucho tiempo enterrado.
(f)
Y tal extremo, por desgracia, ya nadie ignora en Venezuela,
y a su postrera esperanza un día más aún se aferran:
abrazar La Libertad luego de acabar con El Gran Tirano.
Y en lo que a mí me atañe, sólo sé que España entera
hoy está más que nunca, si cabe, con sus hermanos.
(g)
Que le rece a Dios, en cualquier caso,
todo aquel que en El Buen Dios todavía crea;
que bien sé que no resulta nada fácil en Él creer
cuando, en este mundo, permite ‘vencer’
demasiado a menudo a los putos tiranos.
(h)
No espere Dios, sin embargo,
que, a causa de ello, pierda yo mi fe:
desde Su ‘inamovible eternidad’
no hay instante en que no actúe Él.
Y yo no soy más que un pobre ser mundano
al que le duele en demasía el ser humano:
por lo que es ahora; por lo que será; por lo q siempre fue

(i)
Y si mi último divino azar viene a por mí tal vez,
por Venezuela y por esa Libertad que ganada tiene tanto,
habrá de hallarme, El Buen Dios, hoy aquí rezando:
a atender incluso a Sus silencios ya me acostumbré.
¿Qué qué hará Pedro El Mendaz entretanto?
Por mí, Que LE PARTA UN RAYO. ¡AMÉN!

