
«¡Tú eres tonto chaval y en tu casa no lo saben! Lo han votado, 80 millones de americanos y ha arrasado al partido republicano»
Amanecía el día muy fresco en Washington y el presentador del telediario mañanero de Antena 3 Manu Sánchez comenzaba la conexión preguntando al reportero: “¿Qué tal están los ánimos por allí, supongo que el país lo asume con preocupación, verdad? ¡Tú eres tonto chaval y en tu casa no lo saben! Lo han votado, 80 millones de americanos y ha arrasado al partido republicano.
Finalizaba el día Vicente Vallés –descompuesto el hombre–, alabando al viejo Joe porque el sí que recibió al presidente entrante y lo acompañó hasta el último momento (hasta que se subió al helicóptero para irse a tomar por…) , echando en cara a Trump que este no hiciera lo mismo al salir y hubiera puesto en duda los resultados electorales –cuando todos vimos el robo histórico al que fue sometido Trump–, para después de homenajear al abuelo, finalizar su telediario así como se pone el de serio diciendo que aceptar la derrota (tragarse el sapo) es lo normal en DEMOCRACIA. ¡Muy bien Vicente muy bien, anda tómate la pastilla naranja que os daban cuando existía Ciudadanos y vete a cenar a casa que ya es tarde y parece que aun no lo habéis superado”.

Al día siguiente (ayer) le decía a Susanna Griso un empresario invitado a su programa que él era el único del plató contento por la proclamación de Trump y le contestaba la otra, “pues la verdad es que sí”. A partir de ahí comenzaba la entrevista. Y es que el término “casta” acuñado por Pablo Iglesias es absolutamente cierto y por eso hoy desde lo alto y mientras movemos juntos y de manera acompasada los pies como si de un péndulo justiciero se tratara, me atrevo a criticar a la casta periodística de los dos lados del Mississippi.
Lo más gracioso ha sido comprobar como en el programa oficial del régimen en la radio, una colaboradora de Angelines Barceló destacaba la sobriedad del traje de Melania y lamentaba que la Primera Dama –porque esta sí que lo es de verdad, no como nuestra “Bego”– no lo hubiera tenido que usar en el funeral de su marido Donald, en el caso de que alguno de los intentos de asesinato que sufrió el presidente hubieran tenido éxito.

De lo de acusar a Elon Musk de nazi por escenificar que lanzaba su corazón a sus fans en dos ocasiones ya ni hablamos, y que ahora bramen a favor de los intereses de los agricultores por lo de los aranceles a la aceituna, o por los ganaderos por lo del cerdo ibérico procesado en jamón, o por los productores y exportadores de aceite de oliva, cuando a todos ellos es la propia UE quien los tiene amargados, tiene guasa.
De que si solo somos hombres o mujeres, ni hablar porque dos no bastan ya que para ellos hay tropecientos géneros y tal. Y claro, a ver qué hacemos ahora con todo ese sobre stock de mamarrachos disfrazados de humanos con tara mental, validados y clasificados ordenadamente por el régimen woke como ofendiditos con derechos por encima de los comunes.
En fin que como decía Alejo Shapire, “a ver si Hamás también libera a la prensa y la izquierda, secuestrados por su narrativa”. O como decía Luis Ventoso en El Debate, “debo ser un alienígena, escuchando lo que escucho esta mañana, pero a mí me gustaría que alguien hablase a los españoles como habló ayer Trump a sus compatriotas”. O como afirmaba Carmelo Jordá, “si el periodismo español hubiese fiscalizado la presidencia de Pedro Sánchez con la mitad de intensidad con la que ha fiscalizado a Trump antes de ser presidente, estoy seguro de que el Gobierno habría caído hace años”. O como sentenciaba Rubén Arranz, “Joe Biden reparte indultos preventivos entre su familia el día en que deja la Presidencia, pero el periodismo ARCHIPREMIADO español se centra en el falso beso que se da Trump con Melania y te lo define como un símbolo de lo que es el personaje. Profesión lamentable”.
Pues eso queridos amigos, profesión lamentable.
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Feliz día de San Vicente mártir.
Españazuela a 22 de enero de 2025.

