
«Y con que jubilosa fruición pudimos oírle cantar el vergonzante y horrendo monumento a los más de 100 millones de muertos»
(a)
No sé si oirían ustedes lo de Milei en Davos,
pero colgó el ‘wokismo’ de la cruz y lo remachó con clavos:
«Es una epidemia a curar, un cáncer que ha de ser extirpado.»
¡Jo; la de sopapos que le soltó; cómo le retorció el pescuezo;
qué bello cuadro!
(b)
Mostró, el pibe, haber más sentido común en él,
más racionalidad y más sentimiento humanitario
que en toda la ideología ‘woke’ que excreta, en tropel,
la bilis del burdo ‘progresismo’ contemporáneo.
(c)
Fue, en cambio, el bueno de Milei,
escueto y mesurado respecto de Sánchez:
«Su discurso de ayer fue lamentable,
justo como todo cuanto él dice y hace.
«Esperemos que el presidente argentino,
en el futuro, tenga a bien extenderse pelín más:
(d)
jamás debe darle uno la espalda al mismísimo
lugarteniente del maligno Satanás.
En todo caso, su ‘templanza’ bien pudo ser debida
a no haber tenido aún noticia del discurso de nuestro monarca
y de la presidenta del Consejo del Poder Judicial,
(e)
quienes, a su respectiva manera, así la cosa vinieron a rematar:
«Acometidas destructivas y carentes de rigor, destinadas, día tras día,
a socavar la legitimidad y la reputación del Poder Judicial
o de sus integrantes, no resulta precisamente la mejor de las noticias.»
(f)
¡Ja: ni que decir tiene que el leguleyo Bolaños
puso cara de que alguien le pisoteaba los redaños;
o tal vez los pelendengues, de forma más precisa.
Sin duda Milei, siempre al loro
y que las caza al vuelo en todo,
habría captado al instante la causa de su desazón;
(g)
y, para sus adentros, le habría sacado
bien el jugo a tan desternillante ocasión:
«El asno, del susto, perdió hasta el rebuzno,
él, que siempre ansió ser caballo ‘relinchón’
cuando Natura no le dio… sino para simple burro.
«Y es que, en efecto, quieren reírse del pueblo,
(h)
y fue justo el pueblo quien de ellos se rio.
Por cierto, y con respecto al multimillonario Musk
y su loable afición por los viajes interplanetarios,
al que espíritus ruinosos, más que pobretones, acusaron
de ominosos y complacientes saludos ‘a lo nazi’:
(i)
¿Se ha hablado lo bastante del himno o execrable ‘canto’
de ‘La Internacional’, puño tieso, firme y en alto
-como enorme bálano de medio palmo, casi-
con el que quiso regalarnos, impúdica y desafiante,
la penosa tropa del sanchismo más recalcitrante?
(j)
A tal respecto, himno tan jovial y tan discreto
no es sino un vergonzante y horrendo monumento
a los más de 100 millones de muertos
que semejante amasijo musical de estiércol
a toda alma medianamente sensible le suele recordar.
¡Y con que jubilosa fruición pudimos oírsela cantar!
