«Pocos amaron tanto como Quevedo á su patria; pocos le hubieron de consagrar las prodigiosas dotes intelectuales que debió al cielo, con igual desinterés y vehemencia. Sea Quevedo en buen hora un mito para el vulgo ignorante; conviértanle por calles y plazas en decidor ajuglarado, en torrente impetuoso de jocosidades, en el payaso de su época; siempre los atentos y doctos le tendrán por el primer político de España»
(Aureliano Fernández-Guerra y Orbe, 22 de noviembre de 1867).

Recién comenzado el nuevo año de 2025, Alonso ha tenido que desplazarse al cementerio de Mingorrubio, en El Pardo, Madrid. Mañana de rasca inmisericorde que obliga a ir embozado hasta las cejas. Encuentra consuelo palpándose la petaca —aprovisionada con whisky DYC 15 años— con su mano derecha el bolsillo izquierdo del abrigo de lana merino en color caqui. El entrevistado ha insistido en este lugar, donde está enterrado quien fuera Jefe de Estado, Francisco Franco, junto a su esposa doña Carmen Polo. Ha tenido que pedir permiso gubernativo para poder entrar y descender a la cripta del panteón familiar, lugar sobrio de ambiente espartano, propio de un militar e impropio de un Jefe de Estado. Sentado en uno de los bancos de madera forrados de tela roja, está sentado don Francisco de Quevedo y Villegas, a sus pies, la lápida del Caudillo.

ALONSO DE MADARIAGA
Don Francisco, permítame tutearle. Cuando escojo el lugar de la entrevista suelo explicar el porqué a los sufridos y resignados lectores, de la misma manera, si es el entrevistado quien selecciona el sitio. ¿Por qué precisamente aquí, un lugar tan políticamente incorrecto…?
FRANCISCO DE QUEVEDO
Sabía que las personas pueden ser tildadas de políticamente incorrectas, ¡como yo lo he sido toda mi vida! No obstante, desconocía que un lugar, como lo puede ser un cripta, también lo pueda ser. Presiento que el rencoroso asaltatumbas de Perico I El Autócrata, no ha logrado superar que Franco le ganara la guerra a Stalin. Sin embargo, quiero dar a conocer al respetable el leitmotiv tras mi obra: el Quevedo español y patriota hasta las trancas, ¡y cómo no… distante de la corrección política!
ALONSO
¿La incorrección por la incorrección?
QUEVEDO
España está en manos de unas aves de rapiña y asaltadores de caminos disfrazados de políticos, empedernidos amantes de lo ajeno, lobos disfrazados de ovejas. Es decir, desde sus inicios, el Estado autonómico ha supuesto un paraíso en la tierra para la casta política y un infierno para el sufrido y penitente obligado tributario. La desmembración de nuestra patria en diecisiete reinos de taifas ha conllevado una corrupción galopante y endémica en el reparto y gestión del botín que suponen los Presupuestos Generales del Estado (PGE) en manos de estas alimañas que nos malgobiernan y esquilman. Nos han engañado como a chinos, vendiéndonos a precio de oro una pócima letal como si del elixir de la vida eterna se tratara. Un dato revelador nos lo ofrece la organización Transparency International que publica periódicamente un índice de percepción de la corrupción por países. Por ejemplo, en el año 2023, España ocupa el puesto número 36 entre 180 países en dicha clasificación internacional, con una puntuación de 60 sobre 100 puntos. Dicho índice mide el nivel percibido de corrupción en el sector público. Una escala donde el cero significa altamente corrupto y cien, muy limpio. Otro dato comparativo: por debajo de España está Bostwana, con 59 puntos. La razón de por qué la corrupción galopa desbocada, nos la da el presidente de Transparency International, François Valérian:
«La tendencia mundial a debilitar los sistemas de justicia está reduciendo la responsabilidad de los funcionarios públicos, lo que permite que la corrupción prospere. Tanto los líderes autoritarios como los democráticos están socavando la justicia. Esto aumenta la impunidad de la corrupción e incluso la fomenta eliminando las consecuencias para los delincuentes. Los actos corruptos, como el soborno y el abuso de poder, también se están infiltrando en muchos tribunales y otras instituciones judiciales de todo el mundo. Allí donde la corrupción es la norma, las personas vulnerables tienen un acceso restringido a la justicia, mientras que los ricos y poderosos se apoderan de sistemas de justicia enteros, a expensas del bien común».
Por tanto, el posicionarse y significarse con el sector políticamente incorrecto, no solo es una necesidad, sino que supone un acto patriótico. Únicamente, desafiando al statu quo y posibilitando el debate público, se podrá provocar el cambio social positivo que necesitamos tanto a nivel individual como a nivel colectivo ya que esta ralea política está colocando a nuestra nación al borde del precipicio. ¡Que nadie se equivoque! Tras mi crítica, burla y sátira, estaba mi profundo amor a España, objeto de mi devoción. No podemos mantenernos equidistantes y confortablemente acomodados en la seguridad que nos proporciona la más que agradable corrección política. Jesús nos puso el ejemplo, cuando entrando en el templo de Jerusalén, contempla indignado cómo la clase dirigente ha convertido la casa de su Padre en una cueva de ladrones, cogiendo un azote los expulsa a todos del templo. Es el momento de ser intrépidos, de pasar a la acción, cada uno desde nuestra posición en la sociedad, haciendo uso de nuestro cargo, de nuestras capacidades, con nuestro «azote» o con nuestra pluma denunciar sin descanso la corrupción, a los corruptos y los corruptores que pudren España.
ALONSO
¿Cómo definirías a los actuales partidos políticos?
QUEVEDO
Ayer, hoy y siempre, en realidad nunca han dejado de ser una mera agencia de colocación y de destinos. Proclives a satisfacer la insaciable codicia y apetitos desmedidos de su parentela, amantes, queridas, aduladores y variopintos lameculos. Mientras tanto, desangran al pardillo integral con un sistema tributario cruel y voraz que, como Saturno, devora a sus hijos. El político —salvo contadas excepciones— es un parásito, una sanguijuela, un sablista empedernido y, en muchos casos, un percebe en todos los sentidos posibles, empezando por el académico y laboral.
ALONSO
¿Qué nos puedes decir, a los desheredados por el Gobierno de España, sobre una obra tuya poco conocida: Política de Dios, Gobierno de Cristo?
QUEVEDO
Fue un hueso duro de roer que me llevó cuatro años. Resume mi pensamiento político. Empecé en 1617, con 37 años de edad y se publicó por primera vez en el 1626. Es un libro que se compone de dos partes. La primera se la dedico al conde-duque de Olivares y al rey Felipe IV. La segunda parte, es una corrección y extensión de la primera, esta, dedicada al papa Urbano VIII. Como no podía ser de otra manera —por causas genéticas, he sido políticamente incorrecto— critico la inactividad y la corrupción en el gobierno. No recurrí, como se hace habitualmente, a autoridades paganas en busca de ejemplos y máximas para gobernar, tampoco al maquiavelismo imperante de la época. Mi fuente de inspiración para el manual Política de Dios fueron las Sagradas Escrituras. Abogo por la supremacía de la moral cristiana en la política. El gobernante cristiano ha de tener como modelo de inspiración al mejor rey, a Jesucristo, reflexionando tanto en sus dichos como en sus hechos. Él es un rey al servicio del pueblo… y no a la inversa. Uno que para enseñar humildad a quienes deberían gobernar su iglesia, se arremangó e inclinó para lavar los pies de sus apóstoles. Uno que no ordeñó ni explotó o esquilmó a sus seguidores, sino que se preocupó por el bienestar de su pueblo, alimentándolo y sanándolo tanto espiritual como físicamente. Un rey empático, no psicopático como quienes gobiernan la España del siglo XXI. Alguien dispuesto a derramar su vida hasta la muerte buscando la salvación de su pueblo.
ALONSO
¿Debemos estar imperativamente satisfechos los españoles con el ruinoso y caótico Régimen del 78 por tener este supuestamente el cuño o timbre «democrático»?
QUEVEDO
Lo que nos define a las personas no es tanto lo que decimos como lo que hacemos. De igual manera, un sistema político ha de evaluarse una vez desnudo o despojado de toda su parafernalia y artificio… por sus hechos, logros o resultados. Dicho esto, la España actual la definiría el psiquiatra polaco Andrzej Łobaczewski como una patocracia. Es decir, un sistema político en el que individuos con trastornos de personalidad, como la psicopatía o el narcisismo, ostentan el poder. Políticos autócratas que, debido a su falta de empatía y su deseo insaciable de poder y control, generan un régimen opresivo definido por la corrupción. Como bien apuntaba Emiliano Borja Jiménez —catedrático de derecho penal en la Universidad de Valencia —la corrupción sistémica anida en la entrañas del Estado con la aquiescencia de los partidos políticos:
«Una modalidad de este tipo de criminalidad es el cobro de comisiones a cambio de actuaciones debidas a favor del interesado. Esta ha constituido una forma de actuación ilegal que ha sido tolerada en algunas democracias occidentales (casos de Alemania, Italia, Francia o España), puesto que existía en alguna medida un gran pacto tácito entre los grandes partidos políticos para conseguir una vía fácil de financiación. Aquí el ordenamiento jurídico suele crear figuras delictivas como el cohecho (solicitud económica a cambio de una actuación u omisión legal o ilegal) o el denominado tráfico de influencias».
Escribía un servidor en Política de Dios una advertencia a quienes se les ha encomendado el gobierno de las gentes:
«A vuestro cuidado, no á vuestro albedrío, encomendó las gentes Dios nuestro señor, y en los estados, reinos y monarquías os dió trabajo y afan honroso, no vanidad ni descanso. El que os encomendó los pueblos os ha de tomar cuenta dellos, si os hacéis dueños con resabios de lobos. Si os puso por padres, y os introducís en señores, lo que pudo ser oficio y mérito hacéis culpa, y vuestra dignidad es vuestro crimen».
Con estas palabras quiero decir que, los líderes que nos gobiernan, tienen una responsabilidad y un deber hacia los ciudadanos. No están colocados en el cargo para enriquecerse ilícitamente o para satisfacer sus caprichos egoístas, sino para deslomarse sirviendo al pueblo. No se les ha elegido para que se comporten con nosotros como autócratas y tiranos, sino como padres que cuidan de sus hijos. Estos psicópatas que abusan de su poder actuando como tiranos en lugar de nuestros protectores, la virtud del liderazgo la convierten en un defecto como lo es la culpa. El respeto y la dignidad que merecerían en virtud de su cargo, por su reprochable forma de actuar se tornan condenables. ¡Y si no, que se lo digan al juez Peinado!
ALONSO
Es más conocido el Quevedo poeta y no tanto al Quevedo político.
QUEVEDO
En mi caso, nunca pude separar el uno del otro. ¿Qué si me preocupó el destino de nuestra patria, España? ¡Sí! ¡Mucho! Fui hijo de funcionarios palaciegos vinculados al Palacio Real, en Madrid, por lo que crecí, estudié y me codeé con las élites políticas de mi tiempo. Estudié con los mejores, con los jesuitas, y completaría mis estudios en las universidades de Alcalá de Henares y Valladolid. A nivel político, los míos fueron tiempos convulsos, donde el Imperio español despertaba envidias por doquier y sus correspondientes enemigos brotaban como hongos tanto a nivel interno como externo. Durante mi vida, gocé del favor y protección de nobles y poderosos. ¡También sufrí las inconveniencias de caer en su desgracia cuando me cebé en la crítica hacia quienes gobernaban nuestra patria! En realidad, nunca supe ni quise tener el pico cerrado. No iba conmigo lo de En boca cerrada, no entran moscas, ni lo de Oír, ver y callar. ¡Me dolía España! Por este motivo, escribí aquel soneto que empezaba con:
«Miré los muros de la Patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía».
Mi patriotismo me llevó a implicarme en cuerpo y alma en la política nacional e internacional y la diplomacia. Con treinta y tres años de edad me llama a Italia el duque de Osuna (1613), quien fuese virrey de Sicilia y de Nápoles. Poco a poco me gané su confianza, convirtiéndome en su mano derecha. Utilizó mis capacidades intelectuales y elocuencia encomendándome misiones diplomáticas para consolidar alianzas y en negociaciones políticas complejas. En el 1617, soy enviado como embajador ante el papa Paulo V para tantearle sobre su apoyo a España en la cuestión del domino de Nápoles. Tras aquella visita y en los años siguientes, comunico al gobierno lo peligroso que es confiar en la diplomacia vaticana caracterizada por ser francófila y antiespañola, y que, en todo caso, España debe velar por su intereses nacionales y su integridad territorial con respecto a Nápoles. El papa podía esperar nuestra obediencia y sumisión en el plano doctrinal, no así en nuestro legítimo ejercicio de la autoridad temporal con respecto a los intereses vitales de España. Más tarde, con el nuevo papa Urbano VIII, la política vaticana deja de ser francófila a ultranza y es entonces cuando recomiendo al gobierno la conveniencia de una alianza estratégica entre España y la Santa Sede en contra de nuestro archienemigo… Francia. Sin embargo, a pesar de mi dedicatoria al papa Urbano VIII —en la II parte de Política de Dios— con la excusa de mantenerse neutral entre España y Francia, el papa niega el auxilio a nuestra patria inclinándose a favor de Francia. Sin entrar en más ejemplos, puedo decir que, a nivel político, fui el perejil de todas las salsas en la España que me tocó vivir. Así que, serví a España con mi espada, con mi pluma y con mi talento.
ALONSO
La relación entre España y la Unión Europea (UE).
QUEVEDO
La casta política del régimen de 1978 —representando el papel de Judas Iscariote cuando traiciona a Jesús, por 30 monedas de plata— vendió a España y todo su sector primario y secundario a una esotérica y etérea entidad europea, dejando en cueros vivos al pardillo ibérico. Judas, había convenido con quienes detendrían a Jesús aquella noche en el Getsemaní, que lo señalaría besándole en la mejilla. Aún resuenan en mi cabeza las palabras de Cristo al apóstol traidor: «¡Judas! ¿Con un beso me traicionas…?» (Lucas 22:48). De la misma manera, esta ralea política, a cambio de prebendas económicas depositadas en idílicos paraísos fiscales, «vendió» —y nos vendió a los españoles— nuestra soberanía como nación. En el convenio de adhesión de España a la UE, tuvo que ceder su soberanía en el plano económico:
- El control de su política comercial exterior.
- La producción y el comercio de los productos agrícolas (precios, subvenciones, gestión).
- La pérdida de la peseta con símbolo de nuestra independencia económica, y con ello, la política monetaria y la fijación de los tipos de interés.
Con respecto al ámbito jurídico y político:
- España está obligada a trasponer al ordenamiento jurídico español (incorporar automáticamente las normas de la UE —sobre todo directivas— al ordenamiento jurídico nacional) normas y directivas europeas sin el control del Congreso de los Diputados.
- Por encima de nuestro Tribunal Supremo y —de facto— sobre el Tribunal Constitucional, está el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) como máximo intérprete del Derecho de la UE.
- Una cesión relativa de nuestra soberanía en materia de política exterior y seguridad.
Cesión de nuestra soberanía con respecto a otras áreas:
- Medio ambiente. La UE tiene la competencia, por lo que España ha de cumplir con la legislación que emana desde Bruselas.
- Transportes. La UE regula el transporte por tierra, mar y aire… literalmente.
- Libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales. Lo que significa armonización de normativas y la cesión de competencias en materia de control de fronteras.
La pregunta que me hago es la siguiente: ¿Qué queda de la soberanía de un nación después de todas estas concesiones? O sea, el destino de nuestra patria no está en manos del pueblo español, sino en las manos de un opaco ente extranjero supranacional. En términos militares, nuestros políticos han rendido la plaza sin luchar, a cambio de unas prebendas tanto en metálico como en especie. ¿Qué si es importante la soberanía nacional? Pues sí. Hemos perdido la competencia de tomar nuestras decisiones sin interferencia externa. Políticamente, no podemos hacer ni nuestras propias leyes y nos han robado la capacidad de determinar nuestro propio destino. Dicha soberanía, con su sentido de pertenencia entre los ciudadanos, es lo que nos une: una misma cultura, una tradición y una historia común. Necesitamos el control de nuestras fronteras y la completa independencia de nuestras fuerzas armadas, es vital si queremos sobrevivir como nación. Para nuestro desarrollo económico, precisamos el control absoluto de todos nuestros recursos y sectores productivos con el fin de primar los intereses de España y de los españoles. España debe poder tener las manos libres para establecer alianzas puntuales y tratos comerciales según nuestro propio interés nacional. El lema de Trump, Make America Great Again!, a la española. De modo que, sin soberanía, no hay independencia, prosperidad, seguridad o identidad nacional. Por último, no hay que olvidar un elemento capital: normalmente, los intereses personales de los políticos son contrarios a los del ciudadano.
ALONSO
El dilema: ¿decir la verdad… o es preferible optar por lo políticamente correcto?
QUEVEDO
Tengo que echar mano de un poema mío: Conveniencias de no usar de los ojos, de los oídos y de la lengua:
Oír, ver y callad remedio fuera en tiempo que la vista y el oído y la lengua pudiera ser sentido y no delito que ofender pudiera.
Hoy, sordos, los remeros con la cera,
golfo navegaré que (encanecido de huesos, no de espumas) con bramido sepulta a quien oyó voz lisonjera.
Sin ser oído y sin oír, ociosos ojos y orejas, viviré olvidado
del ceño de los hombres poderosos.
Si es delito saber quien ha pecado, los vicios escudriñen los curiosos: y viva yo ignorante y ignorado.
Decir la verdad —ayer y hoy— es un acto de rebeldía, uno revolucionario. Expresarla constituye un deporte de riesgo. Aportar datos a nivel político, económico y social que contradigan lo políticamente correcto, es tomado como un desafío por el statu quo político, económico, mediático y académico. En España vivimos bajo la bota del autócrata Perico I, emperador de España. Él, y sólo él —a través de su Ministerio de la Verdad y auxiliado por las requeuntadas agencias de verificación de noticias— tiene la potestad para determinar qué es verdad y qué es mentira, qué información y qué desinformación. Se autoproclama un mesías que, renunciando a los placeres temporales, ha aceptado con gran sacrificio personal, presidir el Gobierno de España para salvarnos de Franco, quien falleció en su cama hace cincuenta años. Presuntuosamente dice ser un nuevo Moisés, que ha bajado del monte Sinaí con unas nuevas tablas de ley de carácter teocrático, por lo incuestionables de ellas debido a su naturaleza sagrada. De modo que, ha elaborado —con el apoyo del KKK del Rh-, el KKK catalanista y los nostálgicos de Stalin con su correspondiente dictadura del proletario— una serie de leyes nefastas que nos enfrentan a hombres y mujeres y otras que abren viejas heridas ya cerradas, partiendo, dividiendo y debilitando de nuevo la nación española. Todo, inicuo y psicopático en un mismo lote… las leyes y el autócrata enfundado en pantalón de pitillo.
Perico I, es rencoroso y vengativo. No perdona ni tampoco olvida. Utilizará todos los resortes del Estado para fulminar todo lo que te importa y te reservará a ti para el postre. De hecho, en ninguna época ha sido prudente criticar al poder. Corren tiempos tenebrosos y peligrosos donde decir la verdad acerca de los mandamases conlleva su riesgo, ¡te lo digo por experiencia propia! La mayoría —acomodadicia por puro instinto de protección— opta por la trinidad que caracteriza a la prudencia: oír, ver y callar. Ante la brevedad de la vida, uno se hace el sueco, se tapa los oídos y mira para otro lado… no dice ni mu, y de esta manera poder pasar desapercibido para los poderosos. Este hacerse el loco, refugiándose en el hogar, fundiéndose con el sofá, se adorna como de un ejercicio de recogimiento e introspección personal en busca del significado de la vida. Es una estrategia de supervivencia como otra cualquiera la de vivir ignorante e ignorado. Máxime, cuando el ejercicio de la libertad de expresión se limita, penalizando como delito discrepar o señalar los pecados del Gran Hermano.
ALONSO
¿Qué papel juega el dinero en manos de las élites globalistas satanistas?
QUEVEDOS
Tal vez, mi poema más popular sea Poderoso caballero es don Dinero. Pienso que la primera estrofa resume perfectamente lo siguiente que voy a decir:
Madre, yo al oro me humillo;
él es mi amante y mi amado,
pues, de puro enamorado,
de contino anda amarillo;
que pues, doblón o sencillo,
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Le otorgo naturaleza de persona todopoderosa, por su capacidad de influir y subyugar a los individuos, así como de transformar la sociedad, siendo capaz de volver lo blanco, negro y lo malo, bueno. Ante ella se humillan, rebajan y postran en señal de reverencia y adoración, reconociendo en el vil metal a un ser superior… un dios todopoderoso. Esto genera una relación de dependencia: «es mi amante y mi amado», una obsesión enfermiza que domina a quien cae rendido a sus pies. ¿La razón? Tiene una propiedad que lo hace irresistible: nos deslumbra y se presenta ante nosotros como el medio para satisfacer cualquier deseo, sin importar su dimensión o naturaleza. Es capaz de abrir todas las puertas, ablandar los corazones más pétreos y comprar voluntades a tutiplén, ejerciendo de una irresistible fuerza corruptora en la sociedad.
Puntualizado esto, quisiera centrarme en un campo concreto donde el efecto pernicioso de dinero está causando estragos… en los centros del saber. La universidad debería ser una institución al servicio de la sociedad: completando la formación integral del alumno con el fin de preparar a los profesionales que necesita la nación para su óptimo desarrollo económico, cultural y social, ¡máxime cuando vivimos en un mundo competitivo y globalizado! Si se quieren conseguir tales objetivos vitales para nuestro país, es necesario la captación y retención del talento y la investigación en todos los niveles. Sin embargo, algo se interpone ante estos objetivos: el lenguaje asociado a la Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI). O sea, la patochada del lenguaje inclusivo cuya máxima profetisa en España es Irene Montero, con su más que célebre: «Ellas, ellos y elles» y sus agobiantes variantes infinitas. ¿Cómo y de qué manera impacta en el ámbito académico la creciente prevalencia de esta especie de batiburrillo de burundanga ideológica marxista?
La organización estadounidense National Association of Scholars (NAS), ha completado el estudio más grande hasta la fecha sobre la intensificación de la ideología DEI en los campos de las siguientes materias: Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM). Cuatro disciplinas esenciales que fomentan el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la aplicación práctica del conocimiento. Dicho estudio extenso, con multitud de datos y gráficos, basado en la recopilación y análisis de 30 GB de datos, con más de 280 000 artículos procedentes del mundo universitario institucional: webs, cuentas en la plataforma X, departamentos, asociaciones, publicaciones científicas… y los grandes mecenas financiadores de las investigaciones científicas, ¡la mano negra detrás de este proyecto de arquitectura social! Una ponzoña que surgió en las facultades de humanidades y ciencias sociales, acabando por contagiar a las mismísimas ciencias naturales y a la tecnología.
Llegado a este punto, se precisa aclarar que este pernicioso virus ideológico e ilógico no es patrimonio exclusivo de las instituciones de educación superior estadounidenses, sino que se se ha propagado por todo el mundo occidental. Los miembros de la integrista secta woke se han hecho con el control de los centros del saber por medio de un concienzudo trabajo de zapa. Una labor meticulosa, progresiva y constante de intensificación ideológica dedicada a suprimir la objetividad y libertad académicas, transformando las instituciones educativas en fábricas de lavado cerebral a gran escala, donde a través de un proceso de domesticación progresiva se formatea por igual la mente de profesores y estudiantes, dejando sus cerebros limpios como una patena mediante técnicas de manipulación psicológica y persuasión coercitiva.
Para estos integristas ideológicos, la ciencia es excesivamente: blanca (por la raza), masculina y heteropatriarcal, por tanto, se precisan medidas drásticas y agresivas para revertir el proceso. El Diccionario de la Lengua España (RAE), define el término «ciencia» de la siguiente manera: «Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente». Esta definición ha quedado obsoleta, ya no se trata de buscar la verdad, sino acomodar las investigaciones y sus resultados al discurso de la corrección política. Si eres un académico y quieres reconocimiento, poder publicar u optar a un premio, beca o financiación para tu investigación… ¡tienes que pasar por el tubo! Quien paga, manda. Poderoso caballero es don Dinero.
ALONSO
¿Qué propones a los españoles que vemos con preocupación el futuro que estamos dejando a nuestros hijos y nietos?
QUEVEDO
Estamos sometidos a la dictadura de la imposición ideológica woke y tenemos dos opciones: aceptarla o luchar contra ella para recuperar el ejercicio de nuestro libre albedrío y nuestros derechos. De modo general, resucitar la verdad dando la batalla cultural en todos los frentes, cada uno con sus propios medios, sin caer en el adormecimiento psicológico e ideológico con su pecado mortal del mimetismo borreguil y la consiguiente autocensura. En el plano académico, hemos de reconquistar los centros del saber, recuperando la libertad para la investigación académica tanto para alumnos como profesores. Hacer frente a la imposición ideológica a través del ejercicio de nuestro derecho como personas a cuestionar lo que se nos dice o enseña y a pensar por uno mismo. Denunciar esta ciencia partisana que estigmatiza al disidente de peligro académico. Defender el debate razonado, erudito y civilizado en las universidades. Perseguir el saber para hacer. Premiar el mérito y la capacidad. Buscar la verdad desinteresadamente, escuchando, examinando y juzgando salomónicamente todas las opiniones, sometiéndonos únicamente a la autoridad impuesta por realidad de los hechos y los resultados contrastados. ¿En mis propias palabras…? «Sacar á la vergüenza á los doctores sin luz, que dan humo con el pábilo muerto de sus censuras, muerden y no leen».
ALONSO
¿Cómo te gustaría acabar esta entrevista rabiosa y políticamente incorrecta?
QUEVEDO
Con uno de mis poemas preferidos y «rabiosamente» actual:
Epitafio de la Verdad
Aquí yace la verdad
a quien el mundo cruel
mató sin enfermedad,
porque no reynase en él
sino mentira y maldad.

