
«El PSOE y los sindicatos de clase no tienen voluntad de erradicar la corrupción desde sus raíces, pues esta es fundamental para mantener su relevancia y liderazgo»
Tras los recientes congresos regionales del PSOE y las manifestaciones organizadas por ambos sindicatos de clase, la corrupción ha vuelto a situarse en el centro del debate público español. Estos eventos, que deberían ser momentos de renovación y afirmación de principios, han acabado por demostrar el mal momento de unos y otros, y una vez más las sombras de la corrupción que persiguen tanto al partido como a sus aliados sindicales sale a la luz pública dada la escasa repercusión de los eventos una vez analizados por propios y extraños
Los congresos regionales del PSOE, que normalmente se centran en la elección trufada desde Moncloa de líderes y la presentación manu militari de sus estrategias políticas vacías e inocuas, se han visto ensombrecidas por la revelación de cada lunes con nuevos datos sobre sus escándalos de corrupción. Según informes de varios medios, estos congresos han sido un escenario para que tanto la militancia como los oponentes políticos recuerden casos como los EREs de Andalucía, el «caso Koldo«, o el “caso Begoña” que como sabe hasta el socialista más básico –y no me refiero a Santos Cerdán–, involucra a mogollón de cargos y miembros clave del partido incluido también el gran negociador. La crítica no solo se centra en los actos de corrupción en sí, sino en la espeluznante falta de autocrítica y la grosera continuidad de sus practicas mafiosas.

En cuanto a los Sindicatos de Clase, sus manifestaciones fueron literalmente ridículas, tanto como sus denuncias y afirmaciones calamitosas. Los comegambas de clase, históricamente aliados al PSOE y a los variopintos comunistas, han salido a las calles no para defender sus derechos y reivindicaciones laborales reclamándoselas a no se quien, sino a cumplir con el expediente ordenado desde Ferraz, hecho que ha confundido hasta a sus propios liberados puesto que los que iban a ser reclamados, otra vez ya se habían plegado de nuevo por el que dirán y claro, viendo el percal de las manifestaciones también han servido como un recordatorio de las acusaciones de corrupción que las han afectado directamente. Casos como el de la financiación ilegal o el desvío de fondos destinados a formación y otros programas han sido señalados por medios y la oposición como ejemplos de cómo la corrupción también ha podrido las estructuras sindicales, las cuales se supone (¡jajajaja!) que son la voz de los trabajadores.
Obviamente a unos y a otros les ha salido el tiro por la culata y el impacto en la política española de sus maniobras orquestales en la oscuridad ha sido pírrico. El retorno de la corrupción a la primera plana tiene como no puede ser menos implicaciones significativas para la política y así lo demostraron los tres sondeos que salieron ayer donde el Gobierno y la izquierda en general sale muy mal parada. En primer lugar sus vicios, erosionan la poca confianza ciudadana en las instituciones y en los partidos políticos, especialmente en aquellos que se nos presentan fingiendo ser fuerzas de cambio y regeneración. Para el PSOE, este enaltecimiento sin complejos de su innata corrupción debiera afectar su capacidad para liderar un frente de izquierda coherente y moralmente sólido, pero como son una caterva de ignorantes cuya única especialidad es la de mangar a manos llenas, es de suponer que aunque tarde, nos mimeticemos con nuestros vecinos más cercanos y el socialismo con copyright salga de nuevo trasquilado y por la puerta de atrás para ser sustituido por el sucedáneo habitual.

Los sindicatos, por otro lado, enfrentan el reto de recuperar la mínima credibilidad que les queda entre sus afiliados y la sociedad en general, en un momento en el que las reformas laborales de Yoli Tenacillas y la justicia y el escudo social del muñeco parlante son percibidas como una turra infame difícilmente digerible por cualquier ser humano con dos dedos de frente, pero como la chapa va dirigida fundamentalmente a aquellos que son capaces de aceptar pulpo como animal de compañía y no pueden ser capaces de percibir el elefante blanco de la corrupción dentro de su propio salón, pues más madera, que por el interés te quiero Andrés.
Así que para ir clausurando el chismorreo de hoy, no acabaremos la homilía sin afirmar rotundamente que la corrupción en el PSOE y en los sindicatos de clase –queridos milenials– no es un fenómeno nuevo, aunque su reaparición en el foco mediático en lo que va de legislatura y de nuevo tras los congresos y manifestaciones recientes, subraya la persistencia de estos por no salirse de la linde causando su inmoralidad serios problemas en la política y la sociedad española. Para avanzar, tanto el partido como las organizaciones sindicales deberían enfrentar estos retos con transparencia pero como ese término no forma parte de su diccionario, que nadie espere su rendición de cuentas ni alguna voluntad de erradicar la corrupción desde sus raíces, pues esta es fundamental para mantener su relevancia y liderazgo.
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Feliz día de Santa Juana y San Gilberto.
Españazuela a 4 de febrero de 2025.

