Conversaciones en el andamio: Sobre la turra de la Vivienda. Por Francisco Gómez Valencia

Sobre la turra de la Vivienda.

«La verdadera lucha contra la crisis de vivienda requiere de un posicionamiento crítico y muy valiente orientado y pensado por y para el propietario»

El otro día la manifa de los entes sobornables, rara avis y demás domingueros de batucada me jodieron a base de bien por mi falta de previsión. Así que por este motivo y que no cunda el ejemplo, me pondré serio sobre la turra del problema de la vivienda.

Comencemos.

En el corazón de la política española, un miserable relato ha cobrado fuerza: la acusación de que el Partido Popular es el único culpable de la crisis de vivienda que azota este puñetero país. Esta afirmación, promovida desde el Gobierno de coalición progresista, los grupos de izquierda y extrema izquierda y los sindicatos, merece una pensadita desde lo alto del andamio, pues refleja no solo un sesgo ideológico repugnante, sino también una simplificación alarmante de una problema acojonante.

Primero, es esencial reconocer que la crisis de vivienda en España no es un fenómeno que haya comenzado ni terminado con el mandato de un solo partido. Ha sido un problema estructural agravado por décadas de políticas inadecuadas, especulación inmobiliaria desenfrenada y la falta de una verdadera política de vivienda pública. Sin embargo, el Gobierno de la mentira y su apestosa argamasa Frankenstein, formada por partidos que se autoproclaman defensores de los más vulnerables y otros no tanto, ha optado por una estrategia de desviación de responsabilidades que no solo es poco ética, sino también profundamente ineficaz.

La acusación principal contra el PP se centra en la liberalización del mercado de la vivienda durante y con sus gobiernos, que según la izquierda, ha llevado a un aumento descontrolado de los precios del alquiler y la compra. Sin embargo, ¿no es cierto que bajo gobiernos socialistas también se han mantenido o incluso se han exacerbado estas tendencias? La realidad es que la política de vivienda en España ha mostrado una lamentable continuidad en la falta de acción significativa, independientemente del color político del gobierno de turno.

Además, los grupos de izquierda y extrema izquierda han caído en su propia trampa basada únicamente en fomentar la dichosa polarización que no beneficia a nadie más que a los políticos progres que mientras buscan capitalizar el descontento social, coleccionan por lo bajini propiedades de manera compulsiva. Al simplificar el problema de la vivienda a una culpa partidista, se ignora una serie de factores cruciales como la urbanización descontrolada, la falta de regulación efectiva del mercado, la escasez de vivienda pública y el impacto de fenómenos globales como el turismo y la inversión extranjera en vivienda, el alto coste de los materiales, etc., etc…

Es particularmente cínico y grosero que este Gobierno de coalición destructiva experto en prometer reformas radicales para el sector de la vivienda, se dedique por sistema a culpar al adversario político en vez de a implementar soluciones efectivas, pero es que, no saben ¡No, saben!

¿Dónde están las reformas prometidas? ¿Dónde está la construcción masiva de vivienda asequible? ¡Ay Pedrito! ¿Dónde han quedado tus iniciativas chavistas de limitar precios, fomentar el alquiler social o de proteger a los inquilinos indeseables? Pues no muy bien salvo la última, desgraciadamente. Si al menos te preocuparan los verdaderamente vulnerables con historial de cotizaciones demostrable. Pues eso, que no saben, de hecho, y de momento después de siete años dando el coñazo, han quedado en el mejor de los casos, en meras intenciones sin materialización posible.

El problema de la okupación.

Es más, es que a la hora de la verdad conviene recordar que incluso sus lunáticas propuestas en favor de los okupas, por error o no, no fueron inicialmente apoyadas ni por Bildu-ETA ni por la Esquerra Republicana golpista, y han tenido que volver a poner el culo en pompa con Puigdemont para meses después sacarlas a la luz pagando de nuevo más prenda en forma de impuesto revolucionario 2.0.

Así que, y por todo esto, la crítica debe ser dirigida sólo hacia la izquierda por su absoluta incapacidad para movilizar y utilizar su influencia para impulsar cambios reales. Pero en vez de ello, se ha visto una tendencia hacia la propaganda ideológica politizando uno de tantos problemas que requieren soluciones técnicas y no ideológicas. Es más fíjense ustedes, si en un momento de locura llegado al caso (que puede pasar), si  compráramos mínimamente su mierda de mercancía averiada, con más razón la culpa debiera recaer entonces no solo en el PP, sino también en aquellos que, habiendo tenido la oportunidad de cambiar el cansino y desordenado paradigma pseudo-liberal de la vivienda en España, de siempre queridos, de siempre, han preferido la confrontación política antes que el trabajo legislativo y ejecutivo mínimamente necesario, por mucha ley de mercadillo que ahora se empeñen en defender y airear detrás de la pancarta cada fin de semana para atacar a mi Isabelita otra vez, y es la enésima este ‘finde’ en Madrid.

Dos diferentes placas.

Es importante señalar que la crisis de la vivienda no se resuelve ni culpando a un partido, ni a las grandes corporaciones, ni a los miles y miles de ahorradores que con su esfuerzo y gracias a las políticas de cierto Caudillo de España, se hicieron con una segunda vivienda en la ciudad para con su licita explotación, pretender complementar su jubilación. Lo que hay que hacer es abordar de una santa vez las verdaderas causas subyacentes con políticas integrales, regulación efectiva y, sobre todo, con una voluntad política de enfrentar y desenmascarar a los verdaderos beneficiarios de desarrollar y acrecentar el miedo a los especuladores inmobiliarios, los cuales en España de momento, por mucho que se nos venda, no son peligrosos analizando los datos reales y no la “menestra” habitual que vomita el Gobierno y la izquierda en general en esta materia. Esta, con su discurso progresista, podría liderar este cambio pero créanme que solo en la República bananera de Narnia, y lo saben, por eso han preferido el camino fácil de la acusación sin acción y la defensa de la ocupación.

En conclusión que no es poco, la crítica al PP por parte del Gobierno criminal y mentiroso y los grupos de izquierda y extrema izquierda que le ríen las gracias sobre la crisis de vivienda en España, se dedican históricamente a la distracción de sus propias deficiencias y falta de acción como sucede igualmente con la sanidad y la educación pública. La verdadera lucha contra la crisis de vivienda requiere de un posicionamiento crítico y muy valiente orientado y pensado por y para el propietario, defendiendo primero y siempre la propiedad privada con políticas que vayan más allá de la ideología y de la falsa y manida aceptación de que la responsabilidad es colectiva. No es cierto y hasta que esto no se entienda, la crisis de vivienda continuará siendo una herramienta de disputa política en vez de un problema resuelto para el beneficio de la sociedad española.

He dicho.

Feliz día de San Pedro de Jesús de Maldonado y de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes. 

Españazuela a 11 de febrero de 2025

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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