(IX) Año 2025. 50 causas: ¡Danzad malditos danzad! Por Antonio E.

¡Danzad malditos danzad!

«El ciudadano es libre y nadie tiene que orientarle ni inmiscuirse en sus ideas, o creencias, a la hora de hacer cine, o acudir a ver una película»

Cuando acaba de terminar la enésima patochada en que han convertido la fiesta del cine español, cabe preguntar ¿Se atreverían estos apologetas del escarnio sincronizado a rodar una película donde se denunciase el latrocinio sistemático al que sus líderes políticos están sometiendo al estado español? ¿Alguien cree que estos adocenados tendrían el coraje de denunciar el acoso que desde el poder se está perpetrando contra la justicia? La respuesta sería tan demoledora como esperada, rotundamente no.

Motivos no les faltarían, razones tampoco, pero mucho me temo que los miramelindos y mamertas que pueblan la tribu de sectarios en que han convertido esa estúpida organización, se opondrían tajantemente a interpretar el que sin duda alguna sería el papel de sus vidas.

Desde tiempos no tan lejanos, cuando el guion ya no lo exigía, esta grey hizo carrera interpretando muy a menudo papelones de milicianos, pisaverdes, zorras, figurines ideologizados, meretrices de baja estofa, chaperos adoctrinados y mindundis, sobre todo mindundis con credo, pero sin normas. En sus aquelarres redujeron el mundo a dos especies, la de ellos los muy honorables progresistas, y la de los otros, la de perversos fascistas.

Con su doctrina “guebolusionaria”, según su atrofiado léxico, expulsaron de las salas a gran parte de la ciudadanía, convirtiendo los cines en templos del mal gusto, donde distinguidos correveidiles oficiaban la parábola del buen mamón. Qué heroicidad la suya, fabricar en serie libelos guerra civilistas, para solaz entretenimiento de chequistas malhumorados.

Estos impresentables majaderos llegaron al culmen de interpretarse a sí mismos, espasmódicos personajes donde la zafiedad y la grosería más absurda estaba perfectamente representada. Decir que, de aquellos polvos, estos escombros, sería demasiado sencillo, lo cierto fue que lo cutre amuermó mentes y comportamientos obscenos, las subvenciones hicieron el resto. Este es el mejor resumen de su historia.

Al menos esta vez la productora de la película –La infiltrada-, tuvo la dignidad y el valor de dejar a todos en evidencia, incluido al que les subvenciona. Al final, el rebaño de inútiles y muñidores quedaron retratados como lo que son, una cuadrilla de amigotes y desahogados, un clan de expectorados consentidos, vividores, y endiosados farsantes. Ninguno de estos botarates aguantaría el más mínimo examen moral, aunque presumo que ninguno de ellos sabría su significado.

Su trayectoria nos obliga a tachar de cobardes sectarios y rastreros, a esta recua de comunistas millonarios, lo de menos sería escupirles a la cara por su silencio continuado en el tiempo, ante las masacres cometidas por ETA. Ni una sola condena, ni una sola lágrima, ni un solo ¡basta!

Estos insignes mamarrachos pudieron elegir entre la dignidad y la vileza, eligieron a Txapote como referente, y a Otegui como apóstol de la paz, tal y cómo les ordenó Zapatero. Esta es su hoja de servicios a la ciudadanía española, no tienen otra, ya que lo que ellos llaman arte o cultura no es otra cosa que complacencia y propaganda barata.

A vosotros, indignos falsarios os pregunto. ¿No creéis que es demasiado tarde para quejaros, y demasiado pronto para olvidar vuestra cobardía?  Hace falta ser muy hombre para pedir perdón, y un gran hijo de mil putas para persistir en el error, en vuestro caso, empeño interesado.

Vuestra ideología yace en vuestra abultada cuenta corriente, vuestro valor debajo de vuestros esperpénticos disfraces de modernidad, vuestra dignidad emana de vuestro silencio mantenido durante largos decenios, ante los crímenes de vuestros referentes ideológicos. ¿Os jode que se os diga lo que hicisteis? Pues joderos mientras viváis, otros a los que despreciasteis sus memorias, por desgracia ya no están.

Decidme de qué presumís, y os diré el desprecio que cosecháis entre la inmensa mayoría de la ciudadanía española. Alardeáis de cultura, ignorando que lo vuestro es simple y llanamente chabacanería subvencionada. Vuestra idiocia ha llegado tan lejos, que ni siquiera discernís entre el arte de la interpretación, y la repugnante vulgaridad en la que os movéis. Lo más inaudito es contemplar como en vuestras bacanales interpretativas, hacéis de vosotros mismos, cosechando estrepitosos fracasos, grandes decepciones y humillantes fiascos. No dais para más.

El actual cine español, es un grotesco monumento a la indignidad, el amiguismo y el cesarismo político. Personajillos en su mayoría, qué a golpe de silbato acuden como ovejas modorras, a rendir pleitesía una vez al año, al que, con nuestro dinero, les subvenciona todo tipo de gilipolleces.

Esta vez el mugriento diapasón de los llamados progresistas, concelebró la ejecución pública de una señora, cuyo delito fue decir lo que la mayoría de españoles decimos todos los días del año, que en España hay demasiados moros, musulmanes o marroquíes. ¿Acaso es mentira? ¿Quién es el marrano que de entre esa recua de gorrinos decidió que el comentario de esta actriz debería ser motivo para cercenar su carrera? Demasiado chequista, en un mundo donde para vosotros la palabra dignidad significa cortar la cabeza al que discrepa.

Despreciable checa liberticida la del cine “español”, la que, con su cobarde silencio, asiente y repite como cuervo parlanchín, las consignas de los patrones de la dictadura social comunista que pisotea vidas y derechos, de aquellos que no comulgan con sus diatribas totalitarias. Los mismos que en sus puñeteras y putrefactas existencias, exhiben como propias todas y cada una de las iniquidades perpetradas por su adorado hacedor.

¿Cine español? Por supuesto que sí. Cuando se haga cine libre, sin censura corporativa, sin apartheid ideológico, arriesgando su propio dinero, y con las mismas reglas para todos. Exactamente lo contrario a lo que se hace ahora.

¿Basura identitaria? No. El ciudadano es libre, por tanto, nadie tiene que orientarle ni inmiscuirse en sus ideas, o creencias, a la hora de hacer cine, o acudir a ver una película. Solo en países totalitarios, como hacia el que nos dirigimos, el poder puede imponer el pensamiento único, su verdad única, su credo único, y su voluntad única.

En democracia el límite es la Ley que nos obliga a todos, en vuestro estercolero progresista la “ley” la impone vuestro tirano.

Mi total reconocimiento a las excepciones, que, aunque pocas, las hay.

¿Cine español? No, gracias.

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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