¡MUY BUENOS DÍAS!
La Paseata abre la mañana de este jueves con la colaboración de una lectora y colaboradora de esta revista y para ello, os traemos un primer cuadro y un segundo por si os quedáis con ganas de ver más del autor.
Hoy tengo el honor de hacer un huequecito a Teresita Ávila. Si os digo que me costó proponérselo, quizás no os lo creeréis, pero es así. No obstante, he de deciros que hasta ahora, ningún lector y colaborador me ha negado este acompañamiento, algo de lo que os estoy infinitamente agradecida a todos.
Teresita me cuenta: «Estoy encantada de participar en esta aventura desde abril, bajo la bandera blanca de esperanza de este barco llamado La Paseata, capitaneado con tanto acierto por don Manuel Artero.
Soy profesora de lengua española y literatura en activo desde el 96. Esposa desde hace 25 años, recién celebrados, y madre de dos hermosas «muchachitas de Valladolid», ambas buenas estudiantes.
Escribir, supone para mí un reto y una terapia. Significa ejercicio constante, mover la mente, imaginar, suponer, teorizar… nunca dogmatizar. Huyo -como de la peste- de la vanagloria. Me gusta agradecer siempre«.
John Salminen. St Paul (Minessota) 1945. Pintor acuarelista. Se formó en la Universidad de Minessota. Miembro de diferentes sociedades de arte en Estados Unidos, entre ellas la American Watercolour Society. Presidente de la Asociación Internacional de Maestros de la Acuarela con sede en Shanghai, China. Jurado en exposiciones nacionales e internacionales. Su trabajo ha sido publicado en artículos de revistas importantes de diferentes partes del mundo.

«Ciudad prohibida». Por Teresita Ávila
Se perdió el nuevo tirano la vida,
oculto entre los gruesos muros
el aroma de los cerezos en flor,
la dorada luz de la tarde del domingo.
Se perdió el cruel tirano las sonrisas de los niños,
la ofrenda del agua serena del río espejeando
las siluetas de los viandantes.
Dentro, sumido en la tortura de ser invisible y cruel,
rumiaba su infortunio.
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«Ciudad prohibida». Por Mila Soyyo
No sabía en la entrada si salía o llegaba
la mirada se posaba en una caja cerrada
donde las puertas al cielo ante mí se acongojaban
sabiendo que no era digna de habitar en su morada.
Era prohibido aquél paseo, un lugar sin esperanza
cuando te miran por encima, dando paso a la quebranza
yo me sentía pequeñita ante tanta alabanza
aquellos sueños entre aguas cristalinas se alejaban.

«Parque de la mañana». Por Teresita Ávila
Ha dejado de llover, aún es temprano.
Ya la casa quedó atrás, con la tibieza del
sueño pegada a las sábanas.
Afirmo mis pasos en la escalera y avanzo.
El río dibuja una curva arropada por árboles que se inclinan a su paso.
Aromas a húmedos verdores y a madera se elevan y rodean el espacio.
El silencio es un mensaje que descifro, que solo rompen las ráfagas
de un viento suave que musita los secretos del encanto.
Parque de la mañana, belleza que no se oculta tras la máscara.
Al otro lado, quién sabe, espera el fiel y más dulce abrazo.
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«Parque de la mañana» Por Mila Soyyo
No puedo dejar de pensar en los tonos que aquí se han plasmado
el enebro, el helecho, la salvia, la oliva y el musgo impregnado
un turquesa dejando al río pensando, un susurro de enamorado
siendo el invierno tan frío, como fuiste tú mi vida, en un pasado.
No puedo ni quiero rendirme y espero algún día que estés a mi lado
este parque es la prueba de unas ramas sin hojas, al árbol aferrado
la nostalgia me puede, la añoranza me hierve, mi cuerpo marchitando
siendo un invierno tan frío, como fuiste tú mi vida, en un pasado.
***
Aquí finalizo, aunque antes, quiero agradecer a Teresita Ávila su aportación a este saludo de la mañana. Una mujer que no defrauda cuando la lees y por la que siento una profunda admiración. También agradezco inmensamente a Manuel Artero, la confianza que me muestra en esta sección cada día.
Desde vuestra revista digital La Paseata os deseamos que tengáis un maravilloso jueves. PD: No hay que temer a quien sabe más que uno mismo, poniéndole zancadillas, es mejor reconocer las limitaciones y crecer con el aprendizaje.
MMB

