Leer identifica. Por Antonio Ramírez Vélez

Leer identifica

«Un relato generoso, que desvela el alma humana y que su autor, Eric de Kermel, conduce a través de ese mágico paraje que son los libros»

Leer, sin duda, es uno de actos donde la libertad encuentra su pleno espacio. a partir de las lecturas que elegimos, derivamos hacia un pensamiento propio que nos pertenece, pero que también nos identifica. A partir de un libro recomendado o no, se adentra en una historia, en reflexiones, en opiniones que aunque pertenecen a quienes los escribieron, pasan a formar parte del lector o lectora, independientemente si se está o no de acuerdo con lo leído o si produce mayor o menos satisfacción.

Los libros, el hecho de leer, enriquecen y, en tantas ocasiones, sanan desde el silencio en el transcurso de sus páginas. También, al compartir relatos, se abunda en la comunicación con otras personas lectoras que no tienen porqué tener una misma forma de pensar pero coinciden en una lectura determinada.

«La librería de los deseos» es una oda a la lectura y sus parabienes desde la máxima que existe un libro perfecto para cada uno de nosotros y en la ficción que da nombre a esta obra se incide en que podemos reconocernos en un título concreto o un tipo de lectura. La bella trama de este libro se desarrolla en una pequeña ciudad del sur de Francia, de paradisiaco entorno, y a la que decide emprender mudanza la protagonista tras saber que la librería  del lugar estaba en venta. Tras los preparativos y en breve espacio de tiempo, la librería se convierte en lugar de referencia y encuentro de los lugareños, pero sobre todo, la propia librera también en confidente, guía y mediadora de una serie personajes de diversa afectación de la vida que acuden a su consejo.

Un relato grácil, generoso, que desvela el alma humana y que su autor, el periodista Eric de Kermel, conduce a través de ese mágico paraje que son los libros.

Antonio Ramirez Velez

Indígena melillense con varias decenas de años a mis espaldas. Periodista de profesión y dedicación institucional desde hace muchos años en lla Ciudad Autónoma de Melilla, anterior Ayuntamiento, con una paso también en la Administración del Estado, Delegación del Gobierno. Responsable en diversas legislaturas de gabinetes de prensa y relaciones institucionales, comencé a entender, hace tiempo ya, que el poder es un mar de ambiciones y conjuras permanentes y por ello la verdad, cuando sobrevive, vale su precio en oro. Mi paso por medios de comunicación, tanto públicos, como privados, me enseñó de la gran asignatura pendiente que tienen, aún, generaciones de periodistas sobre la consideración de su profesión y la dignificación de la misma.

Lector aplicado, que intento ser, concibo a los libros como uno de los últimos reductos de la libertad de pensamiento, generadores de opinión y salvaguarda, por ello, de la voluntad. Lo único que no nos puede ser arrebatado (Víktor Frankl).

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