
«La tragedia del Gneisenau es uno de los episodios más tristes de la historia de la ciudad de Málaga, que a su vez constató la solidaridad y la entrega de los malagueños»
La Navidad de 1900 en la ciudad de Málaga (España) estuvo marcada por la tragedia y el dolor ante el naufragio de la fragata alemana Gneisenau a casi una milla del puerto de la ciudad, un trágico suceso que marcaría durante largo tiempo a la hospitalaria ciudad.
August Neidhardt von Gneisenau (1760-1831) fue un gran militar prusiano, bien considerado y admirado tanto por su trabajo como por su valía humana; en su memoria, varias calles, estación de ferrocarril y navíos alemanes llevan su nombre. Entre las embarcaciones la conocida como fragata Gneisenau, protagonista del suceso acaecido en la ciudad malacitanas a principios del pasado siglo XX.
Dicha fragata, por deseo expreso del gobierno alemán, pidió permiso a las autoridades españolas para fondear el puerto malagueño con la idea de ocupar una posición armada estratégica cerca de Marruecos y así defender los intereses alemanes en la zona ante la posible amenaza que el país africano representaba.
El gobierno español aceptó y le concedió el permiso, no solo por una cuestión de seguridad, también porque suponía ingresos para la ciudad y alrededores por parte de los casi quinientos marineros que componían la tripulación que durante un mes visitaron la ciudad y su entorno aportando importantes beneficios económicos; a esto hay que sumarle el prestigio de la ciudad malacitana ante los agasajos, fiestas y reconocimientos a los oficiales alemanes.

El 15 de diciembre las autoridades darían aviso de la llegada de un fuerte temporal que se acercaba por Levante, sin embargo, el almirante Herr Kretschmann al mando de la fragata hizo caso omiso a la recomendación de la Comandancia de Marina, por su cabezonería, convencido de la solidez del barco y confiado en la tranquilidad de las aguas malagueñas.
A pesar de su negativa inicial, pronto se daría cuenta de su error ya que en poco tiempo el fuerte viento que azotaría con gran intensidad llegaría a romper dos de las anclas de la nave por lo que el capitán se vio obligado a ordenar levantar el resto para acercarse al puerto, algo que no consiguió pues la embarcación fue abatida fuertemente y no logró alcanzar la costa de tal manera que el agua comenzó a inundar el barco, comenzó a escorarse y se estrelló contra las rocas. Se intentó la evacuación, pero la situación era caótica, los marineros intentaron por todos los medios controlar la situación, pero fue inútil, los botes de salvamento se hundían o se golpeaban contra las rocas y muchos hombres se lanzaron al mar para intentar salvarse llegando a tierra. A las 11.30 de la mañana el barco, arrastrado hacia el malecón, perdió completamente el control y comenzó a hundirse.

La noticia de la tragedia corrió como la pólvora por la ciudad que rápidamente se movilizó para prestar ayuda. Los ciudadanos, fundamentalmente marineros, prepararon todas las barcas posibles para salvar a los ocupantes del barco, con palos, cuerdas e incluso a nado se dispusieron a rescatarlos. Málaga se involucró enormemente en esta misión que acabó con la vida de cuarenta y un tripulantes, entre ellos el inconsciente Kretschmann y doce malagueños.

Ante la imposibilidad de hospitalizar a todos los heridos, la ciudad entera se convirtió en un gran hospital ya que el Ayuntamiento acondicionó varios espacios para atender a los enfermos; por otra parte las familias ofrecieron sus casas para acoger a muchos de ellos, creándose lazos muy firmes en algunos casos como es el caso del joven marinero de 21 años Emilio Otto Lehmberg al que la tragedia le traería la felicidad, ya que fue atendido en un palacete de calle Cristo de la Esperanza donde vivía la familia Ruíz Rodríguez, de cuya hija, Concepción, se enamoró. La pareja se casó felizmente y de este matrimonio nacería el famoso compositor Emilio Lehmberg Ruíz (1905-1959), autor de algunos populares temas de revista como el conocido “Cántame un pasodoble español”.

Los fallecidos fueron enterrados en el Cementerio inglés de la capital donde un monumento, junto a un resto de madera de la fragata, rememoran la tragedia, un suceso que desde el siglo XV no se repetía en la ciudad cuando se rescató una nave que debido a la niebla naufragó, estando al mando del capitán de fragata, Pero Niño Lasso de la Vega (1378-1453). Los habitantes de la ciudad en tal ocasión acudieron a rescatarlo, en esa fecha, 1404, se encontraba aún bajo poder musulmán.
Años más tarde, una nueva tragedia tendría lugar en Málaga, de nuevo con el agua como protagonista, pero en este caso proveniente de la montaña, las inundaciones de 1907, la Gran riá o la Riá del 7 como es conocida por los malagueños. Una catástrofe que acabó con la vida de veintiuna personas y ocasionó numerosos heridos tras el desbordamiento del río Guadalmedina que inundó las zonas bajas de la ciudad derribando algunos puentes y destrozando barrios tan emblemáticos como el Perchel y la Trinidad.

Ante tal situación el gobierno alemán, en agradecimiento por la labor tan arriesgada por parte de los ciudadanos ante la tragedia del Gneisenau, se ofreció a construir un puente en la zona donde fue destruido el antiguo de Santo Domingo, que llevaría el mismo nombre pero que será conocido en la ciudad desde entonces como el Puente de los Alemanes. Se construyó en 1909, está realizado en hierro y es de paso peatonal, a modo de pasarela. Al principio de los años ochenta el Ayuntamiento de Málaga pidió ayuda a la República Federal Alemana para su restauración, llevándose a cabo con éxito.
Un puente emblemático en la ciudad que, aunque no hermoso, por la valentía de los malagueños en honor al valor de esas personas que dieron la vida por sus hermanos alemanes.

La tragedia del Gneisenau ha sido un tema representado por muchos pintores que han aportado su grano de arena a la historia de la ciudad; entre ellos el reconocido como uno de los mejores marinistas del siglo XX y a nivel personal entrañable y admirado, el malagueño Vicente Gómez Navas (1931) que ha representado este incidente en varias ocasiones o Esteban Arriaga (1922-2009) que también realizó varias versiones del trágico episodio, considerado un prestigioso marinista que aunque canario de nacimiento desarrolló su carrera artística en Málaga.
Uno de los episodios más tristes de la historia de la ciudad de Málaga, que a su vez constató la solidaridad y la entrega de los malagueños, lo que le valió el título a la ciudad de “Muy Hospitalaria”, distinción otorgada por la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena (1858-1929), segunda esposa de Alfonso XII (1857-1885), que desde entonces figura en el escudo de la ciudad.


