(y dos) ¿El frente del este? Deben arreglarlo quienes lo provocaron. Por José Crespo

El frente del este

«Sólo se sientan seriamente a la mesa de la negociación las naciones que disponen de unas Fuerzas Armadas de envergadura»

En 1991 Ucrania tenía el tercer mayor arsenal nuclear heredado de la Unión Soviética. Por el Memorándum de Budapest sobre Garantías de Seguridad, un acuerdo político firmado el 5 de diciembre de 1994, se ofrecían garantías de seguridad por parte de sus signatarios con respecto a la adhesión de Ucrania al Tratado de No Proliferación Nuclear. El memorándum fue originalmente suscrito por Rusia, Estados Unidos y Reino Unido como potencias nucleares. De esta manera Ucrania traspasó a Rusia 5.000 bombas nucleares y 220 vehículos de largo alcance necesarios para usarlas, incluyendo 176 misiles balísticos intercontinentales y 44 aviones bombarderos de gran alcance con capacidad nuclear. Hoy algún tertuliano que va de geoestratega dice que Ucrania no debió nunca entregar su armamento nuclear. 

 El memorándum incluía garantías de seguridad frente a las amenazas o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania, así como la de Bielorrusia y Kazajistán. Como resultado, Ucrania cedió o más bien devolvió el tercer arsenal de armas nucleares del mundo entre 1994 y 1996. Acercándonos a la actualidad, recordemos que en 2014 en Ucrania se produce un golpe de estado, favorecido y alentado por los EEUU, conocido como Euromaidán, desarrollado entre el 21 de noviembre de 2013 y su culminación el 23 de febrero de 2014, organizado no por la OTAN sino en base al intento de unos acuerdos de asociación y comercio entre la Unión Europea y Ucrania que el presidente Yanukovich intentaba frenar. No es casual la responsabilidad en este golpe de estado del oligarca George Soros y la administración Obama para derrocar al presidente electo democráticamente Viktor Yanukovich, gobernador del óblast de Donetsk entre 1997 y 2002. 

Viktor Yanukovich

Tras derribar al presidente y para sustituirlo pusieron en su lugar a un nacionalista ucraniano, como sabemos toda la maniobra se disfrazó, con la complicidad de la prensa occidental, como una respuesta a un supuesto malestar social como pudimos ver ante las cámaras de toda Europa. La situación de golpe de estado fue tan clara y evidente que Francia y Alemania conjuntamente con Rusia intervinieron para dar garantías a Yanukovich de que no le iban a derribar y de que iba a acabar su mandato electoral hasta las nuevas elecciones. 

Conocido este apoyo europeo, el embajador norteamericano en Kiev, Geoffrey Pyatt, pidió instrucciones a su gobierno en Washington, pues parecía que el intento de derrocamiento que pretendían Soros y sus millonarias inversiones (Open Society Foundations), Obama y Clinton, no iba a prosperar. 

Victoria Nuland (parte de la banda de los cuatro estadounidense: Biden, Blinken, Sullivan y Nuland) secretaria de Estado adjunta para asuntos europeos de EEUU, brazo ejecutor del proyecto Ucrania, de fatal y desmesurada arrogancia, hace referencia durante la conocida conversación telefónica a que la ONU podría nombrar en los próximos días a un nuevo enviado especial para Ucrania y que esto ayudaría a impulsar el final de la crisis ante la supuesta inacción de la UE y que no se podría derrocar a Yanukovich… «Y ya sabes, ¡que se joda la UE!», afirmó la secretaria… «¡Exactamente!», contestó el embajador. 

Un portavoz del Gobierno alemán señaló seguidamente que la canciller Merkel consideraba «totalmente inaceptable» el comentario de Nuland. Está clara la interferencia norteamericana en los asuntos ucranianos exclusivamente por sus intereses geoestratégicos y ello nos ayuda a comprender el golpe de estado de 2014 en Ucrania. 

El golpe siguió adelante, lo derriban y los nacionalistas ucranianos toman el poder. Crimea decide separarse de Ucrania y el 27 de marzo de 2014, en respuesta a la crisis de Crimea, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 68/262 (llamada de Integridad territorial de Ucrania), logrando la firma de cien países ignorantes de la realidad ucraniana para afirmar el compromiso de las Naciones Unidas para reconocer a Crimea como parte de Ucrania, rechazando el referéndum sobre el estatus político e ignorando la cesión gratuita que se había hecho de este territorio ruso durante la URSS. 

Tras la recuperación del territorio ruso de Crimea por parte de Rusia, Estados Unidos declaró aquella situación como una violación de sus obligaciones para con Ucrania en el contexto del Memorándum de Budapest, y una clara violación de la soberanía y la integridad territorial de Ucrania. 

Es en ese momento con la llegada de los ultranacionalistas ucranianos al poder, tal como he mencionado, en esta secuencia temporal, cuando las regiones sin nacionalismo ucraniano de Dombás o Donbass, Donetsk (RPD) y Lugansk (RPL), deciden su separación continuando desde ese momento un acoso, bombardeo, ataque indiscriminado a civiles, sembrado de los campos de cultivo con minas contra personal, etc., que duró ocho años, ya sea bajo el gobierno del empresario Petró Poroshenko (2014-20 de mayo de 2019) y su relevo el actor Volodímir Zelenski estrella de la serie de televisión Servidor del Pueblo, nombre del partido político creado en 2018 por su productora de televisión en marzo de 2018, en la que interpreta el papel de presidente de Ucrania. Zelenski apoyó el movimiento Euromaidán entre 2013 y 2014 y durante la guerra en el Donbass apoyó activamente a las fuerzas uniformadas actuantes en la región como el tristemente conocido batallón Azov de ultranacionalistas ucranianos. 

Dice Trump..

Todo este territorio se conocía como Nueva Rusia, también llamada Novorrusia, nombre histórico de un territorio del Imperio ruso surgido tras la conquista por Rusia en 1774 del Kanato de Crimea, uno de las regiones sucesoras del Imperio mongol de la Horda de Oro, tras las guerras ruso-turcas. 

Los bombardeos apoyados por Zelenski sobre todo el territorio de Dombás han sido la causa de más de 14.000 muertos inocentes en su mayoría civiles de los que ni la BBC, CNN ni ninguna otra cadena del conocido como ‘mundo libre’ se hizo eco en ningún momento. En 2015, en un intento de evitar las matanzas que venían perpetrando las fuerzas nacionalistas ucranianas en la región, se firmaron unos acuerdos con cobertura internacional, los tan esgrimidos Acuerdos de Minsk, en los que el gobierno ucraniano se comprometía a dejar de bombardear estos territorios permitiendo el uso de su lengua materna, el ruso, en la educación pues habían impuesto el ucraniano. 

 Estos acuerdos según la OSCE, Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, han sido denunciados por haber sido violados en más de 11.000 ocasiones. EEUU pone en marcha sus terminales para crear un frente común contra Rusia en favor del más que corrupto gobierno ucraniano, o al menos alejado de los parámetros europeos, dirigido por Zelenski conocido como expropiador de sus oponentes, por el cierre de cadenas de televisión, o el encarcelamiento domiciliario del jefe de la oposición, Víktor Medvedchuk y que es incapaz de justificar el paradero de más de 1.500 millones de dólares en ayudas que algunos estarán disfrutando, con la práctica destrucción de su infraestructura energética, la pérdida de más de cincuenta por ciento de su población entre bajas, refugiados y emigrantes, daños por valor de más de 700.000 millones de dólares ante los que muchos se frotan las manos… ¿Quién o quiénes son los responsables de todo esto? 

Zelenski se encontró en la coyuntura de ver qué hacer, si pactaba con Rusia y cumplía los acuerdos de Minsk o proseguir con los bombardeos, hasta que finalmente creyendo que iba a recibir un apoyo cerrado de Europa optó por la segunda opción, momento en el que Donetsk y Lugansk se declaran independientes, como única solución extrema de supervivencia solicitando su entrada en la Federación Rusa que acepta la independencia de esos territorios, y es por lo que Putin reúne al Consejo de Estado y decide la más que anunciada y provocada intervención armada en la que Ucrania, como acabamos de decir, Zelenski pensaba que iba a recibir el apoyo unánime y cerrado de Europa y los EEUU metiéndose ambos en la guerra contra Rusia. 

Putin anunció su entrada, no una invasión y ocupación de todo el territorio ucraniano sino para liberar las zonas sacudidas por la guerra para atrapar a los culpables de los desmanes y ‘desnacificar’ el territorio y con el propósito de evitar la entrada en la OTAN de Ucrania, buscando su neutralidad, y menos permitiendo la posible ubicación de armamento nuclear en esta región. 

Es cuando los nacionalistas ucranianos se ponen en marcha para dibujar un país a su imagen y semejanza, pues no debemos de olvidar, reiteremos, que Ucrania en un país artificial, y no solamente en la zona oriental y demás territorios rusófonos sino también en los lugares con amplias minorías como bielorrusos, polacos, moldavos, rumanos o húngaros muy maltratados. La prueba de ese maltrato respecto a los húngaros fue que el presidente Orban se negó a participar del circo no mandando apoyo militar ni humanitario a través de su territorio hacia Ucrania, hecho por el que fue calificado como “putinejo” por un conocido influencer mediático radiofónico.

En julio de 2021 el presidente y humorista ucraniano, Vladímir Zelenski, suscribió la ley que denominó «De los pueblos autóctonos de Ucrania», en que no hay mención del pueblo rusófono, ni ninguna otra minoría, considerando como autóctono exclusivamente al pueblo ucraniano y exclusivamente alguna minoría folklórica que mencionamos más adelante. La Rada Suprema, el parlamento de Ucrania, aprobó la ley el 1 de julio. 

El proyecto de ley que presentó Zelenski, marcándolo como impostergable, define los derechos de los pueblos autóctonos así como los métodos para su cumplimiento y desarrollo. 

Lógicamente el presidente de Rusia, Vladímir Putin, declaró que la idea de dividir a los pueblos en autóctonos y no autóctonos conduce a recordar la teoría y la práctica de la Alemania nazi. En ese mismo sentido se sintieron amenazadas las minorías moldava, rumana, húngara, polaca y bielorrusa. La ley proclama como pueblo autóctono de Ucrania a una comunidad étnica formada en el territorio de Ucrania, portadora de una lengua y una cultura genuinas, que tiene órganos sociales, culturales o representativas, se percibe a sí misma como pueblo autóctono de Ucrania, compone una minoría étnica dentro de la población de Ucrania y no tiene su propia entidad estatal fuera de Ucrania. De esta forma erradica y convierte en parias a rusos y demás pueblos de Ucrania que no son de cultura ucraniana. La ley define exclusivamente también como pueblos autóctonos, en particular, a los que se formaron en el territorio de Crimea: los tártaros de Crimea, los caraítas y los krimchaks. 

 La ley afirma que «Los pueblos autóctonos de Ucrania, de acuerdo con la Constitución y las leyes del país, tienen el derecho a conservar y fortalecer sus propias instituciones políticas, jurídicas, sociales y culturales, manteniendo la participación en la vida económica, social y cultural de Ucrania», hecho del que ya se venía privando en las zonas rusófonas solo que ahora se haría por ley. 

A los pueblos autóctonos de Ucrania se les garantiza el derecho a crear sus centros docentes, recibir enseñanza en su lengua natal e instituir sus medios de comunicación. También se señala que el Estado se compromete a garantizarles la protección contra los actos de genocidio y otros actos de coerción y violencia. 

Hay que reseñar que el pasado 14 de octubre de 2018, la Iglesia Ortodoxa de Ucrania anunció su separación del Patriarcado de Moscú. Este acontecimiento, junto con las leyes que proclaman el ucraniano como único idioma oficial y las que erradican la memoria común, forma parte del proceso de ucranización que comenzó en 2014, y se aceleró tras la reacción rusa con la recuperación rusa de Crimea y la guerra de Dombás. La ucranización pretendió crear una identidad nacional por la fuerza, lo que aleja a Ucrania de la construcción de un modelo de sociedad abierta, libre y democrática que fue el principal objetivo de la revolución de Maidán. En realidad hoy Ucrania no es más que la herencia de un país inventado por el Soviet que en su configuración actual perteneció a distintos reinos e imperios. 

Nueva Rusia.

Sobre Crimea recordar que Rusia tenía firmado un contrato de arrendamiento con Ucrania hasta 2042 para tener su único puerto militar en el Mar Negro en Crimea, una península que hasta 1954 había sido siempre territorio ruso pero que el mandatario comunista Nikita Kruschev regaló graciosamente a Ucrania durante una parte de la Guerra Fría. Recordemos que la mayoría de los habitantes de la Crimea son de ascendencia rusa y la península es también el lugar de vacaciones para más de un millón de visitantes rusos al año, para hacernos una idea más que el número de visitantes de norteamericanos de EE.UU. y Canadá a Cancún. 

En enero de 2022, El jefe de la Armada alemana, el vicealmirante Kay-Achim Schömbach, señaló que hay que dar al líder ruso Vladimir Putin “el respeto que se merece”, afirmó que era un «sinsentido» pensar que Rusia pretendiera invadir Ucrania, que la postura de Putin merecía «respeto» y que hay que admitir que «la península de Crimea nunca volverá a Ucrania». 

En esta guerra, aparte de las víctimas mortales por ambos bandos, hay una gran perdedora y no es otra que el títere de la Unión Europea, esa piscina de pijo-progres que tiene por socorrista a los EEUU. De momento la locomotora europea que es Alemania ha entrado en recesión y se augura la quiebra de varios países europeos, y entre ellos está España como primero de la lista. Como ganadores del conflicto, tenemos un tridente en el que tres victoriosos ocupan el podio sin mancharse las manos de sangre… directamente. En primer lugar están los grandes vendedores del comercio de armas y lo vemos, por ejemplo, en el gasto alemán previsto en Defensa para los dos próximos años consistente en la astronómica cantidad de 100.000 millones de euros para adquisición de armamento. 

Y como no podemos olvidar que se trata de una guerra energética, en este sentido se encuentra entre los vencedores, la amalgama de las energéticas norteamericanas, EEUU y Canadá, considerando que el gas norteamericano cuesta un 40 por ciento más caro que el proveniente de Rusia. Y mientras, en España se echan balones fuera desde hace años, seguimos sin dar el paso para retomar y desarrollar la energía nuclear propia como fuente de suministro limpio y además baratísimo y fomentar la búsqueda de otros materiales como las “tierras raras” y el petróleo y el gas. 

Y así llegamos al otro gran vencedor que no es otro que la Agenda Globalista, dado que Rusia en la cabeza visible de la oposición frontal a este proyecto de ingeniería social en el que se está anestesiando a Europa con el consiguiente recorte de libertades y el ataque a la soberanía de las naciones y a la familia, en ese conocido eslogan de ‘no tendrás nada y serás feliz’ lanzado desde Davos que nos programa para un mundo diseñado por las élites globales para 2030. 

Los campos salvajes, antaño saqueados por los turcos para obtener mano de obra y mujeres destinadas a la venta de esclavas.

Y haciéndose con el mango del tridente se encuentra el omnímodo victorioso que no es otro que China, que se erigirá, si nadie lo remedia, como primera potencia mundial, pues con el debilitamiento de los EEUU perdiendo el liderazgo mundial y al haber expulsado a Rusia de Europa se ha alejado la posibilidad de un gran poder occidental que habría cubierto el hemisferio norte, de haber existido voluntad de modelarlo, y se extendería desde Canadá a Vladivostok, apoyado en el hemisferio sur en Brasil, Sudáfrica y Australia. 

China, un país comunista donde no existen ni derechos laborales o sindicales, donde no hay problema con energías verdes, ecologismo ni cosa parecida, está encantada de que el débil pelele de la UE, que se ha desentendido de su Industria entregándosela comodonamente, que la OTAN haya empujado a Rusia a sus brazos y de que EEUU se haya convertido el fiel creyente de la agenda globalista, hasta día de hoy que ha cambiado de rumbo gracias a Trump, que señala la pérdida de la hegemonía norteamericana para el final de esta década. Esa hegemonía la venía ejerciendo los EEUU desde 1991 a partir del colapso de la URSS quedando como única superpotencia, que ha sido incapaz de aprovechar con auténtica visión estos treinta años transcurridos para reforzar y desarrollar su hegemonía, asociándose, acercando y aglutinando en Occidente a quien había sido su enemigo, antes URSS, ahora Rusia. 

Mientras seguimos mirando a Ucrania y vemos el sufrimiento del pueblo que habita territorio ucraniano desde Donetsk a Transnitria y desde Kiev a Odessa, que recibe la solidaridad de las familias europeas y no se pone fin al conflicto, son exclusivamente las puntas de ese tridente, industria armamentística, energéticas y agenda global, y la mano victoriosa de China, los que se benefician de este conflicto. Ante todo esto he de decir lo repugnante que me resulta cuando se manosean términos como patriotismo o solidaridad de una forma tan frívola al servicio de intereses tan torticeros. 

El conflicto ruso ucraniano es lo más parecido a una guerra civil, como lo fue en Hispanoamérica, por lo que Putin, dibujado como un psicópata, trata, a pesar de la prensa y de los expertos tertulianos, de causar el menor número posible de víctimas y de limitar la destrucción. Se ha comprobado que tratan bien a los soldados ucranianos que hacen prisioneros, les desarman y les dejan marchar, a diferencia de los milicianos uniformados de Azov que disfrazados de civiles tratan de escapar. 

Tarjeta ilustrada de 1856 que forma parte de un conjunto de ochenta y dos cartas, una por cada provincia del Imperio ruso, en las que se enumeran las particularidades de cada región. En la imagen, la correspondiente a Besarabia.

Lo dije en 2022 y lo reitero… ¿Cuánto durará esta guerra? La guerra durará lo que los ucranianos tarden en aceptar una paz bajo las condiciones rusas, ni más ni menos. Básicamente consistirá en reconocer la soberanía rusa sobre Crimea y el Dombás, neutralidad y no adhesión a la OTAN ni quizá a la UE, y no sé si ya que están alcanzarán a Odessa y Transnitria, privando lógicamente a Ucrania de salida al mar, recuperando lo que siempre fue Nueva Rusia. 

En 2014 con la ley la «ucranización» se declaró como pueblos culturalmente ucranianos solo a ucranianos y a las minorías tártara y krimchack ,con derechos a respeto de lengua y tradiciones, no considerándose oriundos ucranianos a aquellos cuya cultura tuviera soporte en otro estado. Ello significaba que todos los de origen cultural y lingüístico ruso, bielorruso, polaco, húngaro, rumano y moldavo quedaban sin protección y obligados a adoptar la lengua ucraniana. Por eso el presidente Orban se opuso al paso por su territorio de ayuda a Ucrania. 2014 fue el inicio de la caza autorizada al ruso en Dombás.  

La decisión del gobierno ucraniano provocó la reacción defensiva de la población rusófona, recordemos que en Ucrania también hay bielorusos, y comunidades de polacos, húngaros, rumanos y moldavos, que quedan desamparados legalmente en su tradición cultura. 

La consecuencia no se hizo esperar, resultó en una feroz represión contra las regiones de habla rusa (Odessa, Dniepropetrovsk, Kharkov, Lugansk y Donetsk) que comenzó en febrero de 2014 y condujo a una militarización de la situación y algunas masacres que se sucedieron como la de Odessa, con la muerte abrasados de 46 rusófonos refugiados en un edificio de la Casa de los Sindicatos. 

Ucrania es un país de anteayer, región del imperio ruso y de la URSS a la que Kruchev le regaló graciosamente Crimea en 1954.  A Rusia la ha ‘jodido’ USA por vender gas más barato. A Rusia no le interesaba en absoluto esta guerra por la megainversión en ese gaseoducto norte, ahora cerrado y teniendo que comprar los países europeos un gas americano más caro. Desde la desaparición de la URSS, EE.UU. ha estado corrompiendo a los oligarcas ucranianos y enseñando la zanahoria de la OTAN, rompiendo la promesa hecha a Gorbachov, tras negarle su integración en Europa, de no avanzar hacia el este. El cómico Zelensky se creía que iba a ser apoyado en: ingreso en la OTAN, recuperar arsenal nuclear y carta blanca en la ley de ucranización, y en mi opinión ha dado un tremendo patinazo. 

Tras la firma de los Acuerdos de Minsk 1, el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, lanzó una gran ‘operación antiterrorista’ contra la región de Dombás, con mal asesoramiento OTAN conduciendo al gobierno ucraniano a la aplastante derrota en Debaltsevo lo cual le obligó a comprometerse con los Acuerdos de Minsk 2. 

 Los Acuerdos de Minsk 1, de septiembre de 2014 y Minsk 2, de febrero de 2015, no tenían en su horizonte ni la separación ni la independencia de las Repúblicas, sino su autonomía en el marco de Ucrania respetando la lengua y cultura. En esos Acuerdos lo que está recogido es que el estatus de las repúblicas debía ser negociado entre Kiev y los representantes de las repúblicas, para una solución interna en Ucrania. 

Por eso, desde 2014, Rusia exigió el cumplimiento de esos acuerdo violados sistemáticamente y negándose a ser parte de las negociaciones, por ser un asunto interno de Ucrania. Por otro lado, los occidentales, con Francia a la cabeza solo facilitaban el enfrentamiento entre rusos y ucranianos. Ello nos lleva a entender por qué nunca hubo tropas rusas en el Donbass antes del 23 y 24 de febrero de 2022. 

Mapa etnolingüístico de Ucrania

 Los observadores de la OSCE nunca certificaron antes de esa fecha el más mínimo rastro de unidades rusas operando en el Donbass y quedó ratificado en el mapa de inteligencia estadounidense publicado por el Washington Post el 3 de diciembre de 2021 que no muestreaba tropas rusas en Donbass. 

Respecto al deplorable estado moral y profesional del ejército, índice de deserciones, alcoholismo y sobre todo, galopante corrupción es interesante el informe  de coronel Jacques Baud que concluye cómo por estas motivaciones  el gobierno ucraniano recurrió entonces a las milicias paramilitares que desde 2020 constituyen el 40 por ciento de las fuerzas armadas de Ucrania con unos 102.000 componentes. Fuerzas paramilitares de extrema derecha y que tienen como modelo al nazi Stepan Bandera, declarado oficialmente con el título póstumo de Héroe de Ucrania el 22 de enero de 2010, por el presidente saliente de Ucrania, Víktor Yúshchenko. El Parlamento Europeo condenó el reconocimiento a Bandera,​ al igual que Rusia, así como políticos y organizaciones polacas y judías. El presidente entrante Viktor Yanukovich declaró ilegal ese premio, ya que Bandera nunca fue ciudadano de Ucrania, condición necesaria para obtener el premio. Este anuncio fue confirmado por una decisión judicial en abril de 2010.​ En enero de 2011, el premio fue anulado oficialmente. Una propuesta para conferir el premio a Bandera fue rechazada por el parlamento ucraniano en agosto de 2019. 

El 24 de marzo de 2021. Ese día, un crecido Volodymyr Zelensky emitió un decreto para la reconquista de Crimea y comenzó a desplegar sus fuerzas hacia el sur del país. Simultáneamente, se llevaron a cabo varios ejercicios de la OTAN entre el Mar Negro y el Mar Báltico, acompañados de un aumento significativo de los vuelos de reconocimiento a lo largo de la frontera rusa. Luego, Rusia realiza algunos ejercicios para probar la preparación operativa de sus tropas y mostrar que está siguiendo la evolución de la situación. 

En violación de los Acuerdos de Minsk, Ucrania realizó operaciones aéreas en Dombás utilizando drones, incluido al menos un ataque contra un depósito de combustible en Donetsk en octubre de 2021. La prensa estadounidense lo señaló, pero no los europeos y nadie condenó estas violaciones. Luego vendrían las infructuosas visitas de Macron a Putin y Zelensky  y el gobierno ucraniano crecido, posiblemente por sentirse apoyado por los EEUU, se negó a aplicar los citados acuerdos. 

Ucrania, el debate entre occidentales y prorusos.

 En este momento el gallinero europeo está dividido respecto a la ayuda a Ucrania, con la reunión del triángulo de Weimar en Berlín, las partes declararon que Ucrania y Europa deberían ser parte de cualquier negociación. El Kremlin, por su parte, advirtió de que un conflicto directo entre la OTAN y Rusia sería inevitable si la alianza envía tropas de combate, El canciller alemán, Olaf Scholz, se opuso al envío de tropas alemanas a Ucrania y el presidente francés, Emmanuel Macron, no ha excluido el envío de tropas terrestres a Ucrania en caso de que fuera necesario. Finalmente en marzo de 2024, Alemania, Francia y Polonia mostraron su débil unidad tras el tira y afloja entre Berlín y París sobre la ayuda a Ucrania, al acordar no fomentar una escalada en la guerra en curso… 

Por otra parte, y para terminar, es necesario subrayar que tanto en el lejano pasado como en el reciente siglo XIX y en el actual Occidente europeo, construido sobre las bases de la libertad y la democracia, sólo se sientan seriamente a la mesa de la negociación las naciones que disponen de unas Fuerzas Armadas de envergadura, los países que dedican un porcentaje decente de sus presupuestos a los gastos militares tanto de personal como de material, tal como aseveró Luis María Anson en su columna titulada El Ejército triturado, La Razón, aquel 6 de enero de 2002, y que reforzó y amplió el 22 de febrero de 2003 de forma categórica: «Nuestro talón de Aquiles radica en la debilidad de las Fuerzas Armadas nacionales. Unos presupuestos miserables desde hace muchas décadas han situado nuestro poderío militar a la cola de Europa… Los ejércitos son los pordioseros de los presupuestos españoles».

¿De qué va nuestro invidente y torpe presidente viajando ahora a Ucrania con su monaguillo de Exteriores? ¿De qué película o reportaje quiere hacerse protagonista? ¿con qué nos quiere distraer? Cuando es evidente su carencia absoluta de visión nacional, perspectiva de conjunto y mucho menos visión de futuro, con un único proyecto que es el de su propia persona y cuyo armamento, que no le va a servir absolutamente de nada, consta en exclusiva de un brutal arsenal dialéctico de tópicos y falso buenismo inmovilista, ñoñerías ‘calentológicas’ climáticas y de rancio woquismo.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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