Conversaciones en el andamio. Messié Condón. Por Francisco Gómez Valencia

Messié Condón.

«La condonación es un cheque en blanco firmado con la tinta de la necesidad política, pero el saldo lo ponemos todos»

Tranquilos mis cuates que Messié Condónya llegó y de las deudas autonómicas jamás se “sabió”. ¿Sabió? Será supo. ¿Supo? Para supositorio el que nos va a meter la Montero por el fistro, por la gloria de mi madre”.

Al mesías de la socialdemocracia europea, pagar semejante barbaridad por unos meses más de estancia en La Moncloa se la pela aunque sepan, que cada voto golpista va a costar a los españoles la friolera de 1.221 millones de euros.

17.104 millones catalanes mal invertidos tienen la culpa de mis desvelos y aunque la ministra de Hacienda muy aturdida y contrariada no entienda “la negación peperista”, de hecho ya ha aparecido algún lacayo de segunda regional socialista echando la culpa al PP por haber anunciado que votarán que no el día del aquelarre financiero autonomista. Y dará lo mismo lo que hagan los peperos porque la mitad de los votos para decidir el tema los aporta Hacienda, o sea que con uno más “vasconavarrocatalán”, bastará para perpetrar el escarnio y obviamente, ningún barón socialpepero podrá evitar que le borren de su pasivo contable la parte que le toque, por mucho que desde el PSOE se empeñen en decirlo.

Condonar financieramente no significa quitar o perdonar sino mover contablemente algo de sitio o lo que es lo mismo, cambiar de manos o cajón un marrón cojonudo. Decía Nachete Dancausa –el supuesto joven “padawan” de Ayuso y presidente guaperas de las juventudes del PP–, que tocamos a 350 euros por español. A ver chato, dicho así y si el tema fuera preguntado en un hipotético referéndum vital, igual hasta te columpiabas debido a que los españoles somos muy amables como los Fernández y muy analfabetos como Patxi. Así que sin duda, me quedo con la versión de dividir el canje de la pasta por los votos “catalufos” en el Congreso como mencioné antes y que por ley anunció que no es de mi cosecha, sino del intelectual y parlamentario madrileño Don Pedro Corral, en mi opinión ministrable para Cultura cuando llegue la hora.

Sánchez y sus cosillas que pagamos todos.

Hay decisiones que parecen sacadas de un guion de José Mota, y la condonación de 17.104 millones de euros de deuda a Cataluña tiene todos los ingredientes de una comedia chusca española, de esas en las que alguna fresca por contrato enseñaba las tetas y hasta el “parrús”. El acuerdo entre PSOE y ERC, sellado para apuntalar la investidura de “Perro Sanxe”, no es solo un asiento contable, sino otra bajada colectiva de “pantacas” y sobre todo un símbolo de cómo la política en España se ha convertido en el gitaneo semanal (sin acritud válgame el señor), donde todo tiene precio, y el del puesto de arriba con los “malacatones” más gordos, nunca paga de su bolsillo por tener el puesto montado en el mejor sitio del mercado. Mientras Cataluña celebra un alivio que también le ahorra 1.300 millones en intereses, el resto del país se rasca la cartera con cara de bobo preguntándose quién pone la guita. Pues quien va a ser: nosotros.

El Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), esa herramienta que el ínclito Mariano Rajoy ideó en 2012 para salvar a las CCAA del naufragio financiero, se ha transformado en un salvavidas selectivo. Cataluña, con una deuda que supera los 70.000 millones solo en este mecanismo, se lleva el premio gordo de la lotería sanchista: un 20% de ese pasivo pasa a ser problema del Estado. ¿Y qué es el Estado sino la suma de todos nosotros? Aquí no hay magia ni desaparición de deuda; hay un trasvase de responsabilidad que pagarán los contribuyentes de Jaén, Galicia o Extremadura, regiones que, por cierto, no han visto un céntimo de este pastel.

La política de Junts, viento en popa para Sánchez.

“El Gobierno de la mentira” asegura que la medida será extensible a otras autonomías del régimen común, pero la promesa huele a improvisación. Andalucía reclama 17.800 millones, la Comunidad Valenciana suspira por un trato similar, y Madrid, que apenas debe al FLA, se pregunta si le tocará algo por no haber pedido tanto prestado aunque “la Maroto” (que aún sigue sin dimitir por lo de Aldama) se apresuró a desvelar que Madrid toca a unos 8.000 millones conseguidos de alguna forma especial que aún no ha trascendido, pues la deuda madrileña asciende a unos 30.000 millones y están financiados a través de los mercados a intereses más altos y pagados, exclusivamente por los moradores del foro. La asimetría y el despelote es tan evidente que hasta el más imbécil ve el agravio: Cataluña, con un PIB per cápita superior a la media, recibe un trato que otros, más ahogados, solo pueden soñar. ¿Es esto equidad o un peaje político?

No nos engañemos: el problema de Cataluña no es solo de financiación, sino de gasto. Desde el 2000, su desembolso público ha crecido más que en muchas regiones que ahora cargarán con esta factura. Y mientras el Gobierno catalán clama por un déficit fiscal histórico –Junts lo cifra en 450.000 millones–, el resto de España podría replicar que sus impuestos también sostienen servicios que no siempre revierten en sus pueblos. Si el argumento es el impacto de la crisis del 2008, ¿por qué no un criterio uniforme para todos?

La condonación no resuelve el fondo del asunto: un sistema de financiación autonómica roto que Sánchez prefiere parchear con favores antes que reformar con valentía. Es un cheque en blanco firmado con la tinta de la necesidad política, pero el saldo lo ponemos todos. Y mientras el debate se encabrita, el independentismo ya afila el lápiz para pedir más cositas, así que esto no es un final feliz; sino un intermedio caro de algo que cada vez tengo más claro que llegará hasta 2027.

Feliz día de San Valerio de Astorga.

Españazuela a 25 de febrero de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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