
«Si de esta, todos los españoles de izquierdas y de derechas, y todos los europeos, no salimos a defender nuestro último reducto de libertad…»
Sería interesante someter a estudio y averiguar en qué momento el pueblo español perdió el orgullo, la dignidad y el coraje.
Aquella España temida, admirada y odiada a partes iguales por vecinos y anglosajones, pero siempre y ante todo por ella misma.
Si bien a España como tal aún le faltaba más de una docena de siglos, recuerdo aquellas tribus asturconas que, para luchar contra el invasor romano, los hombres se recogían una cola en el pelo para distinguirse de las mujeres que, por supuesto, también luchaban. Aquellas tribus que infundían miedo entre los soldados romanos colgando las manos amputadas de sus compañeros en árboles y despeñando, caballo incluido, a los oficiales que caían en sus manos.
También podríamos rememorar aquel 2 de mayo en Madrid cuando, navaja en mano, hombres y mujeres salieron a vérselas con el francés.
La penúltima gesta española fue en 1936, el único país del mundo que no perdió una guerra contra el comunismo; ni siquiera la todopoderosa Norteamérica, que salió de Vietnam con el rabo entre las piernas, puede decir lo mismo.
Desde entonces, mucho ha llovido y la democracia española ha conseguido empobrecer a los españoles, arruinar un país rico, encerrarnos tres meses en casa, inocularnos un veneno, abolir la propiedad privada, poner una alfombra roja a invasores, violadores y delincuentes varios.
Se podría pensar que no podría ir la cosa a peor, pero en Europa están maquinando el jaque mate no solo a España, sino al resto de países de la Comunidad Económica Europea: el euro digital.
En una Europa con escasa libertad real, el euro digital no solo terminará con el 50% de los empleos de la banca, con las propinas a los camareros o los escasos trabajadores de las gasolineras.
Terminará con los escasos ahorros que, sufriendo mes a mes, se consiguen meter en la hucha para un fin de semana al año; con darle esos veinte euros a tus hijos adolescentes para la hamburguesa; con el sufrido ahorro para ese regalo de cumpleaños o en comprarle a tu vecina la media docena de huevos de campo que a ti te gustan y a ella le ayuda en su economía.
Si de esta, todos los españoles de izquierdas y de derechas, y todos los europeos, no salimos a defender nuestro último reducto de libertad… que Alá nos proteja.

