
«Ambos partidos comparten la idea de que el Ejecutivo utiliza a los supuestos menores como herramienta política»
Como dijimos ayer si la actualidad pedrista nos lo permitía ahondaríamos en el tema de los MENAS pero especificando en el circo madrileño. Y aunque Pedro perdió las tres votaciones del Congreso llevándose tremendo revolcón, lo de Ábalos está candente, “la MEMA” quedó otra vez en ridículo y “la ministra tucán” votó contra “el pibón”. A este, es decir a Pedro, no se le ocurrió otra cosa que destacar en Bruselas (arrastrado, apaleado y abandonado por su Frankenstein), que a él lo que más le preocupa es que no le llamemos al asunto de las armas “inversiones para el rearme de Europa” (para matar personas básicamente), sino un “salto tecnológico”. Y no, no se trata se otra vuelta de tuerca a través de su “neolengua” –como dicen muchos–, sino un recurso literario conocido como metonimia o trasnominación, es decir usar un concepto de algo para decir otra cosa aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid.
“El pinfloi” va y para salir del paso se centra en la guerra tecnológica, como si entre ucranianos y rusos o entre palestinos e israelitas no se lanzarán bombas sino virus troyanos. En fin, que no se cansa de tratar a sus votantes como lerdos.

Volviendo al tema que nos ocupa para cerrar el círculo de los conservadores y su interpretación sobre la política migratoria, decir que en los últimos años, el tratamiento de los MENAS se ha convertido en un tema candente en la política madrileña, especialmente entre Ayuso y la inexperta e hilarante portavoz de Vox, Isabel Pérez. Aunque ambos partidos comparten una base ideológica de derecha y ciertas posturas sobre inmigración, sus enfoques difieren en matices y estrategias, a menudo marcadas por una teatralidad que busca captar la atención de sus respectivos electorados. Sin embargo, un análisis detallado revela más coincidencias de las que la retórica pública deja entrever, así como una tendencia de Vox a recurrir a escenificaciones burdas y propuestas irrealizables para diferenciarse.
Tanto el PP como Vox coinciden en su rechazo frontal a las políticas migratorias del Gobierno de Sánchez, especialmente en lo que respecta a la reforma del artículo 35 de la Ley de Extranjería, que busca facilitar el traslado automático de menores entre CCAA cuando los sistemas de acogida se saturen. Ayuso ha calificado esta medida de potencialmente inconstitucional por invadir competencias autonómicas, un argumento que Vox también ha esgrimido al exigir medidas drásticas e irrealizables como la repatriación inmediata de los MENAS. Ambos partidos comparten la idea de que el Ejecutivo utiliza a los supuestos menores como herramienta política, acusándolo de crear un «efecto llamada« y de no financiar adecuadamente su acogida. En Madrid, donde la Comunidad ha atendido a más de 1.200 MENAS en 2024, Ayuso ha insistido en la necesidad de recursos, mientras Vox vincula directamente la presencia de MENAS con la inseguridad, una narrativa que el PP no respalda explícitamente, pero que no desmiente con la suficiente convicción.

No obstante, Vox ha optado por una estrategia de diferenciación que roza lo grotesco. En la Asamblea de Madrid, la portavoz Isabel Pérez ha protagonizado intervenciones cargadas de dramatismo, como cuando invitó a Ayuso a imitar al presidente valenciano Carlos Mazón, quien afirmó que no aceptaría más menores bajo «ningún chantaje«. Pérez llegó a afirmar que Ayuso había dicho que «el nivel intelectual de los votantes de Vox es muy corto«, una tergiversación flagrante. En realidad, Ayuso se refirió a la propia Pérez, acusándola de subestimar a sus electores al sugerir que Madrid podía incumplir la ley. Esta manipulación evidencia la táctica de Vox: exagerar y distorsionar para presentarse como una alternativa radical frente a un PP que, según ellos, se pliega a Sánchez.
La propuesta de Vox de «devolver a los 10.000 MENAS a sus países de origen« es otro ejemplo de su irrealismo. La Ley de Extranjería y los tratados internacionales obligan a las autonomías a tutelar a estos supuestos menores, algo que Ayuso ha reconocido al afirmar que «me guste o no, he de cumplir la ley«. Vox ignora estas limitaciones legales, ofreciendo una solución populista que suena contundente pero es inviable en la práctica. Así, mientras el PP madrileño busca un equilibrio entre legalidad y crítica al Gobierno, Vox recurre a una escenificación burda que, aunque efectiva para movilizar a su base, carece de sustento jurídico y expone sus contradicciones frente a un adversario con el que, en el fondo, comparte más de lo que admite.
Siento decir esto pero la portavoz Isabel Pérez o no está a la altura o la están quemando dado su carácter prescindible. Recordar que su paso por Vox Fuenlabrada sucedió sin pena ni gloria quedando eclipsada por Noelia Núñez del PP la cual, pues bueno, que quieren que les diga, hoy anda colocada en la dirección de Génova lo cual significa que en Sol también era prescindible. Lo curioso, es que mi admirado Fuster haya tirado de Pérez sacrificando sin duda una apuesta de futuro joven, abogada y mujer, lo cual en Vox debería cotizar algo más por lo pintoresco, ya que en este partido las mujeres continúan brillando con luz propia pero por su ausencia. En fin, “que mucho lirili y poco larala”, pero sepan que de Bambú solo sale más de lo mismo, Abascal, Abascal y más Abascal junto “al bueno el feo y el malo”, es decir el trio pintoresco formado por el eterno mosqueado con la vida (el tío Hermann), el hombre de los mil partidos (Girauta) y Buxadé, que pasaba por allí barriendo las cenizas del anacrónico Ortega Smith para quedarse con el invento junto al incombustible Kiko Méndez Monasterio y el siniestro Cabanas para darle collejas de vez en cuando al negro de Vox (que ya no es Bertrand “Mondongo”) sino el burgués, catalán y lo que haga falta, Ignacio Garriga.
Lo dicho: que una organización que carece desde sus inicios de cuadros a nivel local y autonómico decentes, aunque ideológicamente coincidan en lo básico con el PP, legalmente tienen un pifostio en la cabeza del copón y así les pasa, que se retratan ellos mismos quedando más radicales de lo recomendable pensando que así engañarán a algún pepero recalentado por “Feijoy” pero, ¿hay algún pepero que no lo esté al menos un poquito?
Y ese es el tema queridos, y es que aunque requemados, “mi Isabelita” nos ofrece ese plus que la otra Isabel, “la Pérez”, no nos aporta a nivel local y autonómico ni-de-co-ña.
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Feliz día de San Nicolás de Flüe.
Españazuela a 21 de marzo de 2025.

