
Conquisté, palmo a pequeño palmo, el terreno interior que nació mío. Reclamé, espacio a pequeño espacio, el pantano en que me quedé nulo. Parí mi ser infinito, pero me extraje con gran esfuerzo de mí mismo.
Fernando Pessoa, Libro del desasosiego.

«Yo me pregunto: ¿Qué es mejorar? ¿El humano necesita, acaso, un acelerante para aumentar sus capacidades o su valía?»
Hace unas semanas volví al Museo del Prado. Incluso en plena época de este llanto celestial –y, como definió en una feliz ocasión mi hija mayor, de caerse la pena a chorros–, Madrid bien vale una visita. El siempre inquietante Jardín de las delicias reunía a su alrededor a un nutrido grupo de veinteañeros que parecían fascinados, absortos en los detalles de la singular tabla de El Bosco. Mas ninguno rodeó el tríptico para mirar su parte posterior, cada una de las mitades en las que el mundo se nos ofrece encapsulado, al tercer día de su creación [1]. Así que, en pleno disfrute de la obra, celebré que, en diciembre del año pasado, Susana del Pino le dedicase su atención en este digital que compartimos. De alguna extraña manera, acudió a la mente el cuadro después de ver estos días la imagen con la que The Economist ilustra su artículo Cómo mejorar a los humanos, tan semejante y tan distinta a la vez del famoso Hombre de Vitruvio, de Leonardo da Vinci [2]. Sí, es peculiar la manera en la que conectamos los puntos, la forma en la que el rompecabezas se resuelve, pieza a pieza, con las aportaciones o las miradas que se proyectan sobre algo. Ignoro si algún día se cumplirá de una manera artificial este propósito, el que causa uno de los desasosiegos que padezco –uno de tantos, no un dolor aún– cuando deslizan intencionalmente sus mediáticos avisos.

Yo me pregunto –y les lanzo estas cuestiones–: ¿Qué es mejorar? ¿El humano necesita, acaso, un acelerante para aumentar sus capacidades o su valía? ¿En qué consisten esas supuestas ventajas? ¿No suscita la imagen de la revista –al contrario de lo que promete– un rechazo cierto, una desagradable inquietud? Para empezar, la obviedad de la ecuación Inteligencia Artificial = Hombre Artificial resulta grosera. El hombre, o mejor dicho el ‘ente’ –puesto que carece de atributos sexuales reconocibles–, posee la apariencia de una máquina cuyo servidor, alojado en el cráneo, fuese alimentado mediante un cableado que se ondula como la cadena del ADN. Y las manos sostienen sendas jeringas que certifican, quizá, un amplio suministro de fármacos. O de las dosis generosas de opioides, tal vez, que consigan anular el recuerdo de aquello que fue, un humano, antes de su conversión 2.0.

Posiblemente, la mejor aproximación al tema nos la ofrece Miklós Lukács en su libro Neo entes en el que desgrana varias cuestiones clave: El concepto de «neo entes», que consiste en una nueva categoría creada a partir de un modelo previo, transformado o reconfigurado –mejorado– en un mundo moderno donde han triunfado la alienación y el vacío existencial. Además, fusiona elementos de la filosofía, la ontología y la crítica cultural. Otro pilar en el que desarrolla su argumento es la crítica a la modernidad: la desconexión entre individuo y sociedad ha dado origen a tensiones crecientes que no dan una respuesta satisfactoria a las condiciones sociales y culturales del presente. En cuanto a la relación entre filosofía y realidad social, Lukács aborda cómo las construcciones filosóficas pueden, o no, reflejar la realidad de la sociedad moderna. Los nuevos retos de la modernidad no responden a las categorías filosóficas del pasado. Por ello, es necesario reconfigurarlas, puesto que han quedado obsoletas [3]. En definitiva, Lukács reinterpreta la ontología tradicional y muestra con lucidez cómo el mundo contemporáneo necesita nuevas formas de pensar sobre la existencia, la identidad y la realidad. El vídeo Neo entes. Tecnología y cambio antropológico en el siglo XXI | Miklos Lukacs y Andrés Barrientos resume a la perfección los aspectos más interesantes reseñados con anterioridad.
Desde la otra orilla, sin embargo, la percepción es muy diferente. Un conjunto de expertos y organizaciones confían ardientemente en los avances tecnológicos que culminarán en la fusión entre el hombre y la máquina. Entre los más conocidos se encuentran Yuval Noah Harari, con el superventas Homo Deus: Breve historia del mañana. Y el inventor, emprendedor, autor y futurista Ray Kurzweil, cuya notoriedad se debe a la formulación de predicciones que se han ido cumpliendo. Según refiere, este Experto científico y futurista calcula que el ser humano alcanzará la singularidad en solo 21 años:
El futurista visualiza un futuro donde los nanobots, pequeños robots a nivel microscópico, se integren de forma no invasiva en el sistema circulatorio humano. Esta tecnología permitiría una mejora significativa en la cognición y la conciencia, al combinar la inteligencia natural con la artificial en una única entidad.
La idea de la singularidad no es un concepto aislado. Filósofos y expertos en inteligencia artificial, como Marcus du Sautoy y Nick Bostrom de Oxford, también han debatido sobre la inevitable fusión de nuestras capacidades con la tecnología.
Asimismo, el interés por estos avances está en auge y ya existen universidades y organizaciones que fomentan los conocimientos sobre el tema. Por ejemplo, la Universidad de la Singularidad, ubicada en Silicon Valley. El Instituto de Ética y Tecnologías Emergentes (IEET), que anima a debatir sobre el transhumanismo, la inteligencia artificial y la bioética. Y la organización sin fines de lucro Humanity Plus (Humanity+) –anteriormente conocida como Asociación Transhumanista Mundial– dedicada a impulsar las ideas del transhumanismo. No obstante, las voces más críticas se hacen oír, como la de Nicholas Agar que explora en su libro Transhumanism: The History of a Dangerous Idea los orígenes del transhumanismo, su desarrollo y los debates éticos que lo acompañan. Agar examina tanto sus promesas como los riesgos involucrados. Al ser una materia tan novedosa como interesante y que genera, como es natural, una razonable inquietud, dejo para los lectores y curiosos las referencias a otras figuras [4] con enfoques a favor y en contra de esta hibridación que será un hecho –según nos aseguran– si Dios no lo remedia.

En caso de que la imaginación eche a volar delante del cuadro citado, la grisalla que contiene al mundo no lo representaría en absoluto al tercer día de su creación, sino al de su recreación. La quimera que más bien se revela ante nuestros ojos como un panorama de desolación –sin esperanza, inerte– sería el lógico resultado tras una catástrofe. Ya abierto el tríptico, el color espléndido confunde al espectador con la apariencia de una vida plena que, desde un inicio prometedor, poco a poco se degrada. Ahí está el engaño. Los detalles hablan por sí mismos. Las trampas se suceden en una narrativa de estampas con personajes variopintos mezclados con seres imposibles, fruto de la intervención humana, o agigantados. Esos pájaros que simbolizan la libertad, a los que se abrazan los hombres o en los que trepan. Los humanos, entregados al festival de emociones, delirantes, ignoran que su destino es la negrura infernal sin retorno posible. La figura del diablo contempla con satisfacción el triunfo de su obra.
«¿Qué ven, Jheronimus Bosch, tus ojos atónitos? ¿Por qué esa palidez en el rostro? ¿Acaso has visto aparecer los fantasmas de Lemuria o los espectros voladores de Érebo? Se diría que ante ti se han abierto las puertas del avaro Plutón y las moradas del Tártaro, al ver cómo tu diestra mano ha pintado tan bien todos los secretos del Averno» [5].
NOTAS_____
[1] El tríptico cerrado: La Creación del mundo.
[2] El hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci: análisis y significado.
[3] Uno de los peligros más evidentes podría conducir a una interpretación extremista de la propia vida humana. Y justificar equivocadamente prácticas como la eutanasia, bajo la premisa de que es necesario mantener un equilibrio entre naturaleza y humanidad para salvar el planeta.
[4] The Transhumanist Reader: Classical and Contemporary Essays on the Science, Technology, and Philosophy of the Human Future editado por Max More y Natasha Vita-More. Una colección de ensayos que cubren los fundamentos filosóficos y éticos del transhumanismo.
Enhancing Evolution: The Ethical Case for Making Better People de Nick Bostrom. Bostrom, un filósofo conocido por su trabajo en el transhumanismo y la ética, discute cómo la humanidad podría mejorar sus capacidades físicas y cognitivas a través de tecnologías emergentes.
Future Humans: Inside the Science of Our Humanity’s Tomorrow de Scott Solomon. Una mirada a las posibilidades del futuro de la humanidad, con un enfoque en cómo las ciencias biológicas podrían cambiar nuestra forma de ser y vivir.
«The Ethics of Human Enhancement» de Julian Savulescu. Este artículo examina los dilemas éticos y las implicaciones filosóficas de mejorar las capacidades humanas mediante la biotecnología y otras tecnologías.
«Transhumanism and the Human Future» de James Hughes. Un artículo en el que Hughes presenta una visión más pragmática del transhumanismo, enfocándose en cómo estas tecnologías podrían desarrollarse y los desafíos éticos que presenta.
Entrevista: Una entrevista con el transhumanista democrático James Hughes
Vídeos: James Hughes – Historia, Política, Utopía y Transhumanismo y Tecnoprogresismo y política transhumanista.
[5] El jardín de las delicias, de El Bosco: historia y significado
En un grabado de Cornelis Cort con el retrato de El Bosco, publicado en 1572, puede leerse un epigrama de Dominicus Lampsonius.

