
«Basta con observar los ataques al Estado de Derecho por parte de la izquierda actual para comprender qué es lo que realmente echa de menos de aquel régimen»
A pesar del pestazo de muerte y destrucción totalitaria de la II República, la izquierda española muestra su añoranza sin tapujos.
Hemos podido ver en estos días como Sánchez doblaba la cerviz ante el mausoleo del criminal vietnamita, mientras juega a la «resignificación» de un monumento español erigido a la reconciliación y al amparo de la Cruz. Como cada 14 de abril, es el día en que la izquierda española vuelve a darnos la matraca con las excelencias de la Segunda República.
La desnortada izquierda lleva décadas instalada en la acendrada defensa de la mentira afirmando que la Segunda República fue un ejemplar modelo de democracia, más bien todo lo contrario, que sin rubor nos presenta como modelo a seguir y referencia para nuestra ya muy debilitada democracia actual, si aún puede llamarse así.
Muy al contrario, aquel régimen con el crimen como bandera debe servirnos como ejemplo de lo que no se debe hacer en una democracia como tal, comenzando por el sectarismo que exhibió la izquierda desde su instauración declarando enemigos de la misma a los que iban en breve a asesinar, un sectarismo que respondía al deseo de media España, es decir la izquierdista, cuyo único proyecto no era otro que la liquidación física de la otra mitad.
El ímpetu con el que la izquierda se adueñó de la Segunda República desde su parto quedó más que probado en las elecciones generales de noviembre de 1933, las primeras en las que la mujer pudo ejercer su derecho de voto gracias a la derecha, un derecho que rechazó una parte de la izquierda alegando que las mujeres eran católicas y votarían a la derecha. Después de esa exhibición de talante claramente antidemocrático vino otra mucho peor, cuando tras la victoria electoral del centro-derecha, el PSOE encabezó un violento y sangriento golpe de Estado en 1934 que fue la antesala decidida y voluntaria de la Guerra Civil Española provocada por el socialismo.
Debemos recordar que durante la Segunda República, y por iniciativa de la izquierda, se violaron derechos fundamentales como la libertad de expresión, la libertad de educación y la libertad religiosa, con brutales episodios como las celebradas quemas de iglesias y conventos ya durante 1931, hechos repetidos por la izquierda en febrero de 1936, además de los ataques a la libertad de prensa, que se vio cercenada por un constante recurso a la censura gubernativa, como el que se nos viene encima.
Los ataques a las libertades durante la Segunda República fueron constantes, y vinieron marcados por los alegatos del PSOE en favor de la instauración de una «dictadura socialista» al modo soviético, según las propias palabras pronunciadas por el entonces presidente, Francisco Largo Caballero, y por los asesinatos cometidos por pistoleros socialistas, con ejemplos tan conocidos como «La Motorizada» del PSOE. Esa ola de crimen, terror, violencia política y de ataques a las libertades desatada por la izquierda tuvo su punto álgido en el asesinato del diputado derechista Calvo Sotelo por pistoleros del PSOE el 13 de julio de 1936, un hecho que acabó desencadenando la Guerra Civil de la que estaban seguros de obtener la victoria.
Cualquier bienpensado creerá que cuando la izquierda ensalza la Segunda República no se refiere a esos hechos oscuros, sino a sus aciertos, no sabemos cuáles. Basta con observar los ataques al Estado de Derecho por parte de la izquierda actual para comprender qué es lo que realmente echa de menos de aquel régimen, su pútrido pestazo antidemocrático, alimentado por socialistas y comunistas. No echan de menos la Segunda República por lo que tuviese de democrática, sino por lo que tenía de dictatorial. Es la misma vena totalitaria que ensalzaban el PSOE y el PCE por aquel entonces.
Recordemos que en aquel momento mostraron su contrariedad con aquel régimen pero no desde una óptica antidemocrática, sino desde la perspectiva de quienes querían tumbar lo poco que la República tenía de democrática para completar la faena y convertir a España en una república de corte soviético al modo de la URSS, que es lo que acabó convirtiendo la izquierda el territorio del bando republicano durante la Guerra Civil Española, incluso imitando el crimen y el genocidio que los soviéticos ya habían perpetrado durante las persecuciones dentro de la Rusia bolchevique.
