Carta abierta al teólogo Sr. Tamayo. Por Javier Ygartua

Carta abierta al teólogo Sr. Tamayo.

«El teólogo Juan José Tamayo vuelve a hablar de Dios como si fuera un personaje de tertulia. Aquí le respondo, con doctrina, con historia… y con un poco de paciencia»

Está usted hablando de Dios en términos humanos, cuando Dios no es humano.

Decía usted ayer en TVE que el problema de fondo de la actitud de la jerarquía católica con las mujeres radica en la masculinidad de Dios y la patriarcalización de la imagen de Jesús de Nazaret.

Le he de recordar que la Virgen María es Reina de los cielos y de la tierra, y fíjese si tiene importancia.

El amor de los cristianos a la Virgen y el culto que se le profesa, aunque del todo singular, es esencialmente diferente del culto de adoración que se da al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo.

El amor a la Virgen es camino para llegar a Dios y encuentra su expresión en las fiestas litúrgicas dedicadas a la Madre de Dios, presentes en todos los pueblos, y en la oración mariana, como el Santo Rosario, “síntesis de todo el Evangelio”.

Así que, señor Tamayo, fíjese la importancia de la mujer en el cristianismo.

Como veo que es usted un ignorante, le recordaré que Mulieris Dignitatem es una carta apostólica realizada por el papa Juan Pablo II sobre la dignidad y la vocación de la mujer, con ocasión del Año Mariano de 1988, y fechada el 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Virgen María, de ese mismo año.

Como no sé, señor Tamayo, si le va a dar tiempo a leer entre tontada y tontada que dice usted en los diferentes platos de televisión a los que va, le hago yo un pequeño resumen.

En esta carta apostólica, san Juan Pablo II, aparte de dar las gracias por su gran labor en la Iglesia y en el crecimiento de la sociedad, dice:

Ciertamente, es la hora de mirar con la valentía de la memoria, y reconociendo sinceramente las responsabilidades, la larga historia de la humanidad, a la que las mujeres han contribuido no menos que los hombres, y la mayor parte de las veces en condiciones bastante más adversas. (…) Respecto a esta grande e inmensa ‘tradición’ femenina, la humanidad tiene una deuda incalculable”.

¿No será mejor echar la responsabilidad a los seres humanos y no a Dios, ya que en tantas partes del mundo se impide aún a las mujeres su plena inserción en la vida social, política y económica?

Baste pensar en cómo a menudo es penalizado, más que gratificado, el don de la maternidad, al que la humanidad debe también su misma supervivencia.

Es urgente alcanzar en todas partes la efectiva igualdad de los derechos de la persona, y por tanto: igualdad de salario respecto a igualdad de trabajo, tutela de la trabajadora-madre, justas promociones en la carrera, igualdad de los esposos en el derecho de familia, reconocimiento de todo lo que va unido a los derechos y deberes del ciudadano en un régimen democrático.

Esto son cosas del ser humano, y no de Dios, señor Tamayo.

Mirando también uno de los aspectos más delicados de la situación femenina en el mundo, ¿cómo no recordar la larga y humillante historia —a menudo subterránea— de abusos cometidos contra las mujeres en el campo de la sexualidad?

A las puertas del tercer milenio no podemos permanecer impasibles y resignados ante este fenómeno. Es hora de condenar con determinación, empleando los medios legislativos apropiados de defensa, las formas de violencia sexual que con frecuencia tienen por objeto a las mujeres.

En nombre del respeto a la persona, no podemos además no denunciar la difundida cultura hedonista y comercial que promueve la explotación sistemática de la sexualidad, induciendo a chicas incluso de muy joven edad a caer en los ambientes de la corrupción y hacer un uso mercenario de su cuerpo.

Esto no es mío, aunque opine lo mismo, sino de san Juan Pablo II.

La responsabilidad es de los humanos y no de Dios.

Considero que debemos mirarnos más nuestros defectos y dejar de echar tanto la culpa a Dios.

El Libro del Génesis habla de la creación de modo sintético y con lenguaje poético y simbólico, pero profundamente verdadero: «Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó: varón y mujer los creó» (Gn 1,27).

La acción creadora de Dios se desarrolla según un proyecto preciso.

Sr. Tamayo, he intentado resumir lo máximo posible esta carta, más que nada para que mi director Manuel Artero no me eche la bronca, pero le emplazo a debatir con usted sobre este tema cuando quiera.

Si usted es teólogo, yo soy jugador del Real Madrid.

Un saludo

Javier Ygartua Ybarra

Ex interesado en la política, siempre interesado en el deporte, ahora prácticamente en forma. Madridista ante todo, futbolero y fan de la Selección Española. Hala Madrid y nada más.

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