De alcaldes y alcaldesas. ¿Qué se supone es un Alcalde? Por Antonio Ibarra

De alcaldes y alcaldesas

«Elegimos alcaldes para que sirvan a sus pueblos, pero muchos acaban sirviendo a su partido. En este Reino del PolitiQueo, el votante cree elegir a su representante… y se queda sin alcalde, teniéndolo»

Un alcalde es elegido para que luche por los intereses del municipio que lo elige. ¿Qué se supone que es un alcalde?

Un alcalde lo eligen los habitantes de su municipio para que luche y vele por los intereses del pueblo, de la ciudad que lo ha elegido para ese cargo. En esta España convulsa, con tantas administraciones paralelas y superpuestas, donde ninguna cede competencias y ninguna es responsable del área que gestiona, un alcalde lo tiene muy complicado para reclamar a su:

  • Diputación provincial

  • Autonomía

  • Ministerio central

…todo aquello que le corresponde en bienes y servicios para poder realizar bien su gestión en la alcaldía.

Primer escollo: cuando debe exigir fondos a su propio partido.

El primer escollo que tiene un alcalde para poder servir fielmente a sus electores es cuando ha de exigir fondos, ayudas… a alguien de su partido. Vamos, a su jefe de filas, el que lo ha de poner en las listas.

Lo tienen difícil. Si al que le han de exigir fondos es de su propio partido —o sea, su jefe de filas—, enfrentarse a él le complicará mucho volver a figurar en la lista a la alcaldía (lista confeccionada por el partido y aprobada por ese mismo jefe al que debe exigírselas). Y claro, si lo molesta mucho… adiós lista, adiós al chollo del PolitiQueo.

Este es el primer escollo para servir fielmente al pueblo —si es que les importa más vivir de la política que servirla—. Saben que, si son fieles al jefe y al partido, pueden ser incluidos en otras listas: a diputado autonómico, nacional, al Senado… y quién sabe si a algún cargo más elevado, de esa larga lista de oportunidades que tienen en empleos públicos muy bien remunerados. Vamos, que servir a su municipio puede quedar reducido a obedecer al de arriba y callar.


En resumen: el pueblo votó una lista para la alcaldía… y se quedó sin alcalde, teniéndolo.

Segundo escollo: exigir al adversario político.

El segundo escollo es todo lo contrario. Los fondos y ayudas los tiene que exigir a miembros del otro partido, porque siempre son dos. Habemus bipartido.


Y le responden con aquella célebre frase: «Si quiere algo, que me lo pida». Pero puede esperar sentado, porque van a hacer lo imposible para que su gestión fracase. Les preocupa más darle armas a su colega de partido para que, en la siguiente elección, sea su lista (la del otro partido) la más votada.


Y así, por sistema, le darán calabazas por euros.

Para LaCasta, el votante es un número de una larga lista al que mentir para que meta la papeleta en la urna.

Todo son problemas… para ellos. Problemas que crea el propio sistema, por elegir con ListasDeListos a los representantes del pueblo en todas y cada una de las administraciones del Reino.
¿Y por qué? Porque en ellas —las listas— sólo entran vividores de la política, individuos que han decidido que la política es su profesión, en lugar de estar en ella para servir al pueblo.

Su meta: subir escalón a escalón en el escalafón hasta llegar a la cima, sin importar los compañeros que dejan en el camino, aplastando sobre todo a los que compiten con ellos en su ascenso.
Para ellos, el votante no es más que un número en la larga lista de tontosdelvoto, a los que mentir y engañar, porque sólo son necesarios para meter sus listas en las urnas.

Votamos listas creyendo que son de nuestra ideología, pero sólo están en ellas para medrar: su única ideología es LaCasta.

Son listos que sólo piensan en lo que ganan y ganarán de, en y con su PolitiQueo. Hay muchos municipios que tienen la suerte de poder elegir partidos independientes, grupos locales para sus alcaldías: personas que no aspiran a vivir de la política y pueden huir de LaCasta.

Por un lado, lo tienen mejor: pueden olvidarse del bipartido. Pero no será un camino fácil. Lo único que jamás les podrá negar LaCasta es aquello que por ley no puede negarles. Otra cosa es todo lo que sea de designación libre: y sean los ministerios, las autonomías o las diputaciones de turno quienes lo concedan, visto lo visto, siempre será esta la opción más buena para el votante.

Pero como parece que nos gusta tropezar con la misma piedra —no una, más bien mil veces—, en unos rincones del Reino, al grito de: “¡Que viene la Derecha!”, se vota por temor a la izquierda. Y en otros, al grito de: “¡Que viene la Izquierda!”, se vota por temor a la derecha. Y se olvidan de la opción más lógica: no votar a ninguno de ellos por temor.


Porque ninguno son ni de la diestra ni de la siniestra. Todos ellos son antes, y por principios, Casta.
De profesión: su PolitiQueo. De políticos no tienen ni el nombre. Sólo tienen una preocupación, un único pensamiento: la ambición por lo que han ganado, ganan y ganarán politiQueando, viviendo con, del y en el cuento de su PolitiQueo.

No entenderé nunca al votante que vota por sistema a la lista de una sigla.

…por el temor de que salga elegida la lista con la ideología en la que no cree. Vota por sistema a logos, marcas, con listas de PolítiQué sin ninguna ideología. Todos, sin excepción, son antes listos de LaCasta, de la política profesional.

Y este IaioQuePiensa nunca entenderá al votante que vota por sistema siglas, logos, que hoy ya no son sino reflejo de una marca —ahora más comercial que política—, con unas ListasDeListos que no creen en la ideología que antes fue el alma de esos partidos.

Los PolítiQué han convertido esos partidos en empresas con ánimo de lucro en sus manos: vividores del PolitiQueo.
No entenderé nunca al votante que vota por temor a que gobierne la ideología en la que no cree, y vota entonces a unos ListosDeLista que tampoco creen en la suya, en esa que dicen defender.
Están ahí como podrían estar en otra: por mero azar del destino o porque les fue más fácil medrar con la gaviota que con la rosa.

Y las demás… Habemus bipartido. Los demás son sólo actores secundarios en el gran teatro del absurdo en que todos ellos —LaCasta— han convertido la política en este Reino.

@lamoscacojondra

Antonio Ibarra P.

Un Autónomo Jodido por LaCastaPoliticaProfesional que nos GoMierda. UnIaioQuéPiensa,y opina con LaMalaFollá qué tenemos de LosIaios que no saben, ni quieren callarse. Un Español Engañado Por LaCasta, sabiendo que ni Al GoMierdo, ni a LaOpoFicción, les gusta que pensemos, y menos aún que opinemos, si es Ellos de quién lo hacemos. Se que debo escribir YAYO, pero a mi gusta más escribirlo así, IAIO. Lo breve mejor, si lo breve es bueno.

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