El mundo se sume en el crepúsculo, pero yo narro como al principio, con la salmodia que me sostiene. El relato me exime de los disturbios del presente y me protege del futuro. Se acabó divagar como antes yendo adelante y atrás a través de los siglos. Ahora pienso solo en los días uno por uno. Mis héroes ya no son los soldados y los reyes, sino los objetos de la paz, todos igualmente válidos. Las cebollas secas, igual de buenas que los troncos que franquean el pantano. Pero nadie ha conseguido entonar jamás una epopeya por la paz. ¿Qué pasa con la paz, que no consigue apasionar largamente y apenas se deja describir? ¿Debo rendirme ahora? Si me rindo, la humanidad perderá su narrador. Y si la humanidad pierde algún día su narrador, habrá perdido también su infancia.
Wim Wenders, El cielo sobre Berlín (escena de la biblioteca)
«Troya fue el ejemplo. Ofrece con claridad una visión sobre el heroísmo y su ausencia, camuflada de provecho»
¿Los acontecimientos hablan por sí mismos o necesitan la voz de un narrador? Es curioso que, esta semana, el Lunes de Pascua nos haya deparado dos sucesos de gran trascendencia como son la muerte del Papa Francisco y la dimisión «con efecto inmediato» del director del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab. La coincidencia de ambos acontecimientos ofrece una visión diáfana hacia el nuevo orden mundial, ese destino inquietante. No se produce «en pleno cambio del orden mundial», como escribe Unai Cano en La Gaceta. Sin guardar semejanza alguna con Homero, a su manera el coautor de La gran narrativa ha sido un pionero capacitado desde su tarima de profesor que anticipa el devenir, porque en su obra «resume la Visión de Davos y explora cómo podemos dar forma a una narrativa común y constructiva para el futuro». Y si me atengo en exclusiva a la imagen de la portada, destaca ese mundo partido en dos grandes parcelas, cada una en mitad de la esfera como si los continentes estuvieran en plena fase de un alejamiento progresivo. Enfrentados en el plano visual, bajo la batuta de los líderes oportunos.
Troya fue el ejemplo. La conservamos en la memoria y aún proyecta su sombra en la actualidad. Troya significa el gran reinicio de otros tiempos y apunta posibles itinerarios, no siempre felices, con palabras que trascienden los siglos. Por ejemplo, ofrece con claridad una visión sobre el heroísmo y su ausencia, camuflada de provecho. Retrato fiel de los sinsabores de la derrota, que no tiene por qué ser épica ni resiliente –como se dice ahora–. Bajo el prisma de nuestra era, produce asombro la lucidez de advertir ya entonces a qué conduce la paulatina erosión de los cimientos y la debilidad subsiguiente. Brota, como la mala hierba, la demoledora disolución de los principios, la dejación o la cesión de la voluntad, primero en lo pequeño que –como un cáncer–, extiende su malignidad sin avisar. De esa tendencia hacia lo simple y lo fácil se aprovecha el enemigo sagaz, que saborea la victoria de antemano. Ya no existe ningún anciano venerable como un árbol robusto bajo el que cobijarse. Un Príamo que merezca a la vez nuestra compasión por el hecho de no poder afrontar ciertas batallas y llore consternado por la pérdida de los mejores.

Algo chirría hoy cuando, desde el palco de las instituciones, las proclamas de sacrificio adolecen de falta de sinceridad, incluso de dignidad. Y la falsedad se manifiesta asimismo con la machacona cantinela de la necesaria y rigurosa austeridad, solo para unos pocos ‘elegidos’. Si fuera real, nadie le pondría impedimentos, puesto que sería positiva en tiempos difíciles. El cebo salta a la vista. Morderlo o no supone un acto individual de libertad o sometimiento. Algo no va bien cuando se siente la pesadez de esas fórmulas repetidas que pretenden incrustar en la cultura dominante: Decrecer para reconstruir mejor –rezan sus medios–. Imprescindible recordar cuáles son los objetivos del Build Back Better. Consignas que no salpican ni rozan siquiera a los artífices del cambio del orden internacional basado en reglas [1]. En cambio, reclaman la urgencia de invertir millones de euros –provenientes incluso de los ahorros particulares [2]– para la adquisición y modernización de los equipos de defensa [3] que redundarán en beneficios muy concretos destinados a los mismos bolsillos de siempre [4].
Toda pequeña indignidad deja una huella indeleble, si queremos verla. El rastro de las víctimas de las batallas y las escaramuzas es apreciable. Y los enemigos se suman, para su mayor infortunio. ¿En qué momento la dignidad se echó a un lado y dejó la vía expedita con holgura hacia el camino equivocado? Voy a ilustrarlo con un suceso aún reciente que debería interpelarnos: ¿Cuándo permitimos que las huellas se borraran con la arena del olvido hasta hacerlas desaparecer? ¿En serio podemos mirarnos al espejo y consentir que no exista reparación por la riada de Valencia? ¿Qué reconstrucción van a acometer tras la devastación sufrida? ¿Han apostado por un proyecto, acaso, que evite desgracias futuras? ¿No fue una acción criminal contra los ciudadanos indefensos a los que se privó de auxilio intencionalmente?… Rescato las palabras de Santiago Posteguillo durante su comparecencia en el Senado: «Cómo se puede ser, por favor, desde las instituciones, tan miserable? ¿Cómo se puede ser tan miserable? No tienen ni idea de lo que está pasando la gente». No hay duda de que es el narrador de un escenario de guerra. «La sensación que hay en todas las poblaciones de las que yo vengo es que los políticos del siglo XXI apuñalan al pueblo».
Después, la pereza ha obrado como suele, apartando la incomodidad que supone el esfuerzo de regresar a lo correcto, de recuperar la memoria en vez de esquivar la verdad y mirarla de frente. El miedo propicia las peores alianzas. Sustenta el mercadeo más indecente y busca el soporte y la cooperación de otros medrosos interesados [5]. La pena es que nos hayamos acostumbrado a la ausencia de honor y de ideal. Castigados, descabalgados de la legitimidad que han usurpado las conveniencias. Ellos respaldarían la oportuna defensa de nuestro llamado bien común. Pero es extraño que las compuertas se abran con torpeza de forma tan frecuente permitiendo la entrada a toda suerte de peligros [6] y se desvíe la atención cuando las voces discrepantes [7] aluden a estos fallos clave.
Las hostilidades hacen diana en distintos objetivos. «Estratégicos», los llaman. No hace falta armamento sofisticado. Señalará sin error a los más desvalidos, reducidos a cifras, a estadística. Para colmo de males, la gran injusticia es apartarlos de nosotros como si fueran apestados, añadiendo –para mayor escarnio– el innecesario ingrediente de la desconsideración. Tristemente, erramos en reconocernos fuera de su alcance, a salvo de asechanzas inoportunas, aunque el signo de los tiempos apunta en otra dirección. Ya no se pronuncia la palabra paz con la misma convicción. Ya se convocan en bandos enfrentados y se acusan mutuamente de lo mismo, de imprudentes casi es lo de menos. Ya vuelve el fragor de las palabras hirientes. Aliadófilos. Prorrusos. Globalistas. Ultramontanos. Nazis.
Cuando el niño era niño
andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente
y que este charco fuera el mar.
Cuando el niño era niño
no sabía que era niño
para él todo estaba animado,
y todas las almas eran una.
Cuando el niño era niño
no tenía opinión sobre nada,
no tenía ninguna costumbre
se sentaba en cuclillas,
tenía un remolino en el cabello
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.
Cuando el niño era niño
era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué estoy aquí?
¿Por qué no allí?
¿Cuándo empieza el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol no es sólo un sueño?
Lo que veo, oigo y huelo,
¿no es solo la apariencia de un mundo ante el mundo?
¿Existe de verdad el mal
y gente que en verdad son los malos?
¿Cómo puede ser que yo, el que yo soy,
no fuera antes de devenir; y que un día yo,
el que yo soy, no seré más ese que soy?
Peter Handkle, Cuando el niño era niño (fragmento)
NOTAS______
[1] De l’« ordre fondé sur des règles », par Anne-Cécile Robert
[2] Al respecto, (Enrico) Letta propone a la Comisión Europea crear planes de ahorro paneuropeos para toda la UE que queden exentos de impuestos cuando la inversión se mantenga cinco años en proyectos estratégicos verdes, digitales o de Defensa:
La UE busca retener 300.000 millones de ahorro en Europa con incentivos fiscales
Euroverify: La UE no confiscará los ahorros bancarios de los europeos para invertir en Defensa
[3] Innovación tecnológica, ciberdefensa y cooperación: así se construye el próximo ejército europeo
[4] ReArm Europe es una iniciativa estratégica de defensa propuesta por la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen el 4 de marzo de 2025, cuyo objetivo es reforzar las capacidades militares de la Unión Europea. Se dio a conocer en una carta a los líderes europeos antes de la reunión del Consejo Europeo del 6 de marzo de 2025. El plan busca movilizar hasta 800 000 millones de euros para fortalecer la infraestructura de defensa de Europa en respuesta a las amenazas geopolíticas, en particular la guerra en Ucrania y las incertidumbres sobre el apoyo militar de Estados Unidos. (ReArm Europe – Wikipedia)
[6] El punto de vista del Parlamento Europeo y Naciones Unidas:
La lucha contra la inmigración irregular: mejorar la gestión de las fronteras de la UE
Foro Mundial de los Refugiados: Los hechos y la realidad de la migración hacia Europa
[7] Entre otras:
El desafío de la inmigración en Europa

