Siete horas a oscuras: el apagón de un país sin dirección. Por Rodolfo Arévalo

«Este apagón inadmisible revela una preocupante falta de previsión y liderazgo. No basta con esperar que no vuelva a ocurrir: es hora de exigir responsabilidades y protocolos eficaces»

Acaba de volver la energía, ahora mismo, a cuatro minutos de que los relojes marquen las siete de la tarde. Llevábamos desde las doce del mediodía aproximadamente en un apagón total. Esto, que no debiera tener un pase —dejar a un país sin energía más de siete horas— no debería volver a repetirse.

¿Cuántas personas atrapadas en atascos por no funcionar semáforos ni señales? ¿Cuántas en ascensores o en lugares como el metro? No, no debería volver a repetirse. Yo no soy técnico en estos menesteres, pero que al Estado, a la corporación de Red Eléctrica y a otros organismos les pille con el paso cambiado no tiene justificación. Y que, además, hayan pasado siete horas sin solución, menos aún.

¿Se sabe por qué ha pasado esto? Si se sabe, ya deberían estar los organismos oficiales y el Gobierno en pleno dando explicaciones. Si no se sabe, es aún peor, porque… ¿en qué manos estamos?

Se dirá que esto podría haber ocurrido bajo cualquier dirección nacional. Tal vez. Pero, al menos, habría habido más información inmediata. Solo algunas emisoras de radio, entre ellas la COPE, informaban del asunto, gracias —al parecer— a que contaban con generadores eléctricos.

Ya sé que es un caso no previsto, algo que nunca había ocurrido. Pero precisamente por eso, compañías de suministros esenciales como agua, electricidad, combustible y similares deberían tener protocolos para responder con rapidez, aunque los hechos sean esporádicos o imprevisibles.

No sé si el Gobierno actual ha tomado nota de lo ocurrido. En todo caso, no deberían esperar a mañana para diseñar un protocolo de actuación inmediata, por si esto volviera a suceder.

Podemos ser bienpensantes y asumir que se ha tratado de un fallo técnico desafortunado. Pero ¿y si no ha sido así? ¿Va a explicar alguien por qué ha ocurrido, o, como siempre, entre fútbol, la alegría de “que la vida sigue” y otras lindezas para mantener a la gente adormecida, no pasará nada?

Me temo que esto último es lo que ocurrirá. Más aún en un país donde la gente no lee, no se informa y le da igual todo mientras haya pan y circo. O mejor dicho: cerveza y pinchito.

Vivimos en un país donde el enfado dura un segundo, y no más. ¿Nadie se pregunta qué habría pasado si, en vez de un fallo, esto hubiera sido un ataque a puntos estratégicos de producción eléctrica? ¿Un experimento previo a algo más grave, organizado por potencias extranjeras?

Esta noche estaré atento a los informativos para ver si dicen algo medianamente creíble o si se limitan a contar el hecho, sin una sola explicación.

Ojo con esto: yo solo he sufrido un atasco monumental, como tantos otros. Pero pensemos en los enfermos camino del hospital, en los atrapados en vagones de metro o ascensores… y probablemente en otras situaciones peores.

Un país, incluso ante imprevistos, debería tener canales de información directa e inmediata para orientar y tranquilizar a la población. Aunque uno espere que la gente tenga el cerebro suficiente para pensar por sí misma, no hay que fiarlo todo a ello.

Y por todo esto estoy francamente enfadado con nuestro actual Gobierno y con el presidente Sánchez. Están ahí para lo bueno, pero no para dar la cara por lo malo que les ocurra a sus votantes —o no—, ni por lo que le pase al pueblo español en su día a día. Una situación como esta no debería convertirse en un caos por falta de dirección y liderazgo.

Esto, afortunadamente, no ha sido un “DANA 2”, pero podría haberlo sido. Y en otra ocasión, podría serlo. Los imprevistos, por muy imprevistos que sean, deben estar previstos. No solo por las fuerzas de seguridad —que suelen actuar con lógica y prontitud—, sino por el Gobierno de turno, que parecía haber vuelto ayer de vacaciones.

Un poco de seriedad no vendría nada mal.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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