¡MUY BUENOS DÍAS!
Hay momentos en los que uno se crea neblinas y como el mundo gira tan deprisa, centrarse y ver realmente lo que haces, se torna difícil. Cuando caes en la cuenta de ello, has realizado algo que no correspondía y no obstante, te dices: Adelante, merece la pena.
Esto es lo que me ha pasado con mi querido acompañante en el día de hoy, que hace varias semanas fue compañero en este saludo y volví a reclamar su compañía para este jueves.
Hoy cuento con la participación de Francisco Gómez Valencia colaborador habitual de esta revista digital, cuyas conversaciones en el andamio hacen que más de uno pierdan la cabeza y pienso que os sucederá algo parecido, cuando lo leáis hoy. Esta vez, podéis perder los sentidos.
Gabor Toth, Budapest, 1950 – 2019. Pintor. Naturaleza muerta, paisaje, retrato. Óleo. Sus obras se encuentran en colecciones públicas y privadas por diferentes partes del mundo.

«Puente de Venecia» Por Francisco Gómez Valencia
Es Venecia, un lugar hermoso, donde el agua murmura al pasar,
y entre sus viejas casas centenarias, el cielo se empieza a apagar.
El Puente, con forma sobria, se refleja en el canal sin luz,
y ese hedor que nunca descansa parece que le quiere hablar.
Las ventanas, con sus arcos, lo miran seguro con calma,
y los vidrios, reflejan las nubes, y se ven pequeñas luces,
un farol alumbra y con suavidad da color a la urbe al caer,
su brillo natural, que culmina, temblando en la corriente al correr.
Los muros, de tonos rojizos, guardan historias de otro tiempo,
con su resplandor dorado, la ciudad parece cobrar vida.
El balcón con balaustrada blanca se asoma al canal con encanto,
en su penumbra se percibe un pedazo de su gran pasado,
las barcas muy silenciosas, se mueven suaves al compás,
el cielo de morado se pinta, y la noche nos trae de nuevo, su carácter sin igual .
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«Puente de Venecia» Por Mila Soyyo
Aquella Venecia antigua, donde la noche asomaba
la luz iba componiendo cada rincón, cada alcoba
y a medida que avanzaba, los amantes navegaban.
¡Firmamento cúbreme! Crepuscular tú te hallas
busco y no encuentro vacía una góndola que vaya
al puente de los suspiros a encontrar una medalla.
La que me dejé olvidada, suspirando a su llegada
cuando apareció mi amor sonriendo y no vi nada
aunque sentí el corazón, palpitante entre mil brasas.
Brasas que no se consumen, si las atizas callada
escuchando como ruge el amor de enamorada
marcando en un calendario, cada día que me falta…
Para estar cerca de ti, abrazadita a tu espalda.
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Agradezco a Francisco Gómez Valencia, esta participación donde ha puesto unas notas poéticas muy bien encauzadas. También agradezco a Manuel Artero la confianza depositada en esta sección y su publicación.
Desde vuestra revista digital La Paseata os deseamos que tengáis un maravilloso día. Pensamiento: El don de tener palabra es importante, más aún lo es si viene acompañado de hechos. ¡Feliz jueves!
MMB

