El hedor de la Moncloa: a chamusquina huele España. Por Rodolfo Arévalo

El hedor de la Moncloa

«Desde que Pedro Sánchez gobierna, en lugar de fragancias democráticas, lo que emana de las instituciones es el tufo de lo quemado»

No quisiera importunar a nadie, pero, desde que gobierna el país el presidente Pedro Sánchez, parece que en todo lugar —ministerios, casas, calles, parques y jardines—, en vez de oler a ambientadores, flores o aromas habituales, todo huele a chamusquina. Tanto es así, que no sé si en algún momento la famosa ciudadanía va a tener que salir a la calle a reivindicar la Constitución que nos rige y guía desde el año setenta y ocho.

Todo parece indicar que sí, salvo que dentro de esa ciudadanía haya muchos individuos que o no se enteran —lo cual sería lo más habitual—, o se enteran y les da completamente igual volver a una mini dictadura que, con el tiempo, se convierta en una grande. Una madurada cualquiera siempre puede estar agazapada, esperando su momento para asaltar el poder. En este caso, no desde los cielos, sino desde los infiernos.

El olor más inquietante que existe es ese que no huele a nada, pero deja en el aire una brisilla de cosas quemadas. Y entre esas “cosas” no solo hay muebles institucionales: también se achicharran principios, dignidades, y hasta personas relevantes. Algunos de ellos militan en el PSOE, otros no; simplemente son empresarios. Pero esto puede afectar a cualquier otro animalito de Dios, caminante, paseante o simplemente habitante.

Ha aparecido, como si de un fantasma se tratase, una mujer hasta ahora desconocida para el gran público: una tal Leire Díez. Y su aparición ha espantado —o, al menos, inquietado— a un número considerable de personas, tanto dentro de su propio partido como en la oposición e incluso en cuerpos como la Guardia Civil.

No es que a mí me vayan ni me vengan el PSOE, la UCO, los jueces ni el “Pepe” que pase a mi lado por la calle. Tengo un lema que me aplico: “vive y deja vivir”. Y, mucho menos, se me ocurre interpelar al conjunto de instituciones del Estado de Derecho, porque no creo que ni yo ni nadie tengamos, por sí solos, la categoría política o civil suficiente para poner todo eso en tela de juicio. Máxime porque todo ello —la Constitución incluida— lo pusimos en marcha todos los ciudadanos del país mediante un referéndum libre y nacional para toda España.

Si alguien considera que puede criticar y poner en solfa alguna institución del Estado, puede hacerlo. Pero desde luego no utilizando términos como lo quiero muerto, máxime cuando se refiere a una persona relevante de una institución. No se puede consentir que quien no representa a la mayoría de los ciudadanos se permita ese lujo.

Me da igual quién sea, pero hay instituciones en el Estado que no pueden ser puestas en entredicho salvo que hayan perdido toda su credibilidad y su función. Y este no es el caso.

Deben de estar muy nerviosillos el presidente del Gobierno y sus raíces como para tener que recurrir a una línea de defensa tan tosca: cañonazos de improperios a diestra y siniestra, disparados contra personas que ni lo merecen ni están para servir de pim, pam, pum al capricho de cualquier “menda” al servicio de Moncloa. Un “por si las moscas” con metralla dialéctica.

Este comentario —que, según parece, fue hecho internamente en un partido concreto y no mediante mensaje telefónico— no debería haber molestado a nadie más. Pero cuando algo así se ventila públicamente con mala intención y a través de medios bien lubricados, los ciudadanos deberíamos estar ya con las ideas y la palabra en “prevengan”, por lo que pueda venirse encima.

Que sí, señora Leire: usted es muy libre de pensar y decir lo que quiera en su intimidad. Pero no a través de mensajes telefónicos que puedan hacerse públicos. Porque eso no está bien. Es peligroso para la estabilidad de “su” país, que también es el mío y el de todos los españoles.

Y es por todo esto por lo que empezaba diciendo que no quisiera importunar a nadie, pero desde que gobierna el país el presidente Pedro Sánchez, parece que en todo lugar —ministerios, casas, calles, parques y jardines—, en vez de oler a ambientadores, flores o fragancias democráticas, todo huele a chamusquina. Tanto es así, que no sé si en algún momento la famosa ciudadanía va a tener que salir a la calle a reivindicar la Constitución que nos rige desde 1978.

Todo parece indicar que sí. Salvo que, claro, esta sea precisamente la intención oculta del presidente del Gobierno: que las instituciones se chamusquen solas… mientras él las mira arder desde su trono monclovita. En ese caso, lo mínimo sería que llamase a su afiliada para meterla en vereda. En la vereda de la democracia.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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