El IPC es falso. Por Amando de Miguel

El IPC es falso.

«El Gobierno intenta dar la impresión de que el IPC no sea una cifra alarmante. Por eso, interesa, oficialmente, rebajar el valor que se ofrece como noticia»

Permítaseme la inmodestia de asegurar que deben de ser muy pocas las personas que hayan manejado tantas estadísticas como yo sobre la realidad de la España contemporánea. Aporto la prueba de más de una docena de libros y monografías en las que he analizado tales datos cuantitativos. La experiencia me ha dado un cierto olfato para detectar la bondad de una estadística. Lo aplico, ahora, al manoseado IPC (Índice de Precios al Consumo) de los últimos meses; para concluir que se trata de una medida falsa. El error debe de ser considerable. Seguramente, el valor real del IPC puede llegar a ser el doble de la cifra oficial. La discusión de si el IPC altera, solo, unas décimas es como ponerse a dilucidar si los que vienen son galgos o podencos, como decía el cuentecillo infantil. El dato oficial que se ofrece sobre oscilaciones de décimas del IPC, mes por mes, no sirve para marcar tendencias.

Desde luego, no puedo probar mi aserto. Es una simple intuición, una «educated guess«, como se dice en la jerga académica. No puedo competir con los medios del INE, que parten de una muestra representativa de artículos y precios, medida a lo largo de muchos meses y años. En todo caso, mi intuición se basa en que, estudiados los gastos de mi hogar, los precios de los últimos meses, por lo menos, duplican los de hace un año. Desde luego, no son un 10,5% más que los del año pasado por estas fechas. Animo al lector a que realice un cálculo parecido con la evolución, grosso modo, de sus gastos domésticos.

La sospecha sobre la invalidez de la cifra oficial se corrobora con la observación de la curva de IPC durante los dos últimos años, mes por mes. Los valores no dibujan un perfil de dientes de sierra (como sería lo lógico), sino una línea suave, continua. Sospecho que el INE redondea las observaciones o establece medias aritméticas, lo cual es legítimo, pero, induce a la sospecha de que pueda existir alguna manipulación indeseada.

El posible error no parece aleatorio; mucho menos, ingenuo. La alarmante subida de los precios perjudica o beneficia, de forma extraordinaria, a unos u otros grupos. No deja indiferente a casi nadie. Los perdedores son, fundamentalmente, los estratos de población que no tienen capacidad de aumentar sus ingresos. Me refiero al grueso de los jubilados o equivalentes, a los que se añaden los que no disponen de bienes inmuebles para alquilar. Los beneficiarios son, en primer lugar, el Fisco y, muy en segundo término, el cúmulo de empresas, particulares, asociaciones o “chiringos” que reciben todo tipo de “ayudas” o contratos oficiales.

La inflación galopante no representa, tanto, “el impuesto de los pobres”, según se dice, como el gravamen de las muchas personas, de todas las clases sociales, que no pueden ampliar sus ingresos.

En definitiva, la inflación de los precios, desbocada como está, refuerza la desigualdad social, en el sentido de mantener la división que marcan las líneas de poder. Nos encontramos, pues, ante una cuestión, eminentemente, política. Que conste que la palabra “estadística” no procede de “Estado”; corresponde a los “estados” o disposición de cifras o cálculos en forma de cuadros. Es algo que, ya, se hacía en la Edad Media para diferentes propósitos.

Se comprende que el Gobierno intente, por todos los medios, dar la impresión de que el índice de precios al consumo no sea una cifra alarmante. Por eso, interesa, oficialmente, rebajar todo lo posible el valor del IPC, que se ofrece como noticia.

Aunque pueda parecer estrambótico, al Gobierno le viene bien que el vecindario se sienta, ligeramente, amedrentado. Cabe, entonces, la esperanza de que “vamos entrando por la senda de la moderación”, a través de una acción política. La cual puede llegar a ser tan irracional y contraproducente como la de “topar” (fijar) los precios de algunos bienes básicos. No es nada nuevo. Es algo que, ya, se hizo en los años cuarenta del siglo pasado con la institución del “racionamiento”. Ya, se vio, entonces, que la consecuencia fue el desabastecimiento y el mercado negro, entre otras maldiciones.

Una buena labor de las autoridades sería la de proporcionar una información continua sobre las oscilaciones de los precios. Es decir, qué bienes son los que suben más o menos de precio o se mantienen. Si, encima, se especificaran ciertos factores para explicar las oscilaciones, mejor que mejor.

Amando de Miguel para Libertad Digital.

Amando de Miguel

Este que ves aquí, tan circunspecto, es Amando de Miguel, español, octogenario, sociólogo y escritor, aproximadamente en ese orden. He publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. He dado cientos de conferencias. He profesado en varias universidades españolas y norteamericanas. He colaborado en todo tipo de medios de comunicación. Y me considero ideológicamente independiente, y así me va. Mis gustos: escribir y leer, música clásica, chocolate con churros. Mis rechazos: la ideología de género, los grafitis, los nacionalismos, la música como ruidos y gritos (hoy prevalente).

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