
«El Laberinto del Minotauro representa el cambio y la transformación, con esperanza y valentía, que ayuda a entender un poco más al ser humano. Un mito eterno»
El mito del Minotauro tiene su origen en la petición de Minos, rey de Creta, cuando al pedir una señal al dios Poseidón para estar seguro sobre su derecho a gobernar, el rey de las aguas le ofreció un bonito toro blanco, pero con la condición de que lo sacrificara, sin embargo, el rey decidió no hacerlo. Este hecho enojó a Poseidón e hizo que Pasífae, esposa de Minos, se enamorara del animal.
La reina recurrió al noble ateniense y arquitecto real, Dédalo, para que le ayudara en la unión con el toro, por lo que el arquitecto construyó un entramado de madera que cubrió con una piel de vaca para engañar al animal. De esa unión nació el Minotauro, un pequeño monstruo, mitad hombre, mitad toro.

Ante esta situación, Minos el rey Minos enfurecido, ordenó a Dédalo construir un laberinto para el terrible ser, mantenerlo prisionero y del que no pudiera escapar, tan solo el arquitecto sabría como transitar por él.
Aunque se ha aceptado la palabra laberinto procede del término griego lábrys, que representa a un hacha de doble filo, usada por las sacerdotisas en los sacrificios relacionados con los rituales taurinos, los más antiguos pertenecen a la cultura egipcia por lo que también se ha contemplado que el término pudiera proceder de la palabra egipcia Lapi-ro-hut , que significa templo de entada al lago, y que fuera el situado en el palacio de Amenehmat III (hacia 2000 a. C.), en cuyo centro está enterrado el faraón, podría ser el que inspiró al realizado por Dédalo.
En muchos países del mundo existen referencias y restos de este arquetipo, así como numerosos diseños en tablillas y otros objetos. Se les ha asignado un carácter funerario, defensivo y en otros casos simplemente ornamental.

En la India representan un camino espiritual en el que fundir el mundo interior con el exterior. El especialista en el tema Paolo Santarcangeli (1909-1995), autor de El Libro de los Laberintos: Historia de un Mito y de un Símbolo, ha afirmado incluso cómo en ellos, el ser humano intenta “matar el monstruo que anida en su seno”.
Mientras se construía el laberinto, uno de los hijos de Minos, Androgeo, fue asesinado tras vencer en una competición de juegos en Atenas, hecho que encolerizó al rey, se creó una gran tensión entre los dos territorios, llevando a Minos a declarar la guerra a los atenienses, conquistando finalmente la ciudad, que en ese tiempo se vio afectada por una terrible epidemia de peste.

Tras vencer, las condiciones para los vencidos fueron extremadamente duras, entre ellas, enviar cada año como tributo siete doncellas y siete muchachos jóvenes para alimentar al Minotauro.
Esto ocurrió durante años hasta que Teseo, hijo del rey ateniense Egeo, decidió entregarse él mismo como tributo para enfrentarse a la criatura y acabar con la injusta obligación mantenida durante años, para lo que se presentó ante Minos para comunicarle que quería acabar con la vida de la horrible criatura.

Ariadna, la hija el rey Minos, se enamoró del joven ateniense al conocerle y le propuso ayudar en la misión, para lo que ideó un plan que consistía en facilitarle un gran ovillo de lana dorada para que al entrar en el laberinto atase un cabo en la entrada y al salir solo tendría que seguir el hilo para alcanzar la salida sin peligro.

Teseo logró acabar con la vida del Minotauro y salvar a los jóvenes enviados con él desde Atenas, la victoria del príncipe ateniense sorprendió y alegró al rey cretense; sin embargo, al enterarse de que su hija Ariadna lo ayudó, mandó hacerlos prisioneros a ambos, pero los jóvenes lograron huir hacia la isla de Naxos. Lo que parecía ser un amor verdadero, no lo fue, Teseo la abandonó y ante el amargo llanto de la joven ante su desdicha, el dios Dioniso acudió ante su dolor a consolarla, se enamoró perdidamente de ella y la desposó.

Con respecto al final de esta historia, las versiones del mito son variadas, algunos autores atribuyen este abandono a romper una promesa de matrimonio, otros defienden la versión del dios del vino, como el poeta Hesíodo; en la versión de Homero en La Ilíada, Dionisos, sintiendo el deseo de casarse con ella, pide a Zeus que la haga inmortal tras ser Ariadna asesinada por Artemisa.

La historia del Laberinto tiene raíces históricas y está ligado según algunos documentos, al Palacio de Cnosos (2000-1900 a. C.), que podría haber originado el mito sirviendo de inspiración, además de residencia real, fue un gran centro económico y religioso en Creta. Sir Arthur Evans (1851-1941), dirigió las excavaciones desde 1900 en el complejo cretense y estableció esta conexión, por sus pasillos y más de mil quinientas habitaciones, según se aprecia en los planos realizados del palacio.
La leyenda del Minotauro combina horror, riesgo y heroísmo, constituyendo una de las historias más fascinantes de la mitología griega que encierra un gran simbolismo: El laberinto representa las dificultades que surgen en la vida y supone un camino de autorrealización en el que afrontar los miedos es fundamental.

Desde un punto de vista psicológico, el laberinto se puede interpretar como la mente inconsciente en la que se representan los aspectos ocultos de nuestra propia psique, que atormentan, preocupan y bloquean. El minotauro representa la dualidad humana y lo que podríamos llamar los demonios internos, lo racional frente a lo instintivo, el propio “yo oscuro” al que hay que confrontar para apartar los miedos y avanzar hacia la plenitud. La victoria de Teseo significa el triunfo de la paz sobre la confusión, el equilibrio sobre la inestabilidad.
A lo largo de los siglos, el mito ha aportado conceptos fundamentales a la psicología y a la filosofía para indagar en la conducta humana, y la historia de Ariadna y Teseo han sido representados en repetidas ocasiones a lo largo de la historia del arte; en monedas encontradas en las excavaciones del Palacio de Cnosos, aparece el laberinto; en las vasijas griegas Teseo se representa matando al minotauro y muchos pintores han elegido la historia de Ariadna como inspiración romántica y expresión del dolor ante el desamor.

Obras de artistas como Pablo Picasso (1881-1973), Antonio Canova (1757-1822) y restos clásicos en los museos de época griega y romana son bellos ejemplos de la importancia que el tema ha tenido en el arte.
Muchos autores han interpretado el mito como una lucha entre Atenas y Creta con la victoria de Teseo, que simboliza el ascenso de Atenas.

En definitiva, el Laberinto del Minotauro sigue atrayendo a pesar del paso del tiempo, heroicidad, sacrificio y signo de separación. Un viaje que representa el cambio y la transformación, con esperanza y valentía, que ayuda a entender un poco más al ser humano. Un mito eterno.

