
«Es evidente que durante lo que quede de legislatura no vamos a abandonar la senda de que un escándalo tape al siguiente, al que nos somete un sanchismo cada día más bolivariano»
Es evidente que durante lo que quede de legislatura –dos años largos si el presimiente logra cumplir su amenaza del viernes, que por él no va a quedar– no vamos a abandonar la senda de que un escándalo “tape” al siguiente, en este ritmo frenético al que nos somete un sanchismo cada día más bolivariano y sumido en la corrupción más absoluta, en la que no dejan de aparecer protagonistas a escena.
A los escándalos sin aclarar o solucionar del “apagón del apagón” y de las continuas averías de esos “mejores ferrocarriles de la historia” para el “eslabón perdido”, Óscar Puente –lo que hubiera agradecido conocerlo Charles Darwin–, que antepone sus exabruptos a la gestión y los descarrila –pregunten a los catalanes por sus “Rodalías”– se unen los familiares. Para empezar, la apertura de juicio oral contra el “hermanísimo” y el intento de retraso por parte de su amiguísimo Speedy Gallardo Aforator y, parece que, al caer, el de su exnúmero dos José Luis Ábalos, del que hemos sabido que Anticorrupción ya ve materia en esos cuatro delitos que se le imputan, que pueden llevarlo hasta a veintidós años de cárcel. Al parecer, el magistrado Leopoldo Puente estaría a la espera de lo que el esperado informe de la UCO sobre el nuevo número dos socialista Santos Cerdán pueda aportar a la causa, que no parece que sea poco después de su “interés” por la adjudicación de obra pública en Navarra y de lo que se supo la semana pasada sobre la cloaquera Leire Díez y su en vano disimulada relación con el secretario de Organización de La PSOE. Todos ellos sin terminar de deshojar la margarita de su casi “desaparecida” y querida Begoña Gómez y sus derivadas del caso Air Europa, su relación con el “profético” Víctor Gonzalo de Aldama, que parece no dar puntada sin hilo, su controvertida “cátedra” en la Universidad Complutense y, la penúltima, tras la denuncia de Hacienda de irregularidades en las adjudicaciones a su recomendado Carlos Barrabés, empresario ejemplar para el más que evidente Número Uno de todas las tramas.
Esta semana nos desayunábamos con la noticia de que se conocería la ponencia del Tribunal “prostitucional” sobre la aberrante y tolerante ley de amnistía a la carta, redactada en su fondo por el principal beneficiario y con el visto bueno del que se tenía que “manchar la toga con el polvo del camino”, el tal Cándido Conde “Pulido” por el sanchismo a su imagen y semejanza. Su vicepresidente y fiel Inmaculada Montalbán ha preparado una ponencia que se someterá a “votación” –con un resultado cantado de seis votos a favor y cuatro en contra– el próximo día 24 de junio. Esta “señora”, artífice del escándalo de la casi exoneración de los delitos de los ERE y premiada con la medalla de Andalucía por el gobierno autonómico socialista, viene a decir que «el legislador puede hacer todo lo que la Constitución no prohíba explícita o implícitamente», en una forma muy particular de entender lo que “corresponde al Rey” que recoge el artículo 62.i): “Ejercer el derecho de gracia con arreglo a la ley que no podrá autorizar indultos generales”.
Una flagrante ilegalidad porque la amnistía es incluso más que un indulto general, ya que no sólo perdona sino que hace desaparecer el delito y poco menos que condena al Estado a pedir perdón a los delincuentes convictos de rebelión y malversación de fondos, aunque en esto último no entra porque se le pasó al redactor de la ley y deja en el limbo a un Puigdemont que seguirá sin poder pisar suelo español, pero que le vale al sometido por el prófugo de Waterloo para justificar que “hizo todo lo que pudo”. Lo mismo que con el repetido y sonoro ridículo en su nulo intento de que el catalán –y de paso el gallego y el vascuence (café para todos)– se convirtieran en lenguas europeas oficiales, “el principal objetivo como ministro de Asuntos Exteriores para esta legislatura”, como manifestaba ese engendro ministerial en que se ha convertido José Manuel Albares, otro de los ministros –cada vez más “minister”– que ha sacrificado su carrera profesional y sus principios, si alguna vez los tuvo, a la sumisión sanchista. Y no menos desprecio demuestra esa ponencia y el previsible resultado de su votación al artículo 159.5 de la Carta Magna –perdón por la hipérbole—: “Los miembros del Tribunal Constitucional serán libres e independientes e inamovibles en el ejercicio de su mandata”.
Y a propósito de lo que comentaba sobre la que ya se ha ganado el título de Lady cloaca, la citada Leire Díez, esta semana continuó el show con esa comparecencia en un hotel reservado al parecer por ese partido del que se apresuró a pedir su baja de militancia en un despropósito más de los que rodean toda esta historieta. Resulta que una denominada por todos “militante de base”, a la que “nadie” decía conocer pero que estaba con todos y entre todos, es recibida durante dos horas por el secretario de Organización del partido para “pedir su baja voluntaria”, con el único pretexto –orquestado, sin lugar a duda– de cumplir lo que dice nuestro sabio Refranero: “muerto el perro, se acabó la rabia”, es decir, dada de baja, ya no tiene sentido el paripé de expediente informativo, nunca sancionador, que se le había abierto. Y para que no faltara nada en ese show apareció el citado Aldama, que le hizo cambiar el semblante a la compareciente monologuista –como su jefe, tampoco iba a consentir preguntas de los periodistas– y surgió otro de los cloaqueros de las filtraciones, el empresario o lo que sea, Javier Pérez Dolset, que al más puro estilo guardaespaldas de la interpelada frenó a empujones al perejil de todas las salsas. Realmente patética la comparecencia para no decir nada y no menos el final de película a lo Kevin Costner de una Whitney Houston muy venida a menos.

Y mientras tanto, la fangosfera sanchista ponía de nuevo en marcha a sus Producciones Moncloa para cacarear al unísono el nuevo bulo que deformaba una supuesta conversación entre un antiguo miembro de la UCO, el capitán Antonio Bonilla, hoy en los servicios de seguridad de la comunidad de Madrid. Al parecer, el confidente de este señor le decía en una conversación destapada –y parece que manipulada también– por la cloaca socialista, que con todo lo que había hecho –se supone que durante su etapa en la UCO– ”De esta investigación sales con la laureada”, a lo que el citado capitán le responde “o con una bomba lapa”. Y ahí se pone en marcha la ”bulería” monclovita a través de uno de sus pseudomedios de nombre El Plural –justo la antítesis de lo que indica su sectarismo informativo sanchista– para activar una amenaza de muerte a su protomártir Fray Perico PinócHEZ, supuesto destinatario de esa bomba lapa y una vez más sale a la palestra el Loro Park por medio de sus habituales cotorras.
No podía faltar el fiel portavoz del Congreso, Pachi “Nadie” López, que se “supera” cada día en la ignominia: “Vamos, que la propia Ayuso ha contratado a un exmiembro de la UCO, cuyo gran mérito era decir que nos iba a matar a los socialistas o que hoy igual había que ponerle una bomba lapa debajo del coche del presidente”. Por supuesto, ahí estuvo el comentario del hoy número uno del cacareo, Óscar López: “…pero lo que está haciendo en ese inframundo es de cárcel”. No sé si se refería al distorsionado capitán o a su enemiga confesa, Isabel Díaz Ayuso, a la que cada vez que habla pone a más distancia en su inalcanzable popularidad en Madrid. Tampoco, una de las víctimas de la presidente madrileña, la singular MMM (Mujer, Médico y Madre), hoy ministra de Sanidad sin competencias –ni competencia, parece–, Mónica García: “Básicamente se dedicaba a intentar crear una especie de UCO patriótica contra el Gobierno de Pedro Sánchez”.
Por cierto que entre las pocas competencias que le quedan a la Sanidad Nacional, las dos ciudades autónomas, estaría ese hospital sin UCI ni quirófanos que fue a inaugurar con su jefe, que lo situó “En la ciudad autónoma de Sevilla”. Y qué sería del Loro Park sin su cotorra mayor y portavoz del contubernio de ministros, ministras y ministres, la no menos singular –y simple– Pilar Alegría “de la Huerta”: “Un ex agente de la UCO, por cierto pagado y contratado por la señora Ayuso –que no falte el rejón al verdadero enemigo a batir–, amenazar incluso con poner bombas lapa bajo el coche del presidente del Gobierno”. Esta vez el repóquer de “buleros” –el sinónimo que recoge el DRAE para el significado que da al término tampoco le vendría mal a esta banda: “echacuervos”– lo completó la más choni de la banda, la andaluza María Jesús Montero: “Que una persona perteneciente a la Guardia Civil, esté hablando de cuestiones que tienen que ver con cuestiones (sic) de la propia integridad física del presidente del gobierno”. No les hizo desdecirse el hecho de que a las pocas horas del mismo día dos periodistas de The Objective, Ketty Garat y Teresa Gómez, desmontaran el bulo, sino que, por el contrario, lo mantuvieron hasta que se ha ido quedando en el olvido. Como es natural, se hicieron eco todos los medios progubernamentales, Televisión Espantosa, El País, La Sexta, etc., pero al menos estos últimos tuvieron la gallardía de pedir disculpas a través de la red social X, la del “amigo” de Donald Trump, Elon Musk, aunque no puedo entrar en detalles sobre esto hoy.

Termino con unas líneas sobre la inútil conferencia de presidentes que se sacó de la chistera el manipulador Sánchez para intentar una foto de “familia”, desavenida, pero que se prestase a la manipulación, aunque le salió mal la cosa. Primero porque ya era una aberración convocar una reunión en la situación actual, tras casi mes y medio ausente y sin responder una sola pregunta, sin Presupuestos Generales del Estado por su falta de apoyos entre sus socios de investidura y sin orden del día. Después por la oposición de las comunidades del Partido Popular si no se hablaba de determinados temas, financiación autonómica, cupo catalán, emigración, etc., que llevó al presimiente a improvisar un “orden del día” con dieciséis puntos, para lo que se daban diez minutos a cada presidente regional.
Si tenemos en cuenta que son diecisiete presidentes autonómicos más los dos de esa estupidez que vinieron en llamar “ciudades autónomas”, Ceuta y Melilla, para que nadie se enfadara, sólo esas intervenciones ya llevarían la reunión a más de tres horas, más el discurso sin límite del convocante que no podía faltar –no sé cuánto hablaría esta vez, ni me interesa– y no sé si hubo alguna intervención de la docena de ministros que arropaban al “transparente” que los maneja para que no se sintiera solo y en inferioridad teniendo en cuenta que quince de los diecinueve representantes eran populares.

Los que hemos tenido alguna responsabilidad empresarial y por nuestro cargo hemos tenido que asistir a infinidad de reuniones, sabemos que hay una máxima no escrita que siempre se cumple: “Los resultados y eficiencia de una reunión son inversamente proporcionales a la duración de la misma y al número de asistentes”. No tengo que extenderme mucho para explicar lo concluido entre esta dispar y numerosa caterva después de tantas horas de tratar, si se trataron, intereses tan opuestos. Me hubiera gustado ver algunas caras cuando la señora Díaz Ayuso ignoró los pinganillos –despilfarro aparte– que se montaron para que treinta y tantos españoles se pudieran entender por capricho de que dos señores, el catalán y el vasco, pudieran expresarse en sus, minoritaria una y ridícula (en cuanto al número de parlantes, no se me ofendan) otra, lenguas regionales. Una dádiva con la que el gobernado que nos desgobierna trataba de compensar su nuevo ridículo europeo, que antes comentaba. De nuevo la sensatez estuvo en el lado de la misma, porque el resto de presidentes populares parece que se prestó al juego de la traducción simultánea, cuando a la hora del café todos se entendían perfectamente en Español, con mayúscula, la lengua que hablamos 600 millones de personas en el mundo. Pero claro, cuando se empieza consintiendo una estupidez como la que se aceptó en 2010 de que Manuel Chaves, de Ceuta, y José Montilla, de Iznájar (Córdoba), pidieron la traducción simultánea para “entenderse”, se acaba en el esperpento más absoluto como el que se vive ahora en las dos cámaras y se quiso repetir en esa inútil reunión de presidentes. Porque nada pudo ser más esperpéntico que ver entonces que un cordobés, que mal hablaba el catalán, tenía que ser traducido para que el ceutí se enterara –lo que se entendería en todo caso–, pero debió ser de traca cuando le toco el turno de ser traducido al ceutí, para que su paisano, cordobés charnego, simulara que no lo entendía para justificar que se lo tradujeran al catalán, que seguramente entendía peor. Y de aquellos polvos, estos lodos. El responsable directo de aquella estupidez fue José Luis Rodríguez Zapatero, pero en el esperpento actual tuvo bastante que ver su sucesor, Mariano Rajoy, que no cortó aquello de raíz, como tantas otras cosas que heredó. Y no está solo en ese dislate lingüístico que se vive en nuestra querida España, que no es el único, por cierto.
Y es que, como dijera Friedrich Hayek (se debía referir al europeo, claro): “El socialismo, pese a haberse inspirado en las mejores intenciones –pecó de confiado, me temo– y haber tenido por mentores, tal vez, a lo más selecto de la sociedad –ahora es evidente que no se refería al socialismo español–, no deja de constituir una grave amenaza para el nivel de vida y la existencia misma de una gran parte de la población actual”. No sé lo que diría hoy el ilustre economista austriaco si viera el “progresismo” socialista en el mundo durante los 33 años que él falta. Y no digamos si hubiera escuchado al todopoderoso Ábalos decir que “La fortaleza de las instituciones democráticas depende en buena medida de la confianza que las personas que las ocupan suscitan entre la ciudadanía. Los españoles no podemos tolerar la corrupción como si fuera algo normal, no podemos normalizar la corrupción”.
A ver la reacción este domingo de los españoles que no confiamos en las personas que ocupan esas instituciones poco democráticas ni toleramos la corrupción. La verdad es que tengo dudas de que la asistencia a la concentración convocada por Alberto Núñez Feijoo sea, de verdad, masiva y de que, en el caso de que fuera más o menos aceptable, se traduzca en algo eficaz para echar al okupa de La Moncloa que ya respondió a los presidentes autonómicos que no habría elecciones hasta 2027. Salvo que la Justicia, única esperanza real, porque la oposición que vemos no lo es, mueva ficha pronto en los numerosos frentes judiciales que oprimen al yerno del empresario de la Sauna Adán…
