
«¿Desde cuándo ser médico es motivo de sanción? Cuando la humanidad médica choca con la burocracia política»
El consejero vasco de Salud es una muestra de lo que, al parecer, casi todos los políticos españoles entienden por servicio público: ¡a medias! Solo parece estar bien si la orden de actuar proviene de la superioridad… y en horario laboral. Si no es así, los facultativos deberían —según esta lógica— dejar desangrarse a los heridos y no dar tratamientos paliativos a los moribundos. Pero los doctores, creo yo, por muy funcionarios que sean, no pueden faltar al juramento hipocrático, ni tampoco a su humanidad ni a su sensibilidad.
Por este motivo, Jesús Sánchez Etxaniz —que nada tiene que ver con el Sánchez presidente, por fortuna para él— actuó fuera de su horario laboral. Si formara parte de una cadena de producción, podría entenderse la reacción del Gobierno vasco. Pero la única cadena que parece conocer Jesús es la que le ata la libertad… desde el Gobierno. Felicidades, señores.
Jesús, que es pediatra de la Consejería de Salud del País Vasco, acudió en varias ocasiones de madrugada, junto con un equipo de enfermeras y psicólogos, a la casa de una menor enferma a punto de morir. Al parecer, esto supuso un «desgaste» para estos profesionales. No sabemos si físico o emocional. Eso es lo que se alega para justificar la reprensión al facultativo. No se menciona si estos profesionales comunicaron oficialmente el desplazamiento, o no. Pero digo yo —y me parece a mí— que la vida de un niño está siempre por encima de las ganas de autoridad y de las medallas que se quieren colgar los políticos de turno.
Dicen que los profesionales pueden haber sufrido un desgaste. Consideración que no tiene un pase: si verdaderamente son profesionales de la salud, no deberían haberse desgastado… puesto que ese es su trabajo y su vocación. Los políticos tienden a cuadricularlo todo, sin comprender que las almas humanas tienen consideraciones que escapan a sus pomposas y estructuradas políticas.
Yo añadiría que estos, los políticos, deberían tener la boca cerrada. Aparte de para no tragar moscas —cosa que muchos hacen—, también para no quedar retratados por decisiones fuera de lugar, y no ser considerados como lo que parecen ser… seres cuadriculados e inhumanos.
Si mi opinión les gusta, bien. Y si no, también. Soy libre, según la Constitución, de expresar lo que crea y lo que piense. Y eso es algo que ninguna administración debería robar a ningún ciudadano.
Algunos políticos deberían meterse en sus obligaciones y no en las valoraciones del trabajo de quienes se deben a sus pacientes. O, dicho de otro modo: les sugeriría que sus opiniones al respecto las sirvan con una bebida refrescante, como una gaseosa, porque tragar algunas píldoras políticas es realmente indigesto.
Esto no sería tan grave si esta directriz no enfrentara a los facultativos con sus obligaciones médicas. Porque creo firmemente que las obligaciones de quienes velan por la salud de los ciudadanos están por encima de consideraciones políticas usadas como supositorios contra la razón, a modo de balas de sinrazón.
Siento ser tan claro, pero en España ya hay cosas que huelen muy mal como para no hacerse eco… y esto, además, se contagia —y no mediante virus— a toda la sociedad.
En este sentido, podemos ver y oír hasta la saciedad cómo unas declaraciones de una tal Leire Díez afectan a su entorno, a su partido y a su Gobierno. No por lealtad partidista, sino por afán de protagonismo periodístico y por querer ser el centro de atención. No sé, no sé… pero parece que aquí, en la España del siglo XXI, hay mucho orate suelto con ganas de juerga violenta. Cuidado, que las mentiras —como decía Jean-François Revel— mueven el mundo. Y aquí, en España, muchos políticos de siniestra mienten más que hablan.
A ver si, por casualidad, el mundo se les abre entre las piernas y acabamos todos en el infierno, para alegría de diablos y diablesas.
Recuerden: en boca cerrada no entran moscas. Y, como dice el refrán, «a río revuelto, ganancia de pescadores». A ver si, con un poco de mala suerte, pillamos una pulmonía doble y terminamos en la UCI… que no en la UCO, como investigados, tú. ¡Eso sí que sería la repanocha! Jajajaja.
Y es por todo esto que empezaba diciendo que el consejero vasco de Salud es un ejemplo claro de lo que, al parecer, casi todos los políticos españoles entienden por servicio público: ¡a medias! Solo vale si hay orden de arriba y ficha de entrada. Si no, que se desangren los heridos y que se mueran los moribundos. Pero los médicos, por muy funcionarios que sean, no pueden faltar ni al juramento hipocrático ni a la compasión.
Por eso Jesús Sánchez Etxaniz —insisto, sin parentesco con el inquilino de la Moncloa— actuó fuera de su horario laboral. Bravo por él. Eso es un médico. Así se debe actuar.

