Conversaciones en el andamio. Prisionero de sí mismo. Por Francisco Gómez Valencia

Prisionero de sí mismo.

«Su legado se sostiene sobre pilares como la mentira, la incoherencia, la innovación delincuencial y la total y absoluta falta de integridad»

¿Qué hacer cuando todo parece que se derrumba? ¿Cuándo se tambalean certezas, se cuestionan valores y surgen dudas sobre el rumbo que toman las cosas? La respuesta es obvia: volver al propósito. Cuando no sabes qué hacer y tienes muchas ganas de volver a la normalidad, lo mejor es pararse a pensar: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Ese “como”, no solo actúa como brújula, sino también como una baliza de supervivencia para las personas en estos tiempos de incertidumbre.

El propósito no se improvisa. En el caso del sanchismo, nació con la visión de su padre, José Luis Rodríguez Zapatero, fundador de la secta, quien entiende la política como un vehículo para restar valor a la sociedad. Una idea que, más allá de la utilidad social, tenía vocación de permanencia: trascender. Zapatero a su manera, quería que su aportación destructiva siguiera viva incluso cuando él ya no estuviera. Hace siete años, Sánchez asumió que su responsabilidad como segunda generación es continuar ese legado, innovando sin perder el norte.

Ese legado se sostiene sobre pilares como la mentira, la incoherencia, la innovación delincuencial y la total y absoluta falta de integridad. 

Junto a Sánchez, sus ministros y cargos puestos a dedo, añaden algo más: la pasión mientras hacen el ridículo. Medrar con cierto arte y frescura requiere hacerlo con emoción, con la capacidad de transmitir a los demás no solo ideas, sino sentimientos encontrados, y hasta esta cualidad, la han perdido. En su visión, hacer las cosas mal ya no es suficiente. Hay que hacer lo que toca, lo que corresponde desvergonzadamente. Porque solo así su permanencia en el poder  tiene sentido.

¿Es Sánchez un político de marca blanca? Sí, lo creo. Es un político de marca blanca, porque no responde a ninguna necesidad. Vivimos en un mundo donde ya no existe “el” votante, sino “los” grupos de ellos compartimentados. Personas con intereses, emociones y prioridades grupales. Y si hay múltiples perfiles o categorías, también debe haber múltiples formas de conectar con ellos. Antes hablábamos de votantes genéricos. Hoy hablamos de productos. La izquierda ya no busca votantes con valores, con coherencia, que les exijan algo más. 

Sánchez y Cerdán no se miran

Sánchez ha sabido simplificar todo en una sola dimensión grotesca: la del votante accesible y facilón, al que presentar cada dos días delante de un plasma gigante sus propuestas sin valor añadido. Apostando por innovación delincuencial, ni se ha molestado en entender de verdad a quienes están al otro lado de su muro norcoreano, y ofrece exclusivamente propuestas diferenciales. No necesita ser capaz de convivir en ambos espacios. Él, solo trata de aportar lo mejor para mantenerse.

La clave de Sánchez se basa en tres elementos: conocimiento perfecto y profundo de las carencias cognitivas de su electorado, destreza innovando a la hora de delinquir para diferenciarse del resto del Frankenstein, y por último, prescindir de una mínima comunicación con sus bases. Si su electorado objetivo no percibe sus carencias más allá de lo que las denuncia la oposición y ciertos medios, entonces está haciendo bien su trabajo.

Su liderazgo también tiene influencias. Y en el caso de Sánchez, el legado de Zapatero está muy presente. De este ultimo heredó la acción, el instinto asesino y la gestión emocional. Aparentemente parecía controlar cuándo animar y cuándo frenar. Sabía leer las emociones y reconducirlas. Pero esos tiempos ya pasaron, ya no basta con denigrar rudamente al contrario modulando la voz. Ya no escucha, toma distancia, mira con odio y desprecio, se olvidó de la cercanía de la que tanto presumía, aunque como denunció Alfonso Guerra a Herrera en la COPE, ni tan siquiera iba en el Peugeot, para eso ya tenía a Koldo, Ábalos y Santos Cerdán. 

Los tres del Peugeot.

Está desequilibrado, ausente e irreflexivo, estoy seguro de que duda sobre si al margen de la Moncloa, le siguen considerando esencial, por eso sólo lidera desde el miedo. Porque no se trata solo de liderar a otros, sino también de aprender a liderarse a uno mismo, pero ya no saber ni estar donde ocurren las cosas, ni con los suyos, aunque sea en silencio. Saber estar presente, no solo físicamente, es clave pero ya no presta atención a su alrededor con un mínimo respeto por sus semejantes. Ya no puede tomar decisiones correctas porque ya no sabe observar. Está bunkerizado.

Feliz día de San Onofre de Egipto.

Españazuela a 12 de junio de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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1 comentario

  1. Perfecto retrato de un canalla. Enhorabuena!!

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