
«Entre neuronas, memoria y educación: una mirada a lo que nos hace únicos y una exploración sobre la mente humana»
Hay un asunto que siempre me ha intrigado: se trata del porqué los cerebros humanos, siendo en esencia iguales, producen pensamientos tan diferentes. Muchos dirán que el soporte neuronal es como una red electrónica —es decir, el hardware—, como en un ordenador, con tarjetas que realizan distintas funciones; y que las sinapsis, con sus descargas eléctricas, más la información entrante, son el software, es decir, las líneas de comandos que se introducen en el hardware para generar utilidades y otros procesos. Este software, al parecer, alimenta la estructura compuesta por miles de neuronas.
Por otra parte, existen también unas células llamadas gliales que, al parecer, permiten la circulación de impulsos entre las neuronas. No deberían creerme a pies juntillas, ya que no soy un estudioso ni un experto en un tema tan complejo. Hay cientos de publicaciones en formato libro que abordan esta cuestión. Lo que afirmo aquí no sé si es exactamente así o si es, más bien, mi manera de entenderlo tras intentar informarme a través de lecturas.
Para mí, debe de haber algo más en todo este asunto que se me escapa, porque, si no, todos los individuos tendrían pensamientos básicos y uniformes. Al parecer, en parte es así: el cerebelo se encarga de funciones elementales, como el funcionamiento de los órganos y de los movimientos automáticos del cuerpo —mover piernas, brazos, ojos, etc.—. Pero entonces, el resto de la materia blanca y gris, con sus circunvoluciones, es la responsable de todo lo que imaginamos, pensamos, decimos, ocultamos o sentimos.
Mucha gente dice que la imaginación, la memoria y todas las cualidades que alberga el cerebro pueden desarrollarse. Pero yo me pregunto: ¿tienen todos los seres humanos la misma capacidad para hacerlo? Pues no lo sé. Creo que no. Unos tienen un pensamiento racional más presente; otros, un pensamiento creativo más activo. El pensamiento abstracto-matemático no está al alcance de todos los cerebros en su día a día, ni lo está el pensamiento literario, ni la memoria visual, ni la capacidad de almacenar conocimiento.
La memoria —y la memoria en cantidad— es un don solo de algunas personas. Yo he visto a gente que, tras leer una página de un libro, es capaz de recitarla de memoria. Yo soy absolutamente incapaz de eso: tengo que leer y releer para retener ese conocimiento. En cambio, la imaginación, que en otros escasea, en mí es desbordante.
Creo que la manera de enseñar a los niños y adolescentes no es la correcta. Ya sé que sería muy caro organizar un sistema educativo enfocado a distintos grupos según sus capacidades específicas, pero debería tenderse a ello. Lógicamente, hay unos conocimientos básicos que toda persona debe poseer; pero, por encima de eso, lo demás tendría que orientarse a las capacidades individuales de cada uno.
En la actualidad, los jóvenes pueden optar entre el bachillerato y la formación profesional. Esto, que puede parecer una solución perfecta —y que en algunos casos lo es—, no vale para todos. No hay nada absolutamente blanco o negro: todo tiene matices. Por eso pienso que las reglamentaciones no deberían ser tan estancas.
Tampoco debería exigirse un nivel de estudios determinado en función de la edad, sino más bien según las capacidades o aptitudes, que, lógicamente, pueden variar a lo largo de los años. La educación nunca debe cerrar puertas en función de los niveles superados, porque hay quienes, tras un tiempo, evolucionan en sus capacidades e intereses. Por eso considero que la educación debería estar abierta durante la mayor parte de la vida y, en consecuencia, también las variaciones en las actividades laborales.
No sé si esto es una obviedad, pero tengo la impresión de que el Ministerio de Educación, o bien no lo contempla, o bien no lo considera importante.
Y es por todo lo dicho por lo que empecé con esta frase: hay un asunto que siempre me ha intrigado, se trata del porqué los cerebros humanos, siendo en esencia iguales, producen pensamientos tan diferentes. Muchos dirán que el soporte neuronal es como una red electrónica —el hardware—, y que las sinapsis con sus descargas eléctricas, junto con la información entrante, son el software. Pero quizás, en todo esto, todavía nos falte entender la parte más misteriosa: lo que no se mide ni se programa.

