Las conversaciones en el andamio de Francisco Gómez Valencia: “La culpa fue del cha-cha-chá”, por María Jesús Montero.

“La culpa fue del cha-cha-chá”

«Este Gobierno criminal siempre pretende hacer creer a la opinión pública que nunca tiene la culpa de nada. Ellos son muy de caer siempre de pie»

Este Gobierno criminal siempre pretende hacer creer a la opinión pública que nunca tiene la culpa de nada. Ellos son muy de caer siempre de pie. Lo que sucede es que en estos siete años, han tropezado tantas veces por sus mentiras y su desdén, que tiene los tobillos rotos y da la sensación que tanto trajín, hace que la organización criminal necesite de un descanso fortuito.

Las últimas jornadas caóticas con los trenes y los aviones, sumado al gran apagón, reflejan una falta de control en la dirección del Gobierno y una desidia en la gestión de los ministerios del ramo francamente muy alarmante, y al margen de entrar en consideraciones tercermundistas y tal que sería una labor fácil y desestresante, lo que queda de manifiesto es que no se controlan bien los recursos para que las estructuras básicas se sostengan con garantías.

A veces uno llega a una empresa donde todo falla, hasta lo más elemental, y simplemente lo necesario tras realizar un diagnóstico básico, es poner al frente de las mismas a las personas indicadas, perfiles técnicos que antepongan sistemáticamente la fiabilidad y la seguridad antes que el relato para cumplir con las expectativas políticas, y créanme, esto sucede increíblemente también en las empresas privadas. De hecho, algunas están muy perdiditas preocupándose más por ser atractivas mediáticamente, es decir, inclusivas, ecologetas, superguays con su personal, abiertos, mejor dicho despatarrados, ante temas como la conciliación con los hijos y las mascotas (al mismo nivel se lo juro), y toda esa purrela que desde el Ministerio de Trabajo y desde el de Inclusión, percuten sin piedad sobre la verdadera función, visión y objeto de cualquier empresa medianamente sería, que es simplemente ser rentable.

Cuando la ineficacia de la clase política recae directamente sobre la gestión de las empresas públicas, pues pasa lo que pasa, y nos encontramos ante situaciones surrealistas como la sucedida ayer. 

La vicepresidenta primera y ese señor que era electricista.

Reunidos varios altos cargos de Sumar incluido un ministro, con otros tres cargos del PSOE dos de ellos ministros (y una para más INRI además vicepresidenta primera), con la intención de hablar sobre la corrupción galopante del PSOE, no se les ocurre otra cosa –para trasladar a la opinión pública la sensación de absoluta tranquilidad– que delante de la prensa y a micrófono abierto, departir desenfadadamente (como si estuvieran en la barra del bar junto a Gonzalo Miró o Sarah Santaolalla), sin tener ni la más remota idea y preparación –agárrense los machos– sobre los posibles motivos que han generado el caos ferroviario, hablando de sabotajes y cuestionando los protocolos de seguridad en caso de incidencias como las acaecidas, criticando abiertamente a empresas privadas  que operan bajo las condiciones impuestas desde Adif en este caso, o desde Red Eléctrica cuando lo del apagón, o la Confederación Hidrográfica del Júcar o la AEMET cuando lo de la DANA, con una soltura y un desparpajo, efectivamente digno de latitudes ecuatoriales.

No exageramos nada aquellos que decimos que España se está convirtiendo en la Venezuela de la UE (Españazuela ya tú sabes), no solo básicamente por la deriva política, sino por la gestión de los recursos públicos en manos de auténticos ceporros con cargo, sin que funcionen correctamente los contrapesos en definitiva, vigilantes de la gestión de los medios y recursos en tiempo real, y aunque duela, otro ejemplo palmario es el caso de la consejera de seguridad de la Comunidad Valenciana, la cual ya sabrán que está siendo investigada por su actuación lamentable al frente del CECOPI cuando sucedió lo de las inundaciones.

El sabotaje…

Algunas veces me habrán leído cuando tristemente afirmo tal y como hace Milei, que odiamos poco a los periodistas, pero también y no me negarán, que odiamos poco a los políticos. ¿Cuántos de ellos deberían estar entre rejas? Me da la sensación que motivos no faltan para que los corredores amables (como así los llaman) estuvieran llenitos de impresentables que ponen en riesgo la vida de la gente a diario con su manera de dirigir sus correspondientes negociados, con la soltura y el desparpajo mostrado sin ir más lejos, por la mamarracha más mamarracha de todas las mamarrachas, es decir, María Jesús Montero. Sin lugar a dudas, ella sí que es un sabotaje con patas en toda regla.

Feliz día de Santo Tomás apóstol.

Españazuela a 3 de julio de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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