
ACTO SEGUNDO
El mismo decorado que en el primer acto. DOÑA AURORA permanece distraída y sentada mirando de vez en cuando a su marido y al guardia civil que se encuentra en el salón.
SARGENTO.- El caso, señoría, es que he dudado antes de perturbar la intimidad de ustedes y esta noble casa, pero he creído un deber interesarme por la naturaleza de lo que hoy aparece en el Diario de Teruel (Saca el periódico del bolsillo de la guerrera y lo ofrece a DON LEONCIO.)
DON LEONCIO.- Veamos, sargento: (Comienza a pasar páginas y lee en voz alta.) La alcaldesa de Teruel, tras el éxito del banco pintado con los colores del arco iris, ubicado en la fuente de Torán, instalará una gran escultura dedicada al Orgullo Gay en mitad del viaducto. “Tratándose de la ciudad de los amantes no podía faltar este gesto reivindicativo hacia los colectivos discriminados”, ha declarado doña Emma. Por su parte, las concejales de Vox, siempre en defensa del varón, propusieron otra estatua del torico, también en el viaducto, según han dicho “como homenaje al cornudo”. Idea que ha escandalizado a la señora Buj, que como es conocido estudió en La Purísima.
SARGENTO.- Discúlpeme, don Leoncio. Pase a la sección de anuncios por palabras.
DON LEONCIO.- Se vende cosechadora de la marca Deutz-Fahr…
SARGENTO.- Más adelante, señoría.
DON LEONCIO.- A este paso se nos va a enfriar el caldo… Hotel-Palacio en la comarca del Rastrojo. Habitaciones confortables con baño y calefacción, en un ambiente serio, histórico y tranquilo. Precios altos dadas las circunstancias. Como novedad, esta temporada se ofrece la comisión de un crimen, aunque sin señalar fecha. Abstenerse periodistas y miembros del Gobierno. Ridruejo de la Cañada (Teruel).
SARGENTO.- Dispensen ustedes, pero quizá deban decirme algo al respecto.
DOÑA AURORA.- Que el anuncio por palabras me costó un dineral, comandante. No se imagina usted las tarifas que cobran… (DON LEONCIO queda aturdido y en silencio devuelve el diario al SARGENTO.)
SARGENTO.- Entiendan ustedes que es mi deber advertirles… (Incómodo y titubeante.) Supongo que es un recurso publicitario. En caso contrario, nosotros… (Nervioso.) Usted comprenderá, don Leoncio.
DON LEONCIO.- (Despertando.) Naturalmente, sargento. He sido magistrado y presidente de la Audiencia Provincial hasta ayer mismo.
DOÑA AURORA.- (Aparte.) Ayer, dice. Y lleva más de diez años jubilado…
DON LEONCIO.- Me hago cargo de sus obligaciones y descuide. Usted sospecha y sospecha bien, pues se trata de una estrategia de marketing, como ahora se dice.
SARGENTO.- En ese caso no les molesto más y con su permiso…
DOÑA AURORA.- Pero no se vaya usted, comandante, y tómese el caldito con nosotros.
DON LEONCIO.- Nada, nada. El deber es lo primero. Ya lo dijo el duque de Ahumada.
(El SARGENTO Y el MAYORDOMO hacen mutis por la derecha.)
DON LEONCIO.- Esposa mía, esta vez has ido muy lejos. ¿qué significa esto?
DOÑA AURORA.- Si no salgo de la comarca… Pues verás: ¿No te quejabas de que, desde que remodelamos parte de la casa para hotel apenas viene algún cliente anodino y con suerte un par de cazadores? Pues he aquí la solución: a partir de mañana vendrán huéspedes más interesantes.
DON LEONCIO.- Algún sádico, claro. Y se producirá el ansiado crimen. Yo creo que tanta novela de Dorothy Sayers y de esa Ágatha te han afectado. (Meditando.) Aunque bien pensado, ¿qué podemos perder?
(Tras una pausa aparece por la derecha el MAYORDOMO.)
MAYORDOMO.- No queda caldo, señores. Pero el almuerzo ya está listo. Tampoco queda perdiz, sólo codorniz en escabeche.
DOÑA AURORA.- La revista más audaz.
MAYORDOMO.- Para el lector más inteligente, señora.
(Los tres hacen mutis por la derecha. Tras otro rato, la luz natural que entra por las ventanas se va acentuando penetrando el sol. Poco después aparece por la derecha el MAYORDOMO con una muchacha.)
MAYORDOMO.- (Deja la maleta de la chica en el suelo y se apresura a correr los cortinones.) Acomódese, señorita. Los señores no tardarán y podrá tomar con ellos una infusión. Por cierto que, ¿habrá almorzado usted?
EMILIA.- Naturalmente, muchas gracias. ¿Podría, mientras tanto, ver mi habitación?
MAYORDOMO.- (Cogiendo la maleta.) Cómo no, yo la acompaño. (Desaparecen ambos por la puerta del foro izquierda.)
DON LEONCIO.- (Entrando al salón.) Excelente comida, Aurora. Fina sigue siendo la mejor cocinera de la provincia.
(Toman asiento en los sofás y DOÑA AURORA hace sonar una campanilla. Al poco entra a la sala por el foro izquierda la muchacha y DON LEONCIO da un respingo.)
DON LEONCIO.- Caray, pues sí que ha cambiado Fermín.
EMILIA.- Buenas noches. Qué encantadora habitación y qué vistas tan frescas a la campiña.
DOÑA AURORA.- Lo que hace falta es que no sea usted una fresca, señorita. Pero siéntese, siéntese, querida. (Vuelve a agitar la campanilla.) ¡Fermín!
MAYORDOMO.- (Entrando por el foro izquierda.) ¿Ha llamado la señora? Descuide que ya traigo las tisanas. (Sale por la derecha.)
DON LEONCIO.- Vaya, pues la primera cliente de esta temporada. ¿Para muchos días, señorita…?
EMILIA.- Emilia. Pues depende. (EMILIA tiene un ligero y juvenil tartamudeo.) Mi idea era permanecer hasta el día del crimen. Claro, si no es molestia.
(El MAYORDOMO entra con una bandeja con tres tazas y una tetera que va colocando en la mesita.)
DOÑA AURORA.- Por Dios, ninguna molestia. Pero, háblenos de usted, Emilia. ¿Soltera? ¿Aficiones? ¿Profesión?
EMILIA.- (Algo incómoda.) Pues verá: soy representante de vinos y me entusiasman las novelas victorianas, las de crímenes y todo lo de Jane Austen. Y me chiflan los chismes de la aristocracia y la alta sociedad.
DOÑA AURORA.- Pues yo estoy acabando ahora “El caso de los asesinatos de los Greene”.
EMILIA.- Oh, también es magnífico ese Van Dine.
DON LEONCIO.- Es usted de Teruel, supongo. Dado que el anuncio se insertó en su Diario.
EMILIA.- Soy madrileña “por accidente” y… tengo unos parientes de Alcorisa que viven en Zurbano. Y están suscritos al periódico. Y yo, pues leí el anuncio y ¡zas!… me dije: Emilia, así podrás coger ideas para tu novela sobre la azarosa vida de los Alba.
DOÑA AURORA.- Curiosa afición la suya, porque trabajando de bodeguera… (Se hace un silencio que aprovechan los tres para beber de las tazas.)
EMILIA.- Bien (Levantándose.), pues muy buenas noches. Con su permiso me retiro a descansar. (Se detiene mirando los retratos.) Estaban ustedes muy guapos y elegantes, ya lo creo…
DON LEONCIO.- Ay, la juventud… (EMILIA desaparece por el foro izquierda y el MAYORDOMO entra por la derecha a retirar el servicio.)
DOÑA AURORA.- No le necesitaremos ya hasta la noche, Fermín. (El MAYORDOMO hace un gesto servicial y sale de la estancia.) Esta muchacha, Leoncio…
DON LEONCIO.- ¿Qué le pasa?
DOÑA AURORA.- No sé, creo que oculta algo. Además, me suena su cara de algo…
DON LEONCIO.- Bobadas. Es una chica joven, bonita, aficionada a la literatura criminal y que ha leído tu anuncio. ¿Qué esperabas?
DOÑA AURORA.- (Pensativa.) En fin… confiemos en la llegada de más huéspedes. Aunque nos hagan la competencia desleal esos Paradores de Turismo, que tan de moda están.
DON LEONCIO.- Y encima han abierto ahora otro en Molina de Aragón…
TELÓN.

