
«¿Creen ustedes que habrá gobiernos, empresas y otros actores, que serán capaces de utilizar la digitalización para controlarnos, por encima de nuestra libertad?»
Digitalización, digitalizar, digital, son algunos términos que cada día tienen más protagonismo en nuestras vidas. Han cambiado y están cambiando nuestra sociedad de manera inimaginable hasta hace muy pocos años; además, en estos momentos, es muy difícil predecir cuáles serán los límites a los que podremos llegar.
Básicamente, según la RAE, digitalizar consiste en “convertir o codificar en números dígitos datos o informaciones de carácter continuo, como una imagen fotográfica, un documento o un libro”. Fundamentalmente, se utiliza un sistema binario de numeración, un sistema que utiliza como cifras el 0 y el 1. Así, se puede realizar la citada codificación en sistemas o dispositivos que la crean, muestran, transportan o almacenan y, todo ello, a una enorme velocidad, cada vez más. El ordenador es la máquina electrónica central para todo ello, procesa automáticamente la información utilizando programas informáticos y, como se ha indicado, de forma muy rápida; de esta manera se puede aspirar a plantear, analizar y resolver múltiples problemas y nuevos proyectos.
Esto nos permite acceder, con rapidez, a una cantidad de información, casi ilimitada: libros, revistas científicas, imágenes, películas, datos muy diversos, etc. Además, para acceder a esa información, ya no es necesario llevar consigo múltiples soportes para almacenarla, sólo es necesario un ordenador y el acceso a redes de comunicación que nos conectan a servidores en los que se almacena. En mi opinión, esto ha sido beneficioso desde diversos puntos de vista; muchas profesiones y tareas se han hecho más eficientes; en cualquier caso, prácticamente todas, de una forma u otra, se adaptan a las posibilidades que ofrece la digitalización. No sólo está afectando al mundo laboral, nuestra vida, en general, ha cambiado y sigue cambiando a una velocidad de vértigo gracias o por culpa de la digitalización; ya, casi, no podemos vivir sin ella.
Gracias a la digitalización, las comunicaciones a distancia han cambiado sustancialmente. Por ejemplo, sólo hay que fijarse en los sistemas de telefonía que tenemos hoy día en comparación con los que había hace algunas décadas. El número de terminales ha aumentado de forma muy significativa; además de la voz, diferentes sistemas de mensajería incrementan las formas en las que nos comunicamos. En principio, podríamos decir que todo ello está muy bien, pero todo lo que hablamos y escribimos se puede grabar y guardar con facilidad, en definitiva, intervenir, tanto para su análisis inmediato o futuro. Es evidente que ello implica una pérdida de intimidad, con todo lo que ello puede suponer.
Además, diseñadas para facilitar su uso en los terminales de telefonía, también se han extendido lo que llamamos “redes sociales”; éstas permiten vigilarnos de una forma muy eficaz. Igualmente, hábilmente gestionadas, pueden ir conformando nuestra opinión de acuerdo con intereses varios. Podríamos, por tanto, decir que la digitalización tiene un gran poder de control sobre nosotros.
Otro ejemplo, el dinero, las gestiones económicas. Sin necesidad de desplazamientos y tiempo de espera en colas de oficinas bancarias, servicios de suministros, administración, etc., podemos hacer, desde casa o casi desde cualquier sitio, múltiples gestiones en apenas unos minutos. Qué duda cabe que son cosas que nos facilitan la vida, sin embargo, la digitalización de toda la información asociada, no sólo es de fácil acceso para nosotros, sino que, además, también lo es para el banco, empresas varias, administración y para todo aquel capaz de infiltrarse en estas jugosas bases de datos. De nuevo, estamos expuestos a una importante pérdida de nuestra intimidad; muchas personas, tanto legal como ilegalmente, pueden acceder a conocer nuestros gastos, deudas, ingresos, relaciones económicas clave, etc., y dependiendo del uso que se haga de toda esa información, nuestra libertad personal puede estar en grave peligro.
En el contexto económico, un tema de enorme importancia es la moneda digital. Hay algunas instituciones que ya muestran un gran interés en su rápida instauración, definitiva y exclusiva; quieren eliminar la moneda física. Los argumentos que se emplean son el control del fraude: la lucha contra al dinero negro y la evasión de impuestos. Todo ello parece razonable, sin embargo, no dicen algo que podemos tener la absoluta seguridad que piensan en primer lugar: al desaparecer el dinero físico, con la libertad que ello supone, el control que pueden tener sobre nosotros es ya total. Pueden decidir si se nos autoriza o no cualquier compra que queramos hacer; si podemos ahorrar con total libertad o bien condicionada con criterios variables según les convenga en cada momento; ¿se imaginan? Sí, sí, nos dirán que, por supuesto, se garantiza nuestra libertad y la propiedad de nuestro dinero… claro, claro, con la garantía y la “palabra de honor” de los gobiernos de turno. ¿En qué acaba todo ello? De nuevo, en más control sobre nuestras vidas y la correspondiente pérdida de libertad.
También, es evidente cómo ha cambiado la forma tradicional en la que fotografiamos o hacemos vídeos de nuestras vidas. Ya no son necesarias cámaras voluminosas, costosas, ni los soportes que empleábamos para guardarlo todo: papel fotográfico o diferentes tipos de cintas de vídeos. Ahora, todo se almacena en diferentes tipos de discos o de memorias digitales; pero claro, como aumenta la calidad de las imágenes que tomamos, la necesidad de incrementar la capacidad de almacenamiento es cada vez mayor, hasta tal punto que ya no tenemos un control absoluto de nuestras imágenes, la mayoría, las tenemos en lo que llamamos la nube. La nube es una red de ordenadores, de servidores, conectados entre sí y que almacenan nuestra información. Esta nube y servidores son propiedad de algunas pocas compañías que tienen “toda nuestra vida” en sus manos… Nos hacen ofertas, casi irrechazables, para que depositemos nuestra información en sus equipos; mientras haya competencia, las cosas irán más o menos de forma razonable, pero cuando se sientan mucho más fuertes y con capacidad de influenciarnos, las condiciones que nos ofrecían, inicialmente, empezarán a cambiar: o paga usted ahora tanto, o dispone de tanto tiempo para descargarse toda su información o la perderá de forma irrecuperable. Puede que, en algunos o muchos casos, no sea posible o no podamos conseguir dispositivos para almacenar en casa toda la información que hemos ido acumulando, durante años, en la nube y, por lo tanto, no nos quede más remedio que aceptar las condiciones que nos impongan, independientemente de lo leoninas que sean. ¡Ah! Pero para eso están los gobiernos, que nos protegen de estas situaciones… jejeje, ¡suerte, maestro! Como confíe usted en las garantías de su gobierno está usted apañado.
¡Qué no, esas cosas no pasan! ¿No? Pues no hace muchos meses, recibo de mi universidad un correo en el que nos comunican que Microsoft ha modificado, de forma unilateral, la política de almacenamiento de información en su nube, OneDrive, SharePoint y Exchange, ofrecida a los centros educativos. En concreto, para hacernos una idea del asunto, hasta ese momento, cada usuario autorizado por la universidad disponía de una capacidad de almacenamiento de hasta 1 TB (1000 GB) y, a partir de ese momento, se reduce en un 90%. No es necesario explicar los problemas que puede suponer esto, tanto más cuanto más confías en la nube y dejas de tener copias locales actualizadas de tu información profesional. Que yo sepa, se está “negociando” con Microsoft. En parte, este hecho, entre otros, me ha llevado a escribir este artículo y pensar en la digitalización, sus ventajas, inconvenientes y, sobre todo, sus potencialidades, para el bien y para “el mal”.
Pongamos otro ejemplo de las cosas que la digitalización permite o permitirá: votaciones digitales. ¿No puedes acudir físicamente a la sede de tu colegio electoral? Pues no tardarán en darte una alternativa, o incluso obligarte a hacerlo de esta forma, podrás votar digitalmente. Como otras cosas, todo lo que sea facilitar nuestras tareas, en principio, está bien, pero lo que pasa es que la “nube”… “nunca sabes dónde descargará la tormenta”. ¡Pero hay múltiples filtros y mecanismos de seguridad para garantizar el voto digital emitido…! ¡Ya! ¡Como en el voto por correo!
Tener la información en formato digital permite analizarla con eficiencia y rapidez. Podemos desarrollar programas informáticos que busquen patrones de comportamiento, que identifiquen cuáles son las variables clave en determinados problemas, que encuentren relaciones estadísticamente significativas que, de otra manera, nuestras limitaciones humanas no podrían hacer. Podemos modelar realidades físicas, químicas, biológicas, sociales, económicas, etc.; podemos ir comprendiendo y explicando mejor la realidad que nos rodea. Si disponemos de modelos fiables, representativos de, por ejemplo, una planta química industrial, podremos aprovechar mejor las materias primas, la energía necesaria, reducir los residuos generados y decidir sobre las mejores estrategias de control para que funcione con seguridad. Qué duda cabe que la digitalización nos ofrece muchas posibilidades de mejora.
Pero todo esto está llegando ya a un punto en el que la “digitalización aprende por sí misma” y alcanza capacidades, cada vez mayores, de “autonomía”: la inteligencia artificial (IA). El que más o el que menos ya habrá tenido la oportunidad de haberse acercado a este mundo. Es un poco como si estuviéramos ante una “lámpara de Aladino”: el estudiante, le pide que le haga una redacción o un trabajo sobre un tema; el investigador, que le haga una revisión bibliográfica con ciertas palabras claves y determinadas restricciones; el influencer, que le haga un vídeo sobre determinados famosos; el informático, que le escriba unas líneas de código en un lenguaje determinado para llevar a cabo una tarea específica, etc. Sí, sí, con errores, pero cada vez menos. Todo esto es tan así que, por ejemplo: ya está afectando a los métodos de evaluación de nuestros estudiantes, el encargo de diversos trabajos se está viendo reducido porque se está comprobando que no los hacen ellos, sino la IA; o se están haciendo trabajos científicos, no con la ayuda correcta, positiva, declarada de herramientas de IA, sino de forma fraudulenta, utilizando la IA para inventarse datos, citas bibliográficas, redacción de partes o de artículos completos, etc. Entre las causas por las que hoy día se están retractando artículos científicos publicados, cada vez es más habitual la del uso indebido de IA.
Se podrían seguir comentando otros ejemplos, aspectos y problemas relacionados con la digitalización, como el incremento de instalaciones para albergar bases de datos para el almacenamiento de la información que vamos generando y el del consumo eléctrico asociado a ello, pero esto sería objeto de un artículo específico y no se abordará aquí.
La digitalización ha supuesto, además, la creación de nuevas profesiones o áreas nuevas de trabajo como la ciberseguridad, especialistas en análisis de datos y otras; en general, bien remuneradas y de gran responsabilidad. La digitalización ha contribuido y contribuirá de forma muy positiva a la sociedad, sin embargo, como todo, mal utilizada, puede ser un arma terrible contra la sociedad.
¿Creen ustedes que habrá gobiernos, empresas y otros actores, que serán capaces de utilizarla para controlarnos, por encima de nuestra libertad?

