Ruy González de Clavijo: En busca de la Alianza con Tamerlán. Tres años de viajes por Asia Central en el siglo XV. Por José Crespo

En febrero de 2010 traté en el número 13 de la Revista Atenea la aventura de un español olvidado que traigo de nuevo a la memoria.
Imagen recreada de Ruy González de Clavijo

«Simultáneamente a la Reconquista de las tierras arrebatadas por los musulmanes, la política castellana era ambiciosa. Enrique III envió una embajada al aterrador heredero de Gengis Khan»

Enrique III de Castilla, rey entre 1390 y 1406 y abuelo de la futura Reina Isabel la Católica, ya había destacado como político con una profunda visión y con grandes miras porque, conocedor de la dimensión más que continental del territorio conocido, había enviado embajadas al Sultán de Babilonia en El Cairo.

A pesar de la distancia, a Europa llegaban terroríficas noticias de Tamerlán, quien, más allá del territorio dominado por los turcos, había conseguido sonadas victorias sobre ellos. Para establecer con él relaciones diplomáticas y atenazar a los turcos, el Rey de Castilla envió a Payo Gómez de Sotomayor y Hernán Sánchez de Palazuelos quienes coincidieron en Angora, actual Ankara, en el año 1402, justo cuando Tamerlán venció al Sultán otomano Bayaceto I, entre 1389 y 1402, en la llanura de Tchibukova.

Aun así, el viaje de los embajadores castellanos continuó y llegaron a ser recibidos por el Gran Tamerlán quien, a su regreso, les añadió su propio embajador, Mohamad Al Qazl El Kesh, con una carta para el Rey de Castilla comunicándole su victoria sobre Bayaceto. Además, llevaba a las princesas húngaras Catalina, Angelina y María, liberadas del poder turco, y otros presentes.

Aquellas lejanas tierras eran conocidas superficialmente porque religiosos dominicos y franciscanos predicaban allí desde 1318 en Tabriz, Persia, y cuyo Obispo, Joannes de Galonifontibus, fue enviado también por Tamerlán en julio de 1402 con cartas para los reyes de Inglaterra y de Francia comunicándoles su victoria sobre Bayaceto.

Aquel viaje a la lejana Asia Central constituye una de las grandes proezas no valoradas hoy en día dadas las actuales facilidades para viajar y la gran olvidada de nuestros cinematógrafos.

NUEVA EMBAJADA

El Rey Enrique III de Castilla, ante tales noticias, y para mejorar las relaciones con el Gran Tamerlán, decidió enviar en el año 1403 una nueva embajada, presidida esta vez por Ruy González de Clavijo, con el que irían el maestro teólogo Fray Alonso Páez de Santamaría, quien ofició además de intérprete, el Guarda del Rey Gómez de Salazar, Mohamad Al Qazl y el séquito correspondiente. La finalidad era estrechar relaciones diplomáticas con Tamerlán para que, mediante efecto tenaza, amenazara la retaguardia turca y aliviara su presión en el Mediterráneo occidental.

González de Clavijo ‘El Vaginaro’ comenzó su viaje en Segovia, pasó al Puerto de Santa María en Cádiz, desde donde partió el 22 de mayo de 1403. La expedición navegó hasta Málaga, Cartagena, Formentera y Mallorca. El 18 de julio, cerca de Strómboli, padecieron una terrible tormenta tras la que observaron las ‘Luces de San Telmo’ en lo alto de los mástiles y que fueron consideradas de buen augurio.

Navegaron hasta Rodas y desde allí hasta Constantinopla, donde fueron recibidos con todos los honores por el Emperador Manuel II Paleólogo (1391-1424). Después de costear por el sur el mar Negro desembarcaron en Trebisonda y cruzaron por Armenia, Persia y Turquestán, tierras que hoy son de Turquía, Iraq e Irán.

Se detuvieron en las ciudades de Khoy y Tabriz, y pasaron por Soltania, hasta llegar a Teherán desde donde partirían hasta Dagum y Nisapur, donde falleció el Guarda Real Gómez de Salazar, cruzando la frontera de Turkmenistán y el desierto de Karakum hasta llegar a Bujara, para finalmente entrar, dieciséis meses después, el 8 de septiembre de 1404, en Samarcanda, la Perla de la Gran Ruta de la Seda.

«Aquel viaje a la lejana Asia constituye una de las grandes proezas no valoradas hoy en día dadas las actuales facilidades para viajar».

Samarkanda Fachada de la madraza Sher-Dor.

Recibidos por el Gran Tamerlán, o Tamurbec, como aparece en su relato, éste pronunció las siguientes palabras: «Ved aquí estos embajadores que me envía mi hijo, el Rey de España, que es el mayor Rey que hay entre los francos, y son muy gran gente. De verdad que yo le daré mi bendición a mi hijo, el Rey»

También se cuenta que, ocupando la delegación china una tarima a mayor altura, Tamerlán la hizo desalojar para asignar ese lugar más importante a Clavijo y su séquito.

En Samarcanda el Gran Tamerlán celebró el ‘gran quriltai’, que tenía por objeto la elección de un nuevo Khan títere que sucediera al anterior muerto tiempo atrás. Asistieron a los fastos numerosas embajadas incluyendo la china y la castellana.

Durante tres meses los castellanos fueron invitados a un sinfín de fiestas y celebraciones pero, repentinamente, sin muchas explicaciones, fueron conminados a dejar Samarcanda sin tener aún la respuesta de Tamerlán a la carta del Rey Enrique III y sin poder ni siquiera despedirse de él. En el camino de regreso, conocieron la razón de la brusca despedida: Tamerlán había fallecido el 19 de enero de 1405 mientras preparaba un enorme ejército que iba a dirigir contra China.

En los disturbios desencadenados a su muerte la comitiva castellana fue asaltada, los bienes que había llevado para agasajar al mongol fueron robados y ellos quedaron cautivos en Persia durante seis meses tras los que pudieron continuar su viaje de regreso. Finalmente, llegaron a Sanlúcar de Barrameda en marzo de 1406 y de allí a Alcalá de Henares donde les recibió el Rey a quien no pudieron presentar resultados positivos de la embajada.

Shah-i-Zinda necrópolis en la parte noreste de Samarcanda, Uzbekistán.

 

TRES AÑOS DE VIAJES

Dejando de lado las actuales facilidades de los viajes planetarios, debemos reconocer la extraordinaria aventura que fue aquel viaje a tierras entonces tan distantes y desconocidas donde también se puede constatar el impacto de aquella embajada castellana pues Tamerlán mandó construir una población a las afueras de Samarcanda que se llamó Madrid y en el observatorio astronómico que levantó Ulug Bek, hijo y sucesor de Tamerlán, encontramos un reciente mural alusivo a los embajadores castellanos; y en el que en 2004 se inauguró la avenida Ruy González de Clavijo al lado del Gur-Emir.

Tras el azaroso retorno, Ruy González de Clavijo escribió su relato titulado ‘Embajada a Tamorlán’, dejando constancia de las experiencias de aquellos intrépidos viajeros en una de las mejores descripciones del encuentro de dos culturas distintas, abarcando desde la partida de Sanlúcar hasta su regreso a Alcalá de Henares.

Una de las páginas del manuscrito ‘Embajada a Tamorlán’.

En sus páginas se observa Asia desde una mirada europea; da a conocer ciudades, como las misteriosas Constantinopla y Samarcanda sobre todo, fenómenos de la naturaleza, flora y fauna, y gentes de diferentes costumbres, culturas, creencias, ritos, lenguas y razas que encuentran en su camino. Díganme si esta ventura no sería digna de un largometraje.

Refiere curiosidades como cuando en la ciudad de Hoy o Jvoy, en Azerbaiyán Occidental, Irán, se encontraron con el embajador que el sultán de Babilonia enviaba a Tamerlán, y que llevaba veinte caballos y quince camellos cargados de presentes, seis avestruces y una rara alimaña llamada ‘jornusa’ que les maravilló y cuya detalladísima descripción revela que se trataba de una jirafa.

La obra está escrita con un estilo claro y directo, sobre todo en sus últimos capítulos. La estructura está bien trabada y el apasionante relato de los hechos y lugares es de gran exactitud, pudiendo seguirse el relato acompañado de un mapa, algo poco habitual en los libros medievales de viajes.

El texto se tradujo de inmediato al aragonés, como lengua diplomática de la época, inglés, ruso, francés, persa y turco, convirtiéndose en el episodio más importante de la diplomacia medieval castellana, hasta el punto de ser, quizás, el único de sus testimonios «que ha llegado a universal conocimiento y que ha alcanzado verdadera difusión», según el historiador M. A. Ochoa Brun. Asimismo, mereció figurar en el Diccionario de Autoridades en la Lista de autores elegidos por la Real Academia para el uso de voces y modos de hablar, entre los escogidos para documentar la prosa desde 1400 a 1500.

Tamerlán fue el último de los grandes conquistadores turco-mongoles nómadas. Sus grandes ejércitos recorrieron desde Delhi hasta Moscú y desde Asia Central hasta Anatolia. Su resonante victoria sobre los turcos se atribuyó en Europa al Preste Juan, el imaginario señor cristiano que reinaba al este de los países ocupados por el Islam y a quien Tamerlán quedó asimilado. Ello hizo concebir una alianza entre cristianos frente a la amenaza turca. Estatua homenaje en su memoria en Shahriabz.

‘Embajada a Tamorlán’ es, pues, aunque desconocida una de las joyas olvidadas de la literatura medieval castellana, y es en muchos aspectos comparable al célebre ‘Libro de las Maravillas’ del veneciano Marco Polo.

Todo ello lo convierte en una obra entretenida y a la vez llena de rigor, siendo uno de los libros de viajes de mayor amenidad, interesante, preciso y precioso de la literatura medieval española.

 

 

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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