
«También es cierto que en un país normal este sujeto nunca habría llegado a ministro, casi ni a tirar de un carro»
Que un ministro cuya incompetencia, o negligencia, lleva desde su nombramiento dejando tirados a miles de pasajeros en lo que antes era un servicio ferroviario modélico, se permita burlarse de los problemas de los cientos de ciudadanos afectados por unos incendios, delictivamente provocados la gran parte de ellos, solo demuestra la bajeza moral y la indiferencia hacia el sufrimiento de las personas de este sujeto que, en un país normal, habría sido destituido por sus innumerables deficiencias morales, y profesionales, excepto su demostrada habilidad para el insulto y la zafiedad.
También es cierto que en un país normal este sujeto nunca habría llegado a ministro, casi ni a tirar de un carro.

