¡MUY BUENOS DÍAS!
Quisiera alcanzar el cielo y no es mi momento
quisiera encontrar lo que nadie puede hallar
ver realmente un corazón puro y noble
un imposible, si no hay verdad.
Me frustro por que no me entienden
otro, lo mismo de mi pensará
debo de seguir camino,
para no estrellarme más.
Así comienzo el día de hoy, junto a una obra de pintura extraordinaria, realizada por una pareja de artistas y en la que uno la comienza y el otro la finaliza. Si os preguntáis que es lo que he querido decir, mejor que no lo hagáis y tan sólo meditar; seguro que en algún momento os ha sucedido lo que os he contado.
El matrimonio de pintores formado por Kevin D. Miles y Wendy Schaefer-Miles es único en el mundo del arte. Son dos artistas con una misma visión, que trabajan codo con codo en el mismo lienzo. Se conocieron en Florida, y se casaron en 1987. Viven en una granja, y allí realizan sus trabajos artísticos. Sus obras se exhiben por todo el país y sus hermosos paisajes han cautivado a coleccionistas por todo el mundo.

«El cielo en un lugar en la tierra»
Dicen que existe un valle donde el cielo se cansa de encontrarse tan lejos
y baja a tocar la tierra. Allí estuve y quiero contártelo,
El día dormía en tonos anaranjados, y el horizonte se perdía entre amarillos que un pincel dejó encendido sobre nubes que se van. Al fondo, montañas inmensas se alzaban en un gris azulado, charlatanes y curiosas cuando veían llegar a un forastero sin saber lo que querrá y calladas, siempre eternas, vigilando el lugar.
A cada lado del sendero, los pinos crecían altos, tranquilos y serenos, custodiando
cada paso, sin apenas rechistar; salvo cuando se movían las ramas por un momento en el
que oía unos murmullos sin llegar a comprenderlo.
El campo se extendía en un tapiz de hierba fresca. Se percibía en el aire un aroma de tierra limpia y savia verde, ese olor que no se olvida. Avancé y surgió el río de un azul esmeralda, intenso y tan claro, que las piedras en la orilla brillaban como gemas dormidas. Su corriente iba cantando, y en su canto se hallaba la certeza de que la vida nunca se detiene, de que todo lo que amamos sigue fluyendo aunque no lo veamos.
En ese instante comprendí que el cielo no siempre está allá arriba. A veces baja, se posa sobre la tierra, y nos regala lugares como este para recordarnos que la vida, en su sencillez, ya es sagrada y me fui de allí con la certeza de haber visto algo más que un paisaje: había encontrado un pedacito de eternidad escondido en este mundo.
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Desde vuestra revista digital La Paseata os deseamos que tengáis un bonito día. Sentimos lo que está sucediendo en nuestro país. En vez de tanto reproche entre los gobernantes, que se pisan unos a otros y no hacen nada. Les pedimos que actúen ya. Todos son culpables y ahí están los hechos.
MMB

