
«Qué pensarán y dirán de nuestra actual y sanchista representación en los círculos internacionales del poder en los que España cada vez pinta menos»
Si, como asegura uno de los personajes de John Le Carré en Un traidor como los nuestros «los diplomáticos mienten por el bien de su país y los políticos para salvar su pellejo», en España vamos de culo, no ya por la economía, el nepotismo o la corrupción, que eso es de sobra conocido, sino por la política de nombramientos que han llevado a cabo los gobiernos socialistas en Exteriores, donde en la actualidad, una mayoría de nuestros embajadores en puestos clave, son políticos del partido sanchista.
En la novela del escritor inglés una pareja muy enamorada, decide disfrutar de unas inolvidables vacaciones en la isla caribeña de Antigua. Allí conocen a un tal Dima, un mafioso ruso experto en blanqueo de capitales, y a partir de ahí, la pareja se convertirá en un títere dirigido por los servicios secretos en cuyas manos, según Le Carré, está el destino de todos.
Y ya se sabe, diplomáticos y espías son como la cerveza y los boquerones en vinagre, casan bien. He tenido la suerte de conocer a alguno embajadores de verdad, profesionales en defender los intereses de España y también a alguno de los otros. Los enchufados por el gobierno. Y si yo he notado la diferencia, me imagino qué pensarán y dirán de nuestra actual y sanchista representación en los círculos internacionales del poder en los que España cada vez pinta menos.
Además nunca olvidaré que en 1990, durante la primera Guerra del Golfo, tuve la suerte de coincidir un par de semanas con un auténtico espía español. Llámame Paquito, dijo al presentarse. Un tío encantador, preparado y valioso. Desde entonces, al recordarle, me he sentido seguro, pero hace ya unos pocos de años no las tengo todas conmigo. Hasta puede ser que le hayan defenestrado para contratar a algún primo con carnet en el cerebelo. Y esto no es ninguna sensación agradable, porque visto lo visto, no hay nada peor que la ingeniería social dirigida por un sectario fanático, como todos.
Aquí y ahora, resulta que, en la historia de las maletas de Delcy en Barajas, todavía por desvelar, que protagonizan Ábalos, Aldama y algún policía además de diplomáticos han ido apareciendo en lo medios de comunicación, poco a poco, las sospechas de que las desapariciones de las grabaciones, y otros detalles de importancia, pudieran haber sido ejecutados por espías españoles. Por espías, en todo caso de partido digo yo. Ni el magnífico John Le Carré ha imaginado en sus novelas, hasta ahora, nada parecido sobre la chabacanería en la corrupción política.

