
«No humilla quien quiere aunque tenga mala baba. Aunque tenga la soberbia contra la que se alza España»
Vestidos de enterradores
se hallaron fuera de España.
No parecen otra cosa
ni que lleven vida sana.
Gerentes de funeraria
cobran sus miles del ala.
Gastan sus perras en ropa:
gafas, zapato y corbata.
¿Quiénes son estos tipos?
Es cosa que nos demanda
rascando en nuestros bolsillos
saber de quiénes se trata.
Dicen que son presidentes
de la región catalana.
Pero se rifan votantes
del Magreb y Casablanca.
El uno está en el “exilio”,
fugado con mucha maña.
Bebiendo cerveza belga,
soñando anchoas d´Escala.
El otro ya fue ministro
en una época tan mala,
en medio de la pandemia
con la gente enmascarada.
¿Qué harán los honorables?
¿Sólo posan y retratan?
¿Acordarán ya la vuelta
con el flabiol y la gralla?
¿Trataron de la prisión
que somete y atenaza?
¿O de la financiación,
insuficiente y escasa?
¿Hablaron bien del llebeig?
Bien merece una parlada.
Con acento ampurdanés
anunciaron tramuntana.
¿Compartirán el sillón
del palacio de la plaza?
¿Cómo tomar el café?
Mirad que hay sólo una taza.
Y el coche y las secretarias:
la Juani, Marcela y Ana.
¿Habrá despachos pa todos?
(Tranquil.la, que Espanya ho paga.)
El amable Puigdemont
en una bonita sala
recibió a don Salvador
sin banderas ni sardanas.
Ya el abad de Montserrat
se apuntó a la quedada,
visitando Guaterlú
en fecha previa acordada.
No le extrañó a don Illa
ni le causó gran alarma
este lujo de Bruselas,
la capital de la fama.
Ni un triste vaso de agua,
ni una pobre calçotada
ofreció el señor don Carles
a semejante embajada.
Roñosa actitud la suya,
ruin y encima desmedrada.
Caray, que si no comemos
presta llegará la parca.
Más le vale al huido
descorchar un Perelada
y preparar su regreso
con pastel y mermelada.
No se pase usted de listo,
vuelva humilde a su casa,
a disfrutar de su hogar
y del fervor de la masa.
¿O es que acaso no se fía
del magistrado Marlasca?
¿Teme usted que lo detengan
con engaño y patraña?
Un guardiacivil de verde
y la Policía Armada,
cruzando por la Junquera
y hasta mossos de alpargata.
Lo sabremos ya muy pronto
pues el tiempo apremia y cansa,
y el hombre añora a su dona
y su sueldo de empleada.
¿No es bastante, president?
¿Ni la Hacienda ni la pasta?
Una cosa aún le falta:
la Justicia catalana.
Pero al despertar del sueño,
junto a la cuatribarrada
colgará de los balcones
la bandera roja y gualda.
Pues que no humilla quien quiere
aunque tenga mala baba.
Aunque tenga la soberbia
contra la que se alza España.

Bien por los expresivos versos.