El flabiol y la gralla [Romance de los Molt Honorables]. Por Diego Pardos

Romance de los Molt Honorables

«No humilla quien quiere aunque tenga mala baba. Aunque tenga la soberbia contra la que se alza España»

  Vestidos de enterradores 

se hallaron fuera de España. 

No parecen otra cosa 

ni que lleven vida sana. 

 

Gerentes de funeraria 

cobran sus miles del ala. 

Gastan sus perras en ropa: 

gafas, zapato y corbata. 

 

¿Quiénes son estos tipos? 

Es cosa que nos demanda 

rascando en nuestros bolsillos 

saber de quiénes se trata. 

 

Dicen que son presidentes 

de la región catalana. 

Pero se rifan votantes 

del Magreb y Casablanca. 

 

El uno está en el “exilio”, 

fugado con mucha maña. 

Bebiendo cerveza belga, 

soñando anchoas d´Escala. 

 

El otro ya fue ministro 

en una época tan mala, 

en medio de la pandemia 

con la gente enmascarada. 

 

¿Qué harán los honorables

¿Sólo posan y retratan? 

¿Acordarán ya la vuelta 

con el flabiol y la gralla? 

 

¿Trataron de la prisión 

que somete y atenaza? 

¿O de la financiación, 

insuficiente y escasa? 

  

¿Hablaron bien del llebeig

Bien merece una parlada. 

Con acento ampurdanés 

anunciaron tramuntana

 

¿Compartirán el sillón 

del palacio de la plaza? 

¿Cómo tomar el café? 

Mirad que hay sólo una taza. 

 

Y el coche y las secretarias: 

la Juani, Marcela y Ana. 

¿Habrá despachos pa todos? 

(Tranquil.la, que Espanya ho paga.) 

 

El amable Puigdemont 

en una bonita sala 

recibió a don Salvador 

sin banderas ni sardanas. 

 

Ya el abad de Montserrat 

se apuntó a la quedada, 

visitando Guaterlú 

en fecha previa acordada. 

 

No le extrañó a don Illa 

ni le causó gran alarma 

este lujo de Bruselas, 

la capital de la fama. 

 

Ni un triste vaso de agua, 

ni una pobre calçotada 

ofreció el señor don Carles 

a semejante embajada. 

 

Roñosa actitud la suya, 

ruin y encima desmedrada. 

Caray, que si no comemos 

presta llegará la parca. 

 

Más le vale al huido 

descorchar un Perelada 

y preparar su regreso 

con pastel y mermelada. 

  

No se pase usted de listo, 

vuelva humilde a su casa, 

a disfrutar de su hogar 

y del fervor de la masa. 

 

¿O es que acaso no se fía 

del magistrado Marlasca? 

¿Teme usted que lo detengan 

con engaño y patraña? 

 

Un guardiacivil de verde 

y la Policía Armada, 

cruzando por la Junquera 

y hasta mossos de alpargata. 

 

Lo sabremos ya muy pronto 

pues el tiempo apremia y cansa, 

y el hombre añora a su dona 

y su sueldo de empleada. 

 

¿No es bastante, president

¿Ni la Hacienda ni la pasta? 

Una cosa aún le falta: 

la Justicia catalana. 

 

Pero al despertar del sueño, 

junto a la cuatribarrada 

colgará de los balcones 

la bandera roja y gualda. 

 

Pues que no humilla quien quiere 

aunque tenga mala baba. 

Aunque tenga la soberbia 

contra la que se alza España. 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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1 comentario

  1. Bien por los expresivos versos.

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