Conversaciones en el andamio. El retorno de Cara-delgá y sus payasos justicieros. Por Francisco Gómez Valencia

El retorno de Cara-delgá y sus payasos justicieros.

«Desde Presidencia ya han podido percibir como anda el patio en cuanto al escaso interés que despierta Cara-delgá y sus payasos justicieros»

Como decíamos ayer, quedábamos emplazados a las puertas de los juzgados y hasta que estos no vuelvan a poner a cada impresentable en su sitio, la política huelga decir que interesa lo justito dado que sinceramente pese a que no ha llovido durante todo el verano, tampoco ha escampado políticamente como ya saben y no hace falta repetir.

Mientras: obviamente ruido, humo, fuego y sobre todo mala educación. ¡Ah¡ Y mucho activista sin vacaciones hablando a las musarañas por mucho que el jefe de RTVE alardeara de las cifras de audiencia que durante los ineficaces meses de  julio y agosto (para la cosa de la prensa y la política basura) se han conseguido especialmente desde Televisión Espantosa. Es más, tuvo que llegar Pablo Motos para hundir en la miseria al felón simplemente arrancando motores con un facha y simpático carcamal es decir, Bertín Osborne y de remate el flipado de Sergio Ramos, así que, imagino que desde Presidencia ya han podido percibir como anda el patio en cuanto al escaso interés que despierta Cara delgá y sus payasos justicieros.

Una pequeña selección de los payasos justicieros

La vivienda, los trenes, los baches, el fuego casi siempre selectivo dependiendo del partido que gobierna la comunidad autónoma, el falso racismo y de paso sea dicho, el falso talento africano que no para de llegar, lo que cuesta la vida, “el caloret”, alguna granizada –y no de limón precisamente–, alguna violación mediática a la puerta de los MENAS malintencionadamente ocultada, las cifras trucadas desde el Gobierno de la mentira sobre criminalidad y los datos del paro, los gestitos de los moñas pro-Palestina es decir, pro-Hamas como manera mas imaginativa de tratar de dar “polculo”, la flotilla de mierdecillas, “Illa, Illa maravilla”, la Vuelta a España más politizada y “repugnantosa” (si se me permite como primera licencia lingüística del curso) que parió madre, la madre que parió al comentarista, o sea a Panete, la depresión postvacacional, la vuelta al cole, Zapatero, Maduro, Huawei, Pepiño, el Fiscal General y hasta el Rey poniendo otra vez cara de circunstancia y como no, el Falcon. Bueno, es que ha habido tanto Falcon, que hasta se averió mire usted.

En fin, que lo que les venía a decir es que los del andamio estamos bien, que hemos comido y que de momento viendo el percal, contar lo que se dice contar, pues no hay mucho y menos de carácter novedoso así que, vamos hablando o lo que es mejor, precalentando que la temporada es exigente, muy larga y la plantilla aunque muy honrada y voluntariosa, anda justa, así que, dosificando que es gerundio.

Feliz día de Santa Regina. 

Españazuela a 7 de septiembre de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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