La Rendición de Breda, triunfo simbólico de España. Por Susana del Pino

Breda, 1625. Interpretación del cuadro La rendición de Breda de Diego Velázquez, Enrique del Pino Chica. Óleo s/ lienzo.

«La Rendición de Breda constituye un episodio imborrable no solo en la historia de España y Europa sino también en el arte»

La Guerra de los Treinta Años comenzó en 1618 como un conflicto religioso en el Sacro Imperio Romano Germánico, sin embargo, con el tiempo llegó a convertirse en una batalla por el poder político y económico en la que se vieron involucradas las principales potencias europeas. Finalizó en 1648.

Es necesario trasladarse al siglo XVI, concretamente a 1517, cuando Martin Lutero (1483-1546) comenzó la Reforma Protestante, lo que supuso una gran fractura religiosa en la vieja Europa. La división que se produjo a partir de entonces entre católicos y protestantes originó rivalidades y tensiones que, aunque se intentaron apaciguar con la Paz de Ausburgo  en 1555 con el principio que se conoce como Cuius Regio, eius religio, cuyo significado es “la religión del gobernante es la religión del territorio”,  no fue posible la reconciliación, llegando a producirse una brecha aún mayor  que ocasionaría una profunda división en el Sacro Imperio.

En Europa del Norte, los estados evangélicos se organizaron en la llamada Unión Evangélica, enfrentados a los países de Europa del Sur a su vez liderados por la Casa de Habsburgo y la Liga Católica, creada en 1609 para hacer frente a la Unión y continuamente en pugna con los países de las potencias más poderosas como Países Bajos, Francia o Suecia.

El Concilio de Trento (1545-1563) impulsó al catolicismo que con la Contrarreforma y las directrices que comenzó a llevar a cabo, perseguía recuperar territorios arrebatados por los protestantes; este hecho intensificó aún más la rivalidad y las tensiones existentes.

Por otra parte, las dinastías europeas mantenían entre ellas una fuerte oposición; Francia con la dinastía borbónica en el poder se oponía al dominio de los Habsburgo que conjuntamente con España dominaban el Imperio.

Los conflictos locales en diferentes estados de Europa contribuyeron también a crear más rivalidad religiosa y política, como ocurrió con la nobleza protestante en Bohemia o los enfrentamientos que mantuvieron las Provincias Unidas, (Holanda o actualmente Países Bajos), contra España en la Guerra de los Ochenta Años (1568-1648).

Fernando II de Habsburgo (1578-1637), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

El incidente que marcó el inicio de la guerra fue la Defenestración de Praga en 1618 cuando dos emisarios católicos del emperador Fernando II de Habsburgo (1578-1637) fueron enviados a la ciudad bohemia y no fueron aceptados por los nobles protestantes que tuvieron la osadía de arrojarlos por una ventana, esto propició una rebelión contra el poder imperial.

Los Habsburgo, especialmente el citado emperador Fernando II, hombre de grandes convicciones religiosas y defensor del espíritu de la Contrarreforma, mostró gran interés en imponer el catolicismo en todos los territorios, lo que hizo que el enfrentamiento tuviera un importante componente religioso que se mezcló con las ambiciones políticas de los diferentes estados; Francia se opuso a los Habsburgo, a pesar de ser católica; España quería mantener sus dominios en Países Bajos y Europa Central y Suecia quería consolidar su dominio en el Mar Báltico.

Provincias Unidas, hoy Países Bajos en el siglo XVII.

Esta situación inestable acarrearía conflictos de todo tipo, problemas económicos, inflación y problemas sociales que alargaron el conflicto. A lo largo de los años, la guerra, dependiendo de los intereses y los objetivos en diferentes territorios pasará por varias fases siendo varios países los que marcarán el ritmo del conflicto.

En un principio, la fase bohemia (1618-1625) donde las tropas de estos territorios fueron derrotadas por los Habsburgo en la Batalla de la Montaña Blanca en 1620, lo que consolidó el poder de la Casa imperial.

En cuanto a Dinamarca, el rey Christian IV (1577-1648) participó en el conflicto no solo guiado por la causa protestante, también por sus intereses dinásticos en los que jugaba un papel importante el dominio de la Baja Sajonia; las tropas danesas fueron derrotadas por las tropas del imperio y la Liga Católica. Este periodo del conflicto tendría lugar entre los años 1625 y 1629.

El rey Gustavo Adolfo II de Suecia protagonista de la batalla de Breitenfeld, Johan Walker.

En los años siguientes, hasta 1635, la causa protestante adquirió más fuerza con la entrada de Suecia en el escenario bélico y la victoria tras la Batalla de Breitenfeld en 1631, sin embargo, tras la muerte del rey Gustavo Adolfo II (1594-1632) las fuerzas suecas se debilitaron.

Con la aparición en escena de Francia, cambió la naturaleza del conflicto el que los intereses políticos primarían ante los religiosos. El cardenal Richelieu, Amand Jean du Plessis (1585-1642), entró directamente en la guerra aliándose con Suecia, algunos principados alemanes y las Provincias Unidas, a pesar de ser protestantes, para ejercer una fuerte oposición a los Habsburgo; aunque el cardenal moriría en 1642, su sucesor, el cardenal Giulio Raimondo Mazarino (1602-1661) continuó con la estrategia ya planificada, siendo decisiva su intervención para el desenlace de la guerra.

Ratificación del Tratado de Münster, documento fundamental en la Paz de Westfalia. Rijksmuseum, Ámsterdam.

Este último periodo finalizó con la Paz de Westfalia en 1648, que supuso un cambio importante en Europa, rehaciendo el mapa político y estableciendo las bases del nuevo sistema de estado. Francia consolidó su poder en el continente junto a Suecia.

Como desafortunadamente ocurre en los conflictos bélicos, las consecuencias de esta guerra fueron devastadoras, produciéndose un gran número de muertes por hambre, enfrentamientos y enfermedades. Sin embargo, el impacto de esta guerra fue aún más allá afectando a otros muchos asuntos. En el caso de España los recursos económicos se agotaron, lo que aceleró la decadencia en la que el país se vio sumida y que se acrecentó más adelante.

Tras el conflicto se perfeccionaron algunas tácticas militares, organización y planificación, lo que supuso el origen del ejército moderno.

La rivalidad religiosa continuó, pero la Paz de Westfalia consiguió que católicos y protestantes coexistieran en una Europa en la que la religión no ocuparía a partir de entonces un papel predominante en los enfrentamientos bélicos.

Uno de los episodios más emblemáticos de este largo conflicto es la Rendición de Breda, que tuvo lugar el 5 de junio de 1625, en el contexto de la Guerra de los Ochenta Años entre España y Provincias Unidas y que supuso un momento crucial para ambos estados e inspiraría una de las obras maestras de nuestro arte, la Rendición de Breda, pintada por Diego Velázquez (1599-1660), conocida popularmente como el cuadro de Las Lanzas.

La rendición de Breda, Diego Velázquez, 1634. Óleo s/ lienzo, Museo Del Prado.

Bajo el reinado del rey español Felipe IV (1605-1665), España pretendía mantener la hegemonía en Europa a pesar de las tensiones religiosas entre católicos y protestantes, fundamentalmente en los territorios conocidos como Provincias Unidas.

La ciudad de Breda, con un buen estatus económico, estaba situada en un enclave privilegiado para la defensa, con fuertes fortificaciones que la hacían de difícil acceso para el enemigo, esto hacía del enclave un lugar decisivo para frenar el avance del enemigo y establecer el dominio español.

En este enfrentamiento entre los dos estados y tras un periodo de paz con la Tregua de los Doce Años (1609-1621), volvieron las hostilidades bajo el control del ambicioso valido del rey Felipe IV, Conde Duque de Olivares (1587-1645), que se enfrentaría a Mauricio de Nassau (1567-1625) que pretendía la independencia de Las Provincias.

Ambrosio Spínola Doria

Ambrosio Spínola Doria (1569-1630), uno de los estrategas más  notables de la historia europea, fue uno de los protagonistas de este asedio que con un ejército de aproximadamente dieciocho mil hombres y con una estrategia bien planteada; una de las decisiones que tomó fue cortar las vías de suministro a la ciudad y construir trincheras y resistentes fortificaciones aislando a los defensores, ya liderados por el hermano de Mauricio, Justino de Nassau (c. 1559-1631).

El asedio comenzó en 1624 y duró un año, el hambre y la imposibilidad de recibir ayuda del exterior hizo que la situación se volviera insostenible por lo que en junio de 1625 Justino se rindió entregando las llaves de la ciudad a Spínola; el general, en un acto de nobleza, permitió a los vencidos salir con honores militares tras la valiente resistencia, lo que le honra enormemente. El triunfo en Breda llenó de orgullo al monarca Felipe IV que pretendía dar una imagen de fortaleza en un periodo difícil; la victoria sirvió de propaganda para su reinado, sin embargo, sería un triunfo simbólico que no consiguió acabar con las hostilidades. En 1637 la ciudad volvió a ser recuperada por los holandeses.

Velázquez, uno de los pintores más influyentes de la historia, plasmó el momento de la entrega de las llaves de la ciudad en el famoso cuadro que antes he mencionado, La Rendición de Breda. El maestro sevillano, como pintor de cámara de Felipe IV recibió el encargo de inmortalizar el momento histórico plasmando el momento de la entrega de las llaves de la ciudad para decorar el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro en Madrid junto a otros que completarían una colección de lienzos para conmemorar victorias militares.

El cuadro con unas dimensiones de 307 x 367 cm es considerada una obra cumbre del Barroco, combina realismo, el dramatismo característico de este periodo y un asombroso equilibrio en la composición.

Se pueden apreciar dos grupos, a la derecha los españoles con Spínola y a la izquierda Nassau con los holandeses; toda la obra, gracias al equilibrio visual se enfoca en el punto central del cuadro en el que aparecen los protagonistas.

Su pincelada es suelta y los detalles tanto en los personajes y objetos dan muestra de una gran maestría. Al fondo un paisaje con brumas aporta una atmósfera agradable y a la vez profundidad a la composición. La paleta de colores es sobria con tonos oscuros y contrastes con el brillo de distintos elementos como las armaduras. Las lanzas, en el segundo plano, son un elemento muy característico de la composición y representan el poder militar.

Detalle de la Rendición de Breda

En cuanto al significado de la obra, la Rendición de Breda constituye una de las representaciones más humanas sobre un acontecimiento bélico, destacando el respeto y la humanidad que el italiano Spínola protagoniza colocando su mano en el hombro de Justino de Nassau en un gesto de cortesía, reconocimiento del valor del vencido y dignidad militar, algo que el genial Velázquez supo plasmar de manera extraordinaria.

Un cuadro que representa no solo la victoria española en Breda, sino que hace reflexionar sobre el honor y la reconciliación. El cuadro, en un principio iba a representar la exaltación del poder de Felipe IV, sin embargo, se diferencia de otros muchos con la misma temática realizadas con fines propagandísticos.

La perspectiva aérea, los gestos de los personajes, el equilibrio, la pincelada y la maestría en el empleo de la luz hacen de esta obra un hito en la historia del arte europeo, que aún sigue inspirando tanto a artistas como espectadores, se expone en el Museo del Prado en Madrid.

Por un lado, el asedio a la ciudad de Breda supuso, aunque efímero, un triunfo para España que en la persona de Spínola demostró un gran ingenio militar, aunque a la vez se demostró tiempo más tarde su incapacidad para evitar el declive que posteriormente se agravaría con peores consecuencias en la historia de España.

En definitiva, La Rendición de Breda constituye un episodio imborrable no solo en la historia sino también en el arte.

La rendición de Bailén del pintor José Casado del Alisal

La obra ha inspirado a pintores a la hora de representar otros episodios históricos cono La rendición de Bailén del pintor José Casado del Alisal (1832-1886); por otra parte, la Rendición de Breda ha sido objeto de estudio durante siglos y algunas interpretaciones, como suele ocurrir con las grandes obras de la historia del arte.

Para terminar, he querido incluir en este modesto artículo una representación del mencionado episodio histórico realizada por mi querido padre Enrique del Pino Chica, hombre apasionado de las Letras y las Artes, que interpretó la obra del muy admirado Diego Velázquez con una visión muy personal.

 

                                                                    

                                                                     Málaga, 2025

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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