
Cada vez nos encontramos con más frecuencia mensajes en “spanglish”
Se está celebrando en estos días en Málaga el “San Diego Comic Con”. Resumiendo, la reunión de una multitud de friáis que mueven un montón de dinero. (Según la RAE “frikis” son “personas que tienen una afición desmesurada y obsesiva hacia algo”). Por extensión se les denomina “frikis” a los aficionados “jartibles” de los tebeos y el cine de animación. Coleccionan diversos objetos y los “mangas” y las películas de seres fantásticos americanas. Como ejemplo, que todos conocemos, tenemos a los componentes de la serie “The big bang theory”. Aunque en nuestro caso presente se trata de grupos menos instruidos.
Para leer una crónica sobre este evento es preciso dominar el inglés como si te hubieras criado en Canterbury. Les repito algunas: carreras por un “Funko”, los mejores “cosplays”, el “fandom” de la cultura pop, el “streaming”, “predator badlans”, “una reunión de all starts comandada por el boss”, etc.
Confieso mi ignorancia supina. Ahora he descubierto que pertenezco a la generación de los “baby boomers” lindando con al generación “silenciosa”. Una especie prehistórica que aun se relaciona en castellano. Me he enterado que existe la generación “X”, los “millenians” o generación “Y”, la generación “Z” y la actual generación “Alfa”. Como si no tuviéramos bastante con estudiar a los suevos, vándalos y alanos, a los fenicios, griegos, cartagineses y romanos, o los godos, ostrogodos y visigodos, así como los árabes.
En la actualidad todo se dice o escribe en clave. En un detestable “spanglish”. Ayer conté a uno de mis nietos el cuento de “Garbancito”. Me miró displicente mientras me pedía ver una película de perritos: “Pau Patrol”. Esto es lo que hay.
La buena noticia es que aun nos queda El Quijote. Aunque me consta que los de la generación Z, con los que convivo a diario, lo han leído poco y a trozos. A ver si ahora con la película sobre Cervantes se animan algo más.
Desgraciadamente somos un pueblo que, teniendo una lengua maravillosa que compartimos con más de 600 millones de personas (según recoge la Inteligencia Artificial) la destrozamos a diario con una fusión que no nos aporta nada y limita la capacidad descriptiva del hermoso idioma español.
Estimo que es muy interesante conocer los idiomas que nos permiten acercarnos a otros países, incluidas las lenguas vernáculas de las distintas regiones de España. Pero eso no es óbice para que procuremos hablar bien y utilizar el máximo posible el español. Los hispanoamericanos nos recuerdan muchas palabras que hemos desechado en la tierra madre.
Me sigo quedando con mis tebeos de la infancia y los viejos dibujos animados de Disney o Barbera, todos doblados a un español comprensible. O con mis cuentos de Calleja. Lo siento. Son cosas de anciano. Menos mal que aun nos queda el Quijote.

