Atentado real, amor, tragedia y mal presagio. Por Susana del Pino

“Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero en posesión de una buena fortuna necesita una esposa”

Jane Austen (1775-1817). Escritora británica

   

Portada del periódico italiano » La domenica del corriere» ilustrada con Alfonso XIII y Victoria Eugenia el día de su boda.

 «Se cumplen hoy ciento veinte años de la boda del rey Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg, un día marcado por la tragedia» 

Se cumplen hoy ciento veinte años de la boda del rey Alfonso XIII (1886-1941) y Victoria Eugenia de Battenberg (1887-1969), un día marcado por la tragedia y traumático para la joven pareja; quizás el presagio de lo que sería un matrimonio desafortunado y el destino amargo de un país convulso que décadas después, acabaría con un sangriento enfrentamiento civil.

A pesar de existir otras jóvenes aristócratas europeas dispuestas a contraer matrimonio con Alfonso, tras conocer a Victoria Eugenia, el joven rey no dudó en su decisión de proponerle matrimonio. Prendado de su belleza, en ningún momento tuvo dudas sobre los riesgos que podría suponer la enfermedad de la que era portadora, herencia de su familia, la hemofilia. 

Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg.

Hija de Beatriz, la menor de los hijos de la reina Victoria de Reino Unido (1819-1901) y su marido el príncipe Alberto (1819-1869), Ena, como la llamaban familiarmente, era la nieta favorita de la soberana. Se enamoró de Alfonso, a pesar de reconocer que no era muy guapo en esos años jóvenes, y aceptó con ilusión la propuesta de matrimonio, no sin antes escuchar las advertencias de su familia, sobre la predilección del joven rey español por “halagar” a las mujeres.

La reina Victoria de Reino Unido con su nieta Ena.

El primer acto que marcaría la llegada a España de la futura reina, fue en el Palacio de Miramar en San Sebastián, donde se realizaría la pedida de mano; ese mismo día, tendría lugar una ceremonia en la que la joven Ena, abjuró de la religión anglicana para convertirse al catolicismo, momento que la reina recordaría con horror.

Madrid era en aquel tiempo una ciudad marcada por un desempleo crónico y una población asfixiada por las exigencias del Estado, donde la pobreza, la desnutrición y el hacinamiento la convertían en una ciudad radicalmente distinta al resto de capitales europeas y donde el anarquismo encontró un caldo de cultivo perfecto en el que difundir sus ideas. 

Los días previos a la boda circularon por todo Madrid octavillas en las que se podían leer frases como ”Ejecutado será Alfonso XIII el día de su enlace”, “Prepárate a morir, Alfonso” o “ Borbón, tus horas están contadas”. Se contó con la ayuda de fuerzas de seguridad de otros países europeos para controlar a los anarquistas, aunque no todos estaban fichados.

Boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg. Detalle del cuadro realizado por el pintor Julio Borrel y Pla (1877-1957). Patrimonio nacional.

A pesar de todo, una boda real despierta siempre expectación y entusiasmo popular; el 31 de mayo de 1906, la multitud se agolpaba en las calles de Madrid para ver pasar, tras la celebración del enlace, el flamante cortejo que acompañaba a la carroza con los recién casados desde la Iglesia de los Jerónimos hasta el Palacio Real.

La alegría y el entusiasmo se apoderaron de las calles madrileñas, el gentío arrojaba flores y gritaba vivas. Recorriendo la calle Mayor, al paso del carruaje real, desde un balcón se arrojó un ramo de flores que escondía una bomba.

Atentado en la calle Mayor de Madrid, 31 de mayo de 1906. Boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg.

Al estallar, justo al lado de la carroza, la metralla no llegó a dañar a los reyes gracias a la larga cola del vestido de novia que Victoria Eugenia había enrollado junto al cristal, aunque sí mató a un lacayo, salpicando la sangre a los reyes. El trágico suceso causaría veintiocho muertos y más de cien heridos.

Atentado en la calle Mayor de Madrid, 31 de mayo de 1906.

Los reyes, muy conmocionados, sobre todo Ena, fueron trasladados a Palacio y como muestra de condolencia por las víctimas, se suprimieron las celebraciones y el baile de gala que se iba a ofrecer a los invitados.

La bomba fue arrojada por Mateo Morral (1880-1906), un joven de veintiséis años, vecino de Sabadell y profesor de la Escuela Moderna de Barcelona, donde recibió las influencias de Francisco Ferrer y Guardia (1859-1909), acérrimo seguidor de las teorías anarquistas. Morral aceptó el encargo de cometer el terrible atentado, alquilando días antes del enlace una habitación en el edificio con número 88 con balcón a la emblemática calle madrileña desde donde perpetraría su crimen. Tras los hechos, huyó con rapidez. 

Dos días después del terrible suceso, Morral, cansado, hambriento y asustado, mientras paraba en una venta de Torrejón de Ardoz, fue descubierto por los dueños que lo denunciaron a la Guardia Civil; al verse acorralado, abatió a uno de los guardias y después se disparó en el pecho para evitar que lo mataran.

Mateo Morral abatido cerca de una venta en Torrejón de Ardoz. (Detalle de la portada del Periódico francés Le Petit Parisien).

El reinado de Alfonso XIII estuvo marcado por la inestabilidad política, los problemas ocasionados por las guerras de Marruecos y la no acertada intervención de la monarquía en los asuntos de gobierno, hasta la huida de la familia real en 1931.

La vida de la reina Victoria Eugenia estuvo marcada por la tragedia; la muerte de dos de sus hijos a causa de la hemofilia, la sordera de su hijo Jaime y un matrimonio desgraciado por las continuas infidelidades de su marido y los reproches por la responsabilidad de haber transmitido a sus hijos la enfermedad, provocaron en Ena una profunda tristeza e hicieron que se volcara en labores humanitarias y en impulsar la sanidad pública.

Tras el exilio la pareja se separó y aunque nunca llegaron a divorciarse legalmente, hicieron vidas independientes, manteniendo una relación cordial y afectuosa.  Tuvieron siete hijos (sobrevivieron solo seis, Fernando nació muerto) y estuvieron unidos, a pesar de las diferencias entre los progenitores.

Victoria Eugenia y sus hijos, Alfonso, Jaime, Beatriz, María Cristina, Juan y Gonzalo.

Aunque la versión oficial, que el propio monarca reafirmó, en la que se anunciaba que el Rey se marchaba de España para evitar una guerra entre hermanos, la realidad es que el Alfonso XIII fue expulsado tras una profunda crisis política que no supo gestionar y en la que además no recibió el apoyo de la Guardia Civil ni del Ejército ante la victoria, sólo en grandes ciudades, de los republicanos en las elecciones de abril de 1931.

En estos comicios, hubo ciudades que, incluso antes de conocer los resultados de las elecciones, ya habían proclamado la victoria; hechos que bien merecen ser explicados en otra ocasión de forma clara, rigurosa e implacable.

Victoria Eugenia de Battenbeeg y Alfonso XIII de Borbón.

En 1931 la familia real marchó al exilio; el rey lo pasaría en varias ciudades europeas para terminar en Roma, donde moriría en 1941 por problemas cardiacos. Ena pasaría el exilio en Laussane. 

Victoria Eugenia volvería a España en 1968 para el bautizo de Felipe de Borbón (1968), hijo de su nieto Juan Carlos (1938), hoy Felipe VI, creyendo que no sería recordada en España, sin embargo, fue recibida con mucho cariño por el pueblo.

Victoria. Eugenia de Battenberg, bisabuela de Felipe de Borbón, madrina en su bautizo.(1968).

Falleció un año después en su residencia de Laussane a los ochenta y un años; sus restos fueron trasladados a España para ser enterrados en el Panteón de los Reyes del Real Monasterio de El Escorial, junto a su esposo Alfonso.

Antes de volver a Suiza tuvo la oportunidad de hablar con Francisco Franco a quien le dijo: “General, esta es la última vez que nos vemos en vida. Quiero pedirle una cosa. Designe Rey de España, ya son tres, el padre, el hijo y el nieto. Elija, hágalo en vida, si no, no habrá monarquía. Que no quede para cuando estemos muertos. Esta es la última petición que le hace su reina.”

Victoria Eugenia de Battenberg (1867-1969).

Victoria Eugenia nunca olvidaría la exigencia de renunciar a su fe, ni el recuerdo del fatídico día de su boda, manchado de sangre. El trágico episodio vivido aquel 31 de mayo, auguraba un matrimonio infeliz y una vida marcada por la hemofilia, además de reflejar la realidad de una España convulsa, marcada por la incapacidad para gobernar, un profundo odio en la sociedad y los nacionalismos.

La monarquía, representada en la figura de Alfonso XIII, no supo ni reinar, ni gobernar, (al intervenir con frecuencia en los asuntos políticos), con la firmeza necesaria. Y es que, como entonces, hoy también se exige a quien ostenta la Corona, no solo dignidad, sino la capacidad para mantener el rumbo, ya que un barco, aunque posea un diseño noble y señorial, no llega a buen puerto si aquel que lo timonea ignora las corrientes y los vientos, desestimando las voces de quienes van a bordo y de aquel que le enseñó a navegar. ¡Ojo! No olvidemos la historia.

 

Málaga, 2026

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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