Me quedo con mis cuentos de Calleja. Lo siento. Son cosas de anciano. Menos mal que aun nos queda el Quijote.
La Buena Noticia: Aun nos queda el Quijote. Por Manuel Montes Cleries

www.lapaseata.net

Me quedo con mis cuentos de Calleja. Lo siento. Son cosas de anciano. Menos mal que aun nos queda el Quijote.

No entiendo el porqué de la vuelta a las andadas del pueblo español, convirtiéndonos de nuevo en una especie de bandos irreconciliables.

Lo mismo que se jura o se promete, se puede herir al otro, solo, con hablar. Y el “vale” puede contribuir a aplacar los ánimos. Bienvenida sea a nuestro diccionario coloquial.

La ironía puede hacerse para burlar la censura o las convenciones sociales y expresar el contenido del mensaje de una manera oblicua.

En la España democrática, la dedicación a la política ha sido, para muchos, la mejor forma de hacerse uno rico sin tener que esforzarse.


«Tengo por costumbre querido Sancho que, en viendo el burro venir, ya de lejos me apercibo sin confundirme, de las patadas que pudiera propinarme, por tanto mi fiel escudero fijate en los andares y si viéndolo retorcido y mal encarado vieres que arranca sin compostura, hazte a un lado, que de estos con mala idea, sucios y desaliñados mejor no tener contacto».
«Y hay que tener cuidado con tal calaña, que de ser menester utilizan a las más tiernas criaturas y hasta pretenden adoctrinarlas y que salgan de su mala hueste con títeres y cabalgatas. Y cuidado amigo Sancho que son los mismos que luego cobran de berberiscos y de otros que más allá someten a sus pueblos y ello, tanto mal vestidos cuando procede el buen hábito, como vestidos de la más cursi casta, cuando no es tan menester.»