
«O conseguimos vencer al frente de izquierdas, formando un gobierno fuerte que restablezca a España al momento histórico de nuestros padres, o nunca saldremos de una crisis permanente»
Estimados lectores,
Vaya título, dirán algunos de vosotros, lo que entiendo, pero resulta difícil titular la idea base del presente artículo, y más todavía trasladarla al receptor por medio del emisor, quien escribe. Todavía, a pesar de los avances tecnológicos, resulta imposible transmitir el pensamiento a través de una especie de un dispositivo capaz de leerlo mediante el implante de un puerto USB en el cerebro humano, de lo cual doy gracias a Dios. Recuerdo en el marco de un máster en Mediación Familiar, la profesora de la parte de teoría sistémica y comunicación, nos explicaba que de lo que se escucha retenemos un 20 %, lo que resulta llamativo. Y de lo que leemos o vemos un porcentaje mayor. La transmisión de la idea no es fácil cuando aborda un tema delicado y cansino, como el que pretendo abordar, relacionado con un antes y un después en el marco del espacio político a la derecha del PSOE. En efecto, el 11-M marcó un antes y un después en la historia más contemporánea de la España en la que los de mi generación nacimos y crecimos.
Desde aquel día tenebroso, en víspera de las elecciones generales de marzo de 2004, casi nadie recuerda la España de antes, aquella España que, a pesar de crisis y huelgas generales gobernando Felipe González, se movilizaba y exigía a los líderes del arco político de la época que gobernaran de cara al pueblo: el buen político debe ver más allá de los intereses de partido y debe cumplir con el compromiso de aquello que prometió al pueblo: “pacta sunt servanda” (lo prometido es deuda y vinculante). En nuestro caso, al pueblo español.
Es más, los de mi generación no votamos ni fuimos protagonistas de la transición, sino nuestros padres -ancianos o fallecidos- que en su gran mayoría votaron “Sí” al proyecto de Constitución que fue refrendado el 6 de diciembre de 1978, tuvieron la generosidad de devolver a España un sistema democrático en el marco de un Estado Social y Democrático de Derecho, siendo la forma política del Estado español la Monarquía parlamentaria, ex. art. 1.3 de la Constitución Española. Generosidad porque sin la voluntad de muchos de nuestros padres que sirvieron en el periodo más próspero de la historia reciente de España, en que se consiguió el pleno empleo y se creó la Seguridad Social, inaugurándose grandes hospitales que todavía hoy siguen en vanguardia, además de miles de viviendas protegidas.

Fue el periodo del surgimiento de las clases medias, llegando nuestro país a ser la octava potencia mundial. Esto no es un bulo porque los datos históricos constan en los archivos y memorias del Estado español. Y me refería a “muchos” de nuestros padres -como en mi caso particular- porque abrieron la cerradura de la “democracia orgánica” a un sistema impulsado por los tecnócratas del franquismo, entre ellos, Adolfo Suárez y el rey emérito, don Juan Carlos, que contaron con el apoyo de padres que nos precedieron y que, además de votar “Sí” a la Constitución Española, unos votaron a UCD (Unión de Centro Democrático) y otros a AP (Alianza Popular). No sé si esto que digo lo enseñan hoy a las nuevas generaciones en las escuelas, pero resulta una verdad incuestionable. Puede que muchos ni lo sepan.

El PSOE que se definía como socialista y marxista, liderado por Felipe González, fue legalizado, así como el PCE (Partido Comunista de España) liderado por Santiago Carrillo, y, sin embargo, nadie agradece que la “derecha española” le diera igualdad a la izquierda de la época. En efecto, Zapatero y Sánchez resucitaron aquellas grietas históricas superadas, imponiendo toda una artillería de ingeniería socio-política que, tras el 11-M fue aceptada por el único partido con representación parlamentaria por la derecha del PSOE, el Partido Popular (en adelante, PP). Un PP que, con mayoría absoluta, absolutísima, no fue capaz de derogar la Ley de “Des-Memoria Histórica”, asumiendo el rol de la ideología de género como propia y, por tanto, traicionando a su electorado de base y sus principios fundacionales inspirados en el humanismo cristiano. Ah, y tampoco llevó a efectos la reforma del sistema de elección de los miembros del CGPJ (Consejo General del Poder Judicial) que ya en el segundo gobierno de Aznar, el ex ministro de justicia Ángel Acebes anunciara. Rajoy basó su mandato en subir impuestos a la clase media y en subir el IVA al 21 %, después de prometer en su campaña electoral una bajada, calificando que el IVA al 21% era un atraco del Estado.
Esto y la tibieza que mostró Rajoy frente al golpe de Estado perpetrado en Cataluña, llevó al nacimiento de un nuevo proyecto que muchos de los antiguos votantes del PP, hace más de 10 años, creíamos necesario para recuperar el espacio conservador y democristiano abandonado por Rajoy. De esta manera surgió VOX, y quien suscribe no dudo en ponerse manos a la obra por la recuperación de la España de los valores que se encontraba huérfana y en descomposición. No por otra razón, porque no fui yo -ni la mayoría de los amigos que conocí en VOX- los que traicionaron al PP, del que sólo quedan unas siglas vacías de ideas y a las órdenes de las élites globalistas, salvo honradas excepciones de personas que, desde un segundo plano, aportan su estilo propio, pero que en nada representan a las directrices de su partido -que antes de Vox, era el mío-.
Pero, es que recuerdo perfectamente cómo nos señalaban con el dedo a los primeros de VOX, de un lado y de otro, como si fuéramos unos supuestos “traidores”. Y, quizás por ello, cuando alguien sale del partido -lo que ocurre en todos- por diferentes motivos o discrepancias con las cúpulas, o denunciando falta de democracia interna, yo digo: ¿Señores, conocéis algún partido con representación parlamentaria donde se respete la democracia interna? Estuve en el PP desde joven y conocí luchas internas -recuerden Soraya Sáenz de Santamaría, Cospedal y Pablo Casado. A Pablo Casado lo “caparon” políticamente, su idea de refundación de la derecha no caló ni gustó a los que realmente mandan en el PP, mandaban y siguen mandando: todos sorayistas. Y las luchas internas en el PSOE, no digamos. O en Podemos.
No sé si me van entendiendo, ¿TRAICIÓN? ¿DESERCIÓN? Nada de traición ni deserción, y que conste que cuando ganó Pablo Casado las primarias caí en el error de que el PP se refundaría sobre sus bases fundacionales. España agoniza, Sánchez se crece frente a la diversidad; el pueblo ya no reacciona. A nuestros padres los entierran en el olvido, sin recordar la generosidad apuntada al principio de este artículo, y mientras las familias que tienen problemas económicos crecen y nuestros hijos se tienen que marchar al extranjero en busca de trabajo, sigue el fuego cruzado que sólo beneficia a Sánchez.
Frente a ello, sólo cabe, según mi opinión una salida: regresen al mundo de las ideas frente al de las siglas. Señores, o conseguimos vencer al frente de izquierdas, formando un gobierno fuerte que restablezca a España al momento histórico de nuestros padres, o nunca saldremos de una crisis permanente; alimentos para los buitres que odian a España: ¡RESTITUTIO IN INTEGRUM! Por España.

