
«La tal Mercedes Aizpurúa, rata por vocación y conveniencia actualmente camuflada en el parlamento español, actúa y se produce como si nunca hubiese roto un plato»
La dignidad de este gobierno de presuntos está quedando como lo que parece ser, una masa corrompida y deforme donde ya es imposible discernir si son un trapo sucio lleno de grasa de cerdo mezclado con estiércol de vaca, o la sábana enguarrada de uno de los burdeles donde ejercitaban su feminismo a golpe de chistorra, algunos miembros del PSOE.
Nada nuevo bajo la tiranía de un vendido, donde cierta “prensa” premió a una criminal como la mejor colaboradora con dicha “prensa”, el chequismo ha vuelto. La semana pasada ETA tuvo la desfachatez de denunciar en el congreso el supuesto acoso de encapuchados de la ultra derecha, exudando la tal Mercedes, el acre hedor a amonal, o goma 2 ECO, o Titadyn 30 AG con cordón detonante, explosivos utilizados habitualmente por los sicarios de ETA.
La última cesión socialista a ETA la ha cosechado una terrorista que responde al nombre de Mercedes Aizpurúa, conocida en el argot como la mueca de ETA. La tal Mercedes, rata por vocación y conveniencia actualmente camuflada en el parlamento español, actúa y se produce como si nunca hubiese roto un plato. Si por el odio que destilan sus rostros se conoce a los asesinos etarras, el de ella es un libro abierto donde podemos ver con meridiana claridad el color sanguinolento y tumefacto del cerebro de esta sabandija vasca.
Esta rata fue la directora del diario Eguin durante los años de plomo, años en los que cientos de españoles fueron asesinados por su banda. Esta rata sarnosa señalaba a personas, que más tarde cayeron asesinados, o de un tiro en la nuca, o ametrallados, o hechos trizas por una bomba lapa. Este panfleto al mejor estilo nazi fue clausurado por el juez Baltasar Garzón en el año 1998.
Entre los años 1999 y 2004, año del atentado del 11-M aún no aclarado, dirigió el diario Gara, donde desde su tribuna hacía un canto a la violencia etarra, al “valor” de sus criminales, y a los jefes de ETA, incluido el criminal Otegui, otra rata especializada en torturar a sus víctimas practicando la ruleta rusa en la sien de sus secuestrados. Zapatero le llamaba hombre de paz.
Esta rata con ojeras fue condenada el año 2002 en la Audiencia Nacional por enaltecimiento del terrorismo en relación al discurso que ella misma pronunció, homenajeando a sus criminales, loando su entrega y valentía cuando asesinaban españoles, generalmente por la espalda o guarecidos en la distancia. La “valentía” de estos hijos de puta, autodenominados “cagaris”, quedó fehacientemente demostrada en las culeras de sus pantalones.
Cuesta definir el asco que me produce este escombro, la viscosidad con que se exhibe, la similitud entre un ave carroñera y su asquerosa figura, y el siniestro parecido entre su voz y el silbido de una víbora bufadora.
Hace unos días una vicepresidente de Sánchez la defendió con sumisa devoción, como si de la esposa de Pedro Sánchez se tratara. Ni las ratas etarras, fieles aliadas de este gobierno de sectarios, podrían llegar a más, ni este gobierno fiel aliado de ETA, a menos. Pedro Sánchez se ha convertido en el defensor de todos los criminales terroristas, nada opaca ya su esperpéntica figura, nada esconde su corrompida moral.
Que esta basura etarra hable de capuchas, podría resultar hasta conmovedor si no existiera detrás de estos bastardos un largo historial de crímenes secuestros atracos extorsiones chantajes y hasta tráfico de sustancias adictivas. Al final todo se sabe.
La bazofia de ETA solo atrae a sus partidarios, y a la masa amorfa que no distingue ya entre su propia putrefacción moral, y la ponzoñosa mezcla de sangre y metralla tras la que se esconde el supuesto mensaje del nazionalismo totalitario, incluido el del PNV. Unos lo envuelven en sangre, otros en incienso mezclado con formol.
Que tenga que ser una rata etarra la que advierta sobre la falsa existencia de encapuchados de la derecha, no solo clama al cielo, sino a todos los muertos asesinados por estos hijos de puta. Estos vómitos de rata son los mismos asesinos de siempre, los sanguinarios defensores de ETA disfrazados de modosos aliados preferentes. ¡Qué asco dais todos!
Que a nadie extrañe que estas ratas con chapela se cobijen en las leyes de este reputo gobierno, para azuzar a la fiscalía contra los que ETA denomina nazis, o fascistas, falsedades e insultos con que denominan a diario a todo aquél que pide dignidad respeto y justicia para las víctimas, víctimas producidas por estas ratas, putas ratas negras, rabudas ratas vascas, a las que este presidente ninguneó desde siempre, a las que otro indeseable zarrapastroso, Zapatero, traicionó por interés propio y sectarismo.
Soy votante de derechas, y como tal me indigno cuando la basura etarra u otras ratitas presumidas emboscadas en patéticas tertulias, insultan a los que he votado. Si mis referentes políticos fueran fascistas o nazis, según ellos, por lógica tendría que darme por aludido sin que por ello dejara de decirles que para nazis o fascistas ya están sus reputísimos ancestros, o en su defecto la reputísima madre que los malparió.
No tiene ninguna gracia que los que mejor emularon a las Einsatzgrüpenn nazis, llamen nazis a los demás, cuando las capuchas con las que ocultaban sus caras siguen estando tibias, y sus pistolas humeando.
No tiene ninguna gracia que un partido trufado de criminales y terroristas, sigan negándose a colaborar con la justicia para aclarar los trescientos setenta y nueve asesinatos cometidos por ellos, cuyos autores aún no han sido juzgados.
No tiene ninguna gracia, que ETA Bildu o como coño se llamen ahora estos cerdos, tenga un comando en el congreso, no asesinando, pero sí cercenando la libertad de los españoles bajo una ley, la de memoria democrática, cuya redacción posiblemente fue dictada en un zulo, o quizá garabateada en una herriko taberna al amparo de una borrachera de sangre. No, no tiene ni puta gracia.
¡VIVA LA LIBERTAD!
¡VIVA ESPAÑA!

