España en el País de las Maravillas (pero sin cuento). Por Rodolfo Arévalo

España en el País de las Maravillas.

«De rosquillas de San Isidro a persecuciones a tiros: una crónica descarnada del disparate nacional. Entre la charanga y la hipocresía política, vamos al abismo sonriendo»

La España de charanga y pandereta ha de tener su infalible mañana y su pasado, pero es increíble lo que aquí ocurre. Ayer estuve viendo una exposición sobre Alicia en el País de las Maravillas y, la verdad, los mundos que tengo descritos en varias de mis novelas —en otro orden de cosas y que afectan a nuestra diaria realidad— no tienen nada que envidiar a los que pinta Lewis Carroll. O eso creo yo, modestia aparte.

España se ha convertido en un país tan al margen de todo comportamiento social lógico —por parte de algunos individuos y de políticos, estos últimos en número creciente— que parece no que se haya transformado en un cuento alucinante, sino que es ya un país alucinante pero sin cuento.

Son increíbles las cosas que pasan, salvo que se justifiquen por el consumo de alcohol y drogas. Violaciones en manada y en solitario, peleas con agresiones violentas con armas blancas, tiroteos en plena calle, y demás perlas: asaltos a personas ancianas, robos a mano armada, atracos en pleno día… etcétera.

Pero no se preocupen: según el “Presi” Sánchez, ¡qué pasa, tronquis!, España está en la liga mundial de campeones del orden y la prosperidad. Claro… ¿qué va a decir el hombre? Cada cual tiene su dotación genética y proviene de un entorno, a veces poco agradecido con los individuos que lo habitan.

Esto, desde luego, no ocurría —o sí… vaya usted a acordarse— hace cincuenta o sesenta años. Claro que si ocurría, desde luego al autor o autores se les quitaban las ganas de repetir tras pasar por la comisaría o por la Dirección General de Seguridad. Está bien, dirán algunos, pero es que ahora estamos en democracia.

Siento decirles a estos que desenfundan la democracia como si sacaran palitos de algodón de azúcar rosa de las ferias, que eso solo es esgrimir intenciones azucaradas, estúpidas tirando a bobas. Vivir en democracia no es excusa para hacer lo que a cada uno le venga en gana. Salvo que, como en aquel bar de la costa —de cuyo nombre no me acuerdo ahora mismo— algunos tontorrones de baba, masoquistas, paguen para que les tiren un vaso de agua a la cara y les den un buen bofetón. Vamos, como digo, el País de las Maravillas, pero increíbles y casposas.

Que de repente emitan en un informativo una persecución a tiros entre clanes de la droga resulta ya hasta normal y cotidiano. Y será raro que algún grupo de amigos, en reunión posterior, le dé la más mínima importancia. “¡Nada, nada, no te escandalices, es algo normal!”. Será algo normal para la madre que te parió, descerebrado, que has visto tú muchas películas de policías americanos.

Porque lo que ocurre, desde luego, es que hay muy poca seriedad y mano dura, debido a la idiotez de que hay que “comprender la realidad del delincuente”. ¡Ah! Vaya… que violar niñas, incluso por los encargados de su custodia; molestar a chicas adolescentes; extorsionar a compañeros pequeños de clase o instituto… y demás lindezas por el estilo, son “algo normal”.

¿Dónde están los adalides de Unidas Podemos y otras formaciones políticas, tan contrarios a todo esto… que también se produce en sus senos y no parecen tener constancia de ello? Hipócritas. No hay otra palabra para definirlo.

Y nada. Nosotros aquí, en pleno San Isidro, viéndolas venir… digo, las rosquillas: las de Santa Clara, las listas y las tontas, que de tontas que son no llevan ni decoración de azúcar para endulzarnos un poco la vida.

Pues eso: arrieritos somos y en el camino nos encontraremos. Ya vendrán de nuevo los bárbaros “extranjeros” para ponernos en nuestro sitio a todos. Y es por esto que empezaba este escrito diciendo que la España de charanga y pandereta ha de tener su infalible mañana y su pasado, pero es increíble lo que aquí ocurre.

Son increíbles las cosas que pasan… salvo que se justifiquen por el consumo de alcohol y drogas. Al parecer, aquí las orugas que fuman en pipa te las encuentras cada vez que doblas una esquina.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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