
He intentado conocer a quien se le atribuye esta frase y me he encontrado con un montón de procedencias
Siempre pensé que era una frase de San Agustín. Leo que es de San Ambrosio y la última referencia que encuentro es del Papa Francisco. Estimo que todos están acertados en su calificación. La Iglesia es casta por cuanto nos transmite de Dios y meretriz por la aportación negativa que, a veces, transmitimos los seres humanos. El acervo popular se ceba en esta segunda descripción y, en buena parte, considera a la Iglesia tan solo desde su aspecto reprobable.
Me siento muy orgulloso y agradecido de pertenecer a la Iglesia Católica. Por diversos motivos. En primer lugar porque me ha transmitido el Evangelio y me ha acompañado en la búsqueda de la fe. En segundo lugar porque es el espacio en el que me encuentro con vivencias que son ejemplo para mi vida, me ha permitido recibir y participar en los sacramentos, y en su seno me siento miembro de una comunidad. “Ay del solo”.
Estoy harto de escuchar esgrimir la frase “creo en Dios, pero no creo ni en los curas ni en la Iglesia”. Se refieren a todo cuanto compete a la institución eclesial. Después de muchos años de convivir con ellos he llegado a la conclusión de que yo tampoco creo en las monjas ni en los curas más que en el resto de las personas que me rodean. Pero en su gran mayoría son un ejemplo de vida a seguir.
Lo que pasa es que a los consagrados no se les permite el mínimo desliz de ninguna clase. Se les exige una actuación celestial que les convierta en impecables. Sé que deben hacer honor al cargo.
Lo mismo que los políticos, los jueces, los profesionales, los padres de familia, etc. Pero a estos se les pasa la mano. No hay más que ver como se airean las noticias sobre fallos de todo tipo por miembros de la institución eclesial. Entonces se ceban en ellos.
La buena noticia de hoy me la transmite el recién nombrado Obispo de la Diócesis de Málaga. D. José Antonio Satué. Cada semana escribe una carta a los diocesanos a través de los medios, en la que nos habla de una forma profunda pero en lenguaje cotidiano. La de hoy define a la Iglesia como “una gran familia”. Una gran familia que, como todas, tiene sus luces y sus sombras, pero que desempeña una labor ingente en la transmisión de valores y en la prestación de servicios. Allí donde no llega la ayuda de nadie, en cualquier parte del mundo, nos encontramos con miembros de la Iglesia dando el callo. Detrás de la pobreza, el abandono y la soledad de los países pobres, en nuestra rica Europa, España o en Málaga, nos encontramos con miembros de la Iglesia que te ayudan y te acompañan.
La Iglesia es casta y meretriz. Pero, gracias a Dios, su existencia y su labor es una buena noticia para todos.
