Conversaciones en el andamio: La teoría de los españolitos menguantes. Por Francisco Gómez Valencia

La teoría de los españolitos menguantes.

«Lo cierto es que ver a la gentecilla del Gobierno y sus respectivos grupos parlamentarios celebrando lo que sea nos escuece»

Lo cierto es que ver a la gentecilla del Gobierno y sus respectivos grupos parlamentarios celebrando lo que sea nos escuece. Y por eso  que el zurderío haya sacado adelante algunas cosillas sin importancia (según los expertos en nucleares), gracias a que los emisarios en «Madrit» de «Puchimon» se abstuvieron, no nos puede dejar indiferentes. Por eso y para aliviar mi mala conciencia, voy yo y se lo cuento a ver que le parece mi razonamiento.

Puedo prometer y prometo que servidor no estaba seguro de que el supuesto bloqueo al ejecutivo comenzara a las primeras de cambio. Ya les dije hace unos días  que Puigdemont es mucho Puigdemont y Sánchez es mucho Sánchez, básicamente porque en política impera el principio de «vísteme despacio que la están peinando» ¿o quizás es «que tengo prisa»? Da igual. En todo caso parece claro que los catalanes esperaban del PSOE noticias frescas de Bruselas. Jugar con las cartas aparentemente marcadas les encanta y más si con ello marean un poco más al PP a la espera de que los de Sánchez  les soplaran «en plan faisán» lo del Abogado General de la UE. 

Spielmann

El abogado general.

Spielmann según informa el diario La Gaceta, «fue presidente del Tribunal Europeo de Derechos Humanos durante el periodo en el que Estrasburgo derogó la doctrina Parot, la herramienta jurídica que impedía que los beneficios penitenciarios se sumaran al conjunto de las condenas de los terroristas. Esa decisión provocó la excarcelación de más de 60 etarras» del tirón en España, o sea que agüita.

Resulta que ahora va el menda y opina que lo de la Ley de Amnistía no le parece una autoamnistía y que por tanto a los encarcelados hasta que dejaron de estarlo, no se les puede aplicar el delito de malversación, y a los fugados tampoco. Según el letrado de los cojones cuya existencia no desconocíamos resurgió de nuevo en nuestras vidas para mal ayer mismo. Y es que le parece perfecto que todavía nos toque hacer la ola a Puigdemont, ya que según su opinión la morterada de dinero supuestamente  malversado para el dichoso proceso catalán no formaba parte del presupuesto de la UE, y por eso no influyó sobre las finanzas de la Unión.

Por si fuera poca la broma, también asegura que los famosos CDR no deben ser considerados terroristas porque sus acciones no «colisionan» con la legislación vigente de la UE en materia de antiterrorismo. Igual es porque no llevaban turbante. Así que llegados a este punto: ¿Porqué la UE me produce un profundo ascazo? Porque en mi humilde opinión, a ese fulano como poco le han puesto presuntamente un piso.

Para la gente optimista. 

Decirles que el pollito trata de quedar bien con nosotros indicando que existen algunas «disposiciones incompatibles» con el derecho comunitario. ¿Disposiciones incompatibles? ¿Qué son, como los pelillos a la mar? Pues nos ha tocado uno y de los rizaditos en la sopa de marisco del gran chiringuito conocido como la UE. 

La teoría.

¿Cuánto costará sobornar al Abogado General de la UE para que su opinión influya en la sentencia final del altísimo Tribunal? Aquí en España tenemos al FGE esperando sentencia. No sé, pero me juego caña y pincho, así se lo digo y es más, me solivianta especialmente que sea además un jodido guiri quien pueda influir negativamente en las cosas de mi país sin comerlo ni beberlo.

¡Bueno perdón! Supongo que bien comido y mejor bebido. Esa es mi teoría: la de los españolitos menguantes y así se la he contado.

Feliz día de San José Pignatelli.

Españazuela a 14 de noviembre de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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