
«El arte romántico es subjetivo, emocional y transformador en el que, a partir de la pasión, el conflicto o la dificultad surge la belleza»
El Romanticismo surge en el panorama cultural europeo del siglo XIX como un movimiento vibrante y transformador que surge como respuesta al racionalismo ilustrado del siglo XVIII. Inspiró las corrientes de pensamiento, la literatura e incluso la política.
El Romanticismo se define por un conjunto de rasgos que lo distinguen de corrientes precedentes, como el Neoclasicismo, con su apego a la simetría y la lógica. Destaca el individualismo exacerbado, el romanticismo exalta el yo interior, al genio solitario que se rebela contra las normas sociales. El artista romántico no es un artesano disciplinado, sino un visionario atormentado, como el poeta Lord Byron (1788-1824), quien encarnaba el arquetipo del héroe melancólico, apasionado y desafiante.
Hay una serie de características que definen el espíritu romántico, en contradicción con la visión del hombre, la historia y el arte que se había mantenido en la época anterior, el Neoclasicismo.

Una de estos elementos será la reivindicación del espíritu del creador, opuesto a las normas impuestas por las academias; un espíritu de rebeldía que se hacía cada vez más patente.
Frente a los análisis racionales, cobra especial importancia la exaltación de los sentimientos y la expresión de la pasión, priorizando lo irracional y el instinto. La conocida frase “El corazón tiene razones que la razón no conoce” del matemático, físico y filósofo francés Blaise Pascal (1623-1662) fue para ellos fuente de inspiración.
El tema de la naturaleza cobra especial protagonismo para los románticos con la que establecen una fuerte conexión, la perciben como fuerza vital, sublime y misteriosa; los románticos, huyendo de la industrialización, buscan refugio en paisajes de ensueño, grandes montañas, vistas imponentes o simplemente bosques o sencillos jardines; la admiración por las ruinas antiguas, evocan lo transitorio de la humanidad.

Esta admiración por el pasado se entrelaza con un nacionalismo que emerge en Europa en el que los pueblos redescubren sus raíces, sus mitos y sus tradiciones, impulsando los movimientos independentistas. Esta relación entre Romanticismo y nacionalismo se relaciona con la valoración que los románticos hacen de la Edad Media, época en la que situaban el origen de los pueblos europeos.
Lo que se conoce como “El mal del siglo”, es una expresión de Charles Augustin Saunte- Beuve, (1804-1869), crítico literario francés, con la que describe el profundo sentimiento de pesimismo, decadencia, y hastío en todos los aspectos de la vida, lo que se produce como consecuencia del vacío existencial, herencia de la Ilustración.
La literatura fue un excelente medio de expresar los ideales de este movimiento, sobre todo en poesía, destacando figuras como Byron, John Keats (1795-1821) o el italiano Giacomo Leopardi (1798-1837). En España, la obra de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) y José de Espronceda (1808-1842) constituyen un claro exponente del romanticismo poético con la expresión del amor apasionado y la exaltación de la libertad, esto último en la Canción del Pirata de Espronceda.
El drama romántico alcanzaría la cumbre con el escritor francés Víctor Hugo (1802-1885) y su obra Los Miserables (1862), en el que se abordan temas como la injusticia, la redención o la desigualdad social. Desde 1980 el musical basado en esta novela se estrenó en París; comenzó a representarse en el West End de Londres en 1985 y desde entonces se ha puesto en escena en más de cincuenta países en todo el mundo, convirtiéndose en el musical más exitoso de la historia.
El héroe romántico se representa como un ser atormentado, insatisfecho e inquieto, devorado por este “mal del siglo”, cuyo estado de ánimo despierta la creatividad, la imaginación y la fantasía. El joven Werther, célebre personaje creado por Goethe, es un claro ejemplo de este héroe romántico.
“…Muchas veces se ha dicho que la vida es un sueño, y yo puedo desechar de mí esa idea. Cuando considero los estrechos límites en que están encerradas las facultades activas e investigadoras del hombre; cuando veo que las metas de nuestros esfuerzos estriba en satisfacer nuestras necesidades, las cuales, a su vez, solo tienden a prolongar una existencia efímera; que toda nuestra tranquilidad sobre ciertos puntos de nuestras investigaciones no es otra cosa que una resignación meditabunda, y que nos entretenemos en bosquejar deslumbradoras perspectivas y figuras abigarradas en los muros que nos aprisionan; todo esto, Guillermo, me hace enmudecer.
Me reconcentro en mí mismo y hallo un mundo dentro de mí, pero un mundo más poblado de presentimientos y de deseos oscuros que de realidades y de fuerzas vivas. Y todo, entonces, se tambalea ante mis sentidos, y sigo por el mundo con mi sonrisa de ensueño”. W. Goethe, Los sufrimientos del joven Werther, 1774

El propio Goethe, sin embargo, precursor del romanticismo alemán, condenó esa actitud negativa, malsana y dañina. Muchos de los personajes de las novelas románticas se suicidaban o fallecían muy jóvenes, e incluso sus creadores, como es el caso del escritor Mariano José de Larra (1809-1837), que se suicidó a los veintisiete años, el compositor Frederick Chopin (1810-1849) que murió a los treinta y nueve años, Franz Peter Schubert (1797-1828) a los treinta y uno o Lord Byron, que en la defensa de causas nacionales, falleció a los treinta y seis en Grecia donde luchaba por la independencia del país, otros muchos tuvieron serios problemas de salud mental.
Edgar Allan Poe (1809-1849) introduce el relato gótico, caracterizado por una atmósfera de suspense y misterio en sus cuentos como El corazón delator donde combina estos elementos con el terror psicológico. Cumbres borrascosas, de Emily Brontè (1818-1848) representa un clásico de la literatura inglesa, en la que el amor se mezcla con venganza en un medio natural hostil.

En cuanto a la música, afirmaría que esta disciplina es la que mejor canaliza los sentimientos románticos. Compositores como Ludwig van Beethoven (1770-1827), puente entre clasicismo y romanticismo, Schubert, Robert Schumann (1810-1856), o Frederick Chopin, supieron reflejar magistralmente este espíritu romántico, sus dramas personales o la melancolía que inunda el alma. Autores como Giuseppe Verdi (1813-1901) realza con la ópera el sentimiento nacional o Richard Wagner (1813-1883) que en sus cuatro óperas épicas que componen El anillo del nibelungo fusiona drama, mitología y música, creando una verdadera obra maestra.
Se produjeron avances significativos en el campo de la ciencia durante este periodo, lo que se vio enriquecido por expediciones culturales y científicas por todo el mundo, la concepción religiosa que se tenía del ser humano perdió influencia frente al desarrollo de la técnica.
En cuanto al arte, los artistas dan rienda suelta a la expresión de sus emociones y a la pasión. Los pintores y escultores románticos recogen la visión interior, los sentimientos, la fuerza y la expresión de las emociones.

En cuanto a la pintura, artistas como Caspar David Friedrick (1774-1840) o William Turner (1775-1851) supieron capturar la esencia sublime de la naturaleza. La obra El caminante sobre el mar de nubes, pintada en 1818 nos muestra a un hombre solitario contemplando un paisaje montañoso entre neblina que simboliza el alma humana sobre lo infinito; la figura, de espaldas al espectador, nos sumerge en una introspección emocional, el personaje contempla la belleza de la naturaleza y la admira desde la espiritualidad.
Turner, por su parte, causó una revolución en el concepto del paisaje con la utilización del color y la plasmación de la luz. En su obra Barco de esclavos el pintor denuncia un desgraciado hecho que ocurrió en 1781 en un barco que transportaba esclavos hasta Jamaica en el que murieron asesinados ciento cuarenta y dos hombres, muchos de ellos arrojados al mar; este suceso provocó una enorme consternación entre la población y Turner quiso denunciarlo con su obra.

El cuadro representa la barbarie con el barco alejándose y la escena en la que los arrojados al mar intentan salvarse en medio de una tempestad; la luz y la mezcla de tonalidades crea una atmósfera extraordinaria que nos sumerge en el cuadro.
La técnica pictórica del neoclasicismo cambia completamente en este nuevo movimiento artístico, las pinceladas sueltas, la atención al impacto o la atmósfera creada en la composición constituirán un adelanto a movimientos pictóricos posteriores como el Impresionismo.
En España, los pintores Eugenio Lucas Velázquez (1817-1870), gran admirador y discípulo de Goya, Jenaro Pérez Villaamil (1807-1854), gran paisajista, o Leonardo Alenza y Nieto (1807-1845) entre otros, supieron captar el espíritu apasionado, dramático y a veces trágico, característico de este periodo romántico.
El retrato romántico destaca por la genialidad de plasmar no solo las características físicas, sino la esencia del personaje como se aprecia en los magníficos retratos de pintores como Federico de Madrazo (1815-1894), en el magnífico Retrato de La Condesa de Vilches o Vicente López (1772-1850) que retrató al escritor Mariano José de Larra.

El Romanticismo se asocia a las revoluciones que fueron protagonistas en la sociedad del siglo XIX. La Revolución Francesa (1789), marcó el inicio de este espíritu reivindicativo con los ideales de libertad, igualdad y fraternidad. Pintores como Eugène Delacroix (1798-1863) supo plasmar este fervor en su obra La libertad guiando al pueblo en la que aparece una figura femenina, semidesnuda y armada, alegoría de la libertad, liderando al pueblo y simbolizando el triunfo de este sobre la tiranía.
Théodore Géricault representa un hecho histórico en su obra La balsa de la Medusa. La fragata francesa del mismo nombre que tras naufragar y no habiendo botes de salvamento para todos, se construyó una gran balsa para salvar a casi ciento cincuenta personas; tras trece días de penosa aventura tan solo pudieron salvarse quince de ellos. Es una obra emblemática del romanticismo, donde se hace patente el dramatismo, la tragedia y la fuerte expresividad que identifica a esta corriente artística.

El Romanticismo nutrió las revoluciones de 1848, conocidas como la “Primavera de los pueblos” donde el nacionalismo romántico provocó levantamientos en Europa del Este y Central.
Por otra parte, la Revolución Industrial originó un romanticismo crítico que plasmó el pintor y poeta inglés William Blake (1757-1827) haciendo alusión en sus poemas a las condiciones precarias de las fábricas inglesas.
En definitiva, el Romanticismo proporcionó el lenguaje emocional a las revoluciones y estas inspiraron a los artistas que plasmarían para siempre el cambio que se estaba produciendo en la sociedad, ambos movimientos se retroalimentaron, la creatividad y la política se entrelazaron.

La escultura, a diferencia de la placidez y serenidad características del Neoclasicismo, se manifiesta con dinamismo y expresividad como en La Marsellesa del Arco del Triunfo de París donde las figuras muestran la pasión y el patriotismo en un contexto revolucionario.
El arte romántico es subjetivo, emocional y transformador en el que, a partir de la pasión, el conflicto o la dificultad surge la belleza.
El movimiento romántico, con su espíritu de rebelión, su amor por la naturaleza y su sensibilidad, a través de la música, el arte o la literatura nos dejó un legado que nos recuerda el valor, a veces, de lo irracional, ese espíritu soñador que nos invita a sentir antes que a pensar, y es que cada uno tiene dentro de si su propio romanticismo por descubrir en un mundo cada vez más racional y digitalizado.
Quien no ha escuchado alguna vez los susurros del corazón que sutilmente nos habla, pero no lo atendemos, lo hace para no sufrir, sin embargo, nos domina la razón y más adelante… lo entendemos todo. Aprendamos, nunca es tarde.
Málaga, 2025
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