Origen del Filioque. por José Crespo

Origen del Filioque.

«La práctica por parte de nuestros hermanos católicos orientales de recitar el Credo sin el Filioque se debe a que es la tradición de estas iglesias»

Hemos escuchado que el Papa León rezó el Credo en Constantinopla ‘sin la cláusula filioque’… y eso qué quiere decir. Su Santidad el Papa León XIV participó en el rezo con el patriarca ecuménico Bartolomé, patriarca de Constantinopla y líder espiritual del mundo ortodoxo.

El Pontífice rezó el Credo junto al patriarca Bartolomé en el escenario en el que tuvo lugar el primer concilio de Nicea hace 1700 años: “El deseo de plena comunión entre todos los creyentes en Jesucristo va siempre acompañado de la búsqueda de la fraternidad entre todos los seres humanos”, dijo el Papa. Todo ocurrió teniendo como testigo el sitio arqueológico de la basílica de San Neófito.

El III Concilio de Toledo (589) es donde la cláusula «Filioque» («y del Hijo») se introdujo por primera vez de forma sistemática en el Credo niceno-constantinopolitano en el cristianismo occidental. Este concilio marcó la abjuración del arrianismo por parte de los visigodos, su conversión al catolicismo y la codificación de esta adición para expresar que el Espíritu Santo procede tanto del Padre como del Hijo, no solo del Padre.

Este Concilio de Toledo significó el hito histórico clave por el que el rey visigodo Recaredo y su nobleza abandonaron definitivamente el arrianismo para convertirse oficialmente al cristianismo, la Fe de los hispanorromanos. Esta conversión unió religiosamente el reino visigodo, fortaleciendo la alianza entre la monarquía y la Iglesia, y con ello sentó un precedente para la futura unidad religiosa y política de Hispania y su gestación durante la Reconquista sobre su base romana.

En 1054, el islam en Europa se encontraba principalmente en la península ibérica y en Sicilia, y en algunas zonas del este, como Asia Menor donde caminaba hacia Bizancio, tierras eslavas y hacia la India, aunque muchas de estas áreas estaban bajo o mantenían influencia cristiana. El Islam no estuvo directamente relacionado con el cisma, ya que este evento fue una ruptura interna del cristianismo, pero fue su oportunidad al tener un enemigo dividido, sin embargo, el impacto del Cisma y el surgimiento de las Cruzadas posteriores afectaron las relaciones entre los reinos cristianos y las comunidades musulmanas que supieron sacar tajada de la división entre los reinos cristianos europeos.

El «Filioque» es la cláusula teológica que significa «y del Hijo» y que se añadió al Credo Niceno-Constantinopolitano en la versión latina de la Iglesia Occidental. Esta adición afirma que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, lo que fue causa de controversia histórica con la Iglesia Ortodoxa Oriental, la cual sostiene que el Espíritu Santo procede sólo del Padre, según el texto original griego del Credo. El Credo original, formulado en el Concilio de Constantinopla en el año 381, indica exclusivamente que el Espíritu Santo «procede del Padre».

Las iglesias ortodoxas orientales rechazan la cláusula Filioque porque creen que altera el equilibrio de la Trinidad, sugiriendo dos fuentes de origen para el Espíritu Santo y, por lo tanto, subordinando al Espíritu al Padre. Por su parte la Iglesia Católica ve la cláusula como una clarificación que no introduce dos principios de procesión, sino que enfatiza que la procesión del Espíritu Santo es a través del Padre y del Hijo como un solo principio. De hecho, las iglesias católicas orientales, en plena comunión con Roma, generalmente recitan el Credo sin la cláusula Filioque, es decir, manteniendo la versión original que dice que el Espíritu Santo procede del Padre. Esta es una práctica aceptada y se reconoce que el Credo sin Filioque es la forma normativa del Credo para toda la Iglesia Católica.

Icono de la Santísima Trinidad en el Monasterio de Vatopedi del Monte Athos.

La Iglesia Católica reconoce como correctas varias formas de expresar la procedencia del Espíritu Santo, incluyendo la versión original (del Padre), la versión latina (Filioque, del Padre y del Hijo) y la expresión «del Padre por medio del Hijo» (aceptada en el Concilio de Florencia). La práctica por parte de nuestros hermanos católicos orientales de recitar el Credo sin el Filioque se debe a que es la tradición de estas iglesias y no una aceptación de que la versión occidental es incorrecta.

Antes de 1054, la Iglesia cristiana estaba organizada en cinco patriarcados principales, conocidos como la pentarquía: Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén. Estos patriarcados eran los principales centros de la Cristiandad, aunque Roma tenía un rol de liderazgo honorífico (primus inter pares o «el primero entre iguales») antes del Gran Cisma.

La ruptura definitiva entre Roma y la Iglesia de Oriente, conocida como el Gran Cisma, se produjo en 1054. Sin embargo, las diferencias teológicas y políticas que llevaron a esta separación se venían acumulando desde siglos antes, con la ruptura de Focio en el siglo IX como un precedente importante. La ruptura se formalizó con la excomunión mutua entre el legado papal, Humberto de Silva Candida, y el patriarca de Constantinopla, Miguel I Cerulario, en julio de 1054. En ese momento el Imperio Romano de Occidente ya había desaparecido, mientras que el Imperio de Oriente, Bizancio, se consolidaba como un poder independiente. Con el surgimiento de nuevos estados en Europa Occidental, el poder del Papa se fortaleció como gran árbitro político en esa región, aumentando la tensión con el Oriente. Para tratar de estudiar la ruptura hay que observar la lucha de poder entre el Papado de Roma y el Patriarcado de Constantinopla, también debemos considerar las diferencias culturales y sobre todo políticas entre los reinos de Europa occidental y el Imperio Bizantino que sería abandonado a su suerte frente al imperio turco con la caída de Constantinopla el 29 de mayo de 1453.

A lo largo de los siglos, existe y ha habido diálogo entre las iglesias para superar esta diferencia. En los últimos años, se han dado pasos para un entendimiento mutuo, e incluso se ha sugerido que el Filioque no sea un obstáculo insuperable para la unión.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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